António José Seguro, antiguo líder del Partido Socialista retirado de la política en los últimos diez años, venció en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Portugal celebradas este domingo. El socialista quedó en primer lugar con el 31,2% de los votos. Ha sido una victoria contra todo pronóstico y casi contra todos. Seguro, un político comedido y sin gran apoyo inicial en su propio partido, tendrá que enfrentarse en la segunda vuelta el 8 de febrero contra el candidato de la ultraderecha, André Ventura, que logró el 23,2%.

Ambos fueron los más votados este domingo entre los 11 candidatos que se postulaban para suceder a Marcelo Rebelo de Sousa en la jefatura del Estado, pero ninguno superó el 50% necesario para evitar una segunda ronda.

Los portugueses tendrán que elegir entonces si quieren al frente del Estado a un político de un partido nuevo con un discurso radical contra las minorías o los inmigrantes o un moderado de centroizquierda. La carrera más disputada e imprevisible de los últimos 50 años comienza a clarificarse, aunque ahora se abren incógnitas como el apoyo que darán los candidatos derrotados de la derecha.

En su primera intervención tras la votación, António José Seguro invitó a todos los demócratas a sumarse a su proyecto para “derrotar el extremismo y a quién siembra odio” e insistió en que encabeza una candidatura plural. Solo citó en una ocasión a su adversario: “Entre André Ventura y yo hay un océano de distancia”. Mientras que Seguro plantea la segunda vuelta como un duelo entre democracia y extremismo, Ventura la presenta como una confrontación como “una lucha del espacio socialista contra el espacio no socialista”. En su discurso, el líder de Chega culpó al socialismo de la degradación del país y retó a los restantes partidos de la derecha a darle su apoyo. “Ahora veremos la fibra de la IL y el PSD”, afirmó. Es la primera vez que un candidato que no pertenece a uno de los partidos fundadores de la democracia tiene opciones de alcanzar la jefatura del Estado.

El gran perdedor de la primera vuelta ha sido Luís Marques Mendes, antiguo líder del Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha), relegado a la quinta posición con el 11,3% de los votos, por detrás incluso del liberal João Cotrim de Figueiredo (16%) y Henrique Gouveia e Melo (12,4%), un almirante en la reserva que se presentaba al margen de los partidos aupado por su popularidad como responsable de la vacunación en pandemia.

El fracaso de Marques Mendes es también una derrota personal del primer ministro, Luís Montenegro, que le había apoyado incondicionalmente y que ahora tendrá en el Parlamento a un Ventura más fortalecido. En su discurso, Marques Mendes asumió “la responsabilidad total” por el resultado y dio libertad a sus votantes para pronunciarse en la segunda vuelta. Montenegro, por su parte, atribuyó a la fragmentación de la derecha el mal resultado del PSD y aseguró que no dará “indicaciones” a su militancia para decantarse entre Seguro y Ventura. “No estamos satisfechos, pero aceptamos una elección legítima, libre y democrática”, afirmó.

Ninguna encuesta anticipó en campaña el resultado del socialista, aunque sí habían reflejado su mejoría en los últimos días. El resultado es una de las pocas alegrías del Partido Socialista en los últimos tiempos, tras la debacle que vivieron en las elecciones legislativas de 2025, cuando fueron superados por Chega. Los candidatos derrotados este domingo con proyectos de izquierdas como Catarina Martins, exlíder del Bloco de Esquerda, o Jorge Pinto, de Livre, ya han animado a sus votantes a apoyar a Seguro en la segunda ronda para frenar a la ultraderecha.

Ventura y José Seguro son el yin y el yang. Por su antagonismo ideológico y por sus personalidad. Ventura, que se curtió en un partido tradicional del centroderecha como el PSD, intuyó que los tiempos estaban cambiando y que había espacio para una formación extremista como Chega, fundada en 2019. Es brillante, intuitivo, carismático y oportunista. Si tiene que mover las líneas maestras del partido para enganchar con el electorado, lo hace. Si tiene que falsear datos, también.

Ni una cosa ni otra le pasan factura entre unos votantes que le ven como una promesa para mejorar sus vidas o como el único que puede hacer Portugal grande de nuevo. Pero esa suma de resentidos y nostálgicos por sí sola no justifica que en cada elección Ventura ensanche su electorado. Además de atraer a votantes abstencionistas y decepcionados con la política, es probable que en estas elecciones haya recibido respaldo de simpatizantes del centro derecha disgustados con la candidatura de Marques Mendes.

Seguro, un político discreto y conciliador, es la historia de un retorno no anunciado. Dejó la política hace una década después de perder en unas primarias contra António Costa, que acabaría siendo líder del Partido Socialista y primer ministro de Portugal entre 2015 y 2024. Pocos correligionarios apostaban por él en esta carrera y retrasaron el cierre de filas a su alrededor hasta comprobar que Seguro no desistiría y que tampoco ningún otro socialista estaba dispuesto a dar el paso. Partía de muy bajas expectativas y ha ido ganando terreno conforme sus rivales cometían errores.

La noche fue amarga para Henrique Gouveia e Melo, que pareció el favorito hace meses y que ha ido perdiendo parte de la popularidad que conquistó como responsable de la vacunación en pandemia conforme se bregaba en el barro de la política. Gouveia e Melo quedó en cuarto lugar, por detrás incluso del João Cotrim de Figueiredo (Iniciativa Liberal), que protagonizó la subida más fulgurante de la campaña. Gouveia e Melo rehusó pronunciarse sobre a quién apoyará en la segunda vuelta. “Es todavía prematuro”, dijo en su comparecencia en Lisboa.

El liberal Cotrim de Figueiredo logró sus mejores resultados en las principales ciudades (Lisboa, Oporto y Cascais), donde superó a André Ventura. Ambos representan nuevos proyectos políticos que crecen con la promesa de romper con lo establecido y que tienen gran tirón entre los jóvenes. Ventura cuestiona con frecuencia “el régimen de abril”, en referencia a la democracia surgida de la Revolución de los Claveles, mientras que Iniciativa Liberal aboga por una jibarización del Estado aunque su oratoria sea menos incendiaria que la de Chega.

Esa imagen más conciliadora que tenía Cotrim se quebró en parte en esta campaña, cuando confesó que apoyaría a Ventura en una hipotética segunda vuelta contra el socialista Seguro. “No sé dónde tenía la cabeza”, rectificó después. A pesar de no lograr estar en la segunda vuelta, ha obtenido un resultado histórico para los liberales y no parece que haya sido penalizado por la divulgación de una denuncia por acoso sexual, negada tanto por él como por su partido. En su intervención tras conocer los resultados, culpó al primer ministro de cometer “un error estratégico” que podría permitir que el próximo presidente fuese un socialista y renunció a orientar el voto de sus seguidores para la segunda ronda.

Portugal es una república semipresidencialista, que trata de equilibrar los poderes entre la Asamblea de la República (el Parlamento unicameral), el Gobierno y el presidente de la República, dueño de un papel que va más allá del institucional. Puede disolver la Asamblea, destituir al Gobierno, vetar leyes, fijar la fecha de todas las elecciones o indultar presos, además de ser el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Su intervención en política puede ser decisiva, como ha ocurrido en el segundo mandato de Marcelo Rebelo de Sousa, que disolvió el Parlamento en tres ocasiones y convocó elecciones legislativas anticipadas.

source

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *