Dinamarca no ha querido desaprovechar la ventana de oportunidad abierta con el principio de acuerdo cerrado en Davos para frenar las pretensiones anexionistas del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre Groenlandia. Apenas unas horas después de recibir el respaldo “inequívoco” de los líderes de la UE a la integridad territorial y soberanía de Dinamarca y la isla ártica durante una cumbre de emergencia en Bruselas, Copenhague anunciaba este viernes el inicio del diálogo bilateral con Washington.
Mientras, la primera ministra, Mette Frederiksen, se reunía en la capital belga con el arquitecto del acuerdo aún muy impreciso, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, antes de acabar la jornada en Nuuk para informar de sus gestiones al primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, y manifestarle su apoyo “en un momento muy difícil”.
Porque a pesar del alivio generalizado de la UE y de la propia Frederiksen por un principio de acuerdo que, por lo menos, ha paralizado la amenaza arancelaria y militar de Trump, nadie en Europa baja la guardia. Mucho menos Copenhague. “La situación es grave”, reconoció la socialdemócrata en Nuuk tras su encuentro a puerta cerrada con Rutte.
El jefe de la Alianza Atlántica la mantuvo informada por teléfono de todas sus gestiones en la ciudad suiza. Pero el del viernes fue el primer cara a cara de Frederiksen con el ex primer ministro holandés. Rutte es uno de los pocos líderes europeos que logra ser escuchado por Trump y el todavía muy opaco principio de acuerdo ha frenado, de momento, una de las mayores crisis transatlánticas en el año que el republicano lleva de nuevo en la Casa Blanca (y eso que no son pocas las tensiones que van en estos 12 meses).
“Estamos trabajando juntos para garantizar la seguridad de toda la OTAN y aprovecharemos nuestra cooperación para mejorar la disuasión y la defensa en el Ártico”, dijo Rutte en un escueto mensaje en X tras la reunión.
Good to see 🇩🇰 PM Mette Frederiksen @Statsmin this morning in Brussels. We’re working together to ensure that the whole of NATO is safe & secure and will build on our cooperation to enhance deterrence & defence in the Arctic. Denmark continues to make robust contributions to our… pic.twitter.com/YQrd8JXxh9
— Mark Rutte (@SecGenNATO) January 23, 2026
Casi al mismo tiempo, el Comando de Defensa danés anunciaba en un comunicado que las maniobras militares en Groenlandia para reforzar la seguridad y la presencia militar en la isla continuarán todo 2026 con el apoyo de los países aliados de la OTAN cuya presencia había desatado la ira arancelaria de Trump.
Y el ministro de Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, adelantaba que Dinamarca y EE UU también han iniciado ya los contactos bilaterales preliminares para discutir la seguridad en Groenlandia, informa Efe.
“Sin entrar en detalles, puedo decir que ayer [jueves] hubo un encuentro en Washington donde se confirmó de nuevo que eso es lo que vamos a hacer y se ha establecido un plan sobre cómo hacerlo”, explicó el jefe de la diplomacia danesa, que ya realizó la semana pasada una visita a la Casa Blanca.
Desde que Trump anunció el acuerdo sobre Groenlandia tras su reunión con Rutte en el Foro Económico de Davos, las informaciones y rumores sobre lo que contiene un pacto que por ahora nadie dice haber visto —así lo reconocían el jueves en Bruselas diversas fuentes diplomáticas y lo ha repetido este viernes el ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot— se han multiplicado.
Medios como The New York Times aseguran que en la propuesta de acuerdo relativa a las bases estadounidenses se ha hablado de la posibilidad de adaptar el modelo chipriota, por el que Reino Unido tiene dos áreas bajo su jurisdicción, las denominadas zonas de soberanía. Tanto Rutte como la propia Frederiksen se han negado a confirmar nada.
La danesa insistía no obstante, ante una pregunta directa al respecto el jueves en Bruselas, que la “línea roja” de Copenhague sigue siendo la soberanía y la integridad territorial de Groenlandia. Desde Nuuk, también el primer ministro Nielsen, que reconocía no conocer el acuerdo, descartaba más abiertamente esa posibilidad: “Estamos dispuestos a discutir muchas cosas y a negociar otras, pero la soberanía es una línea roja”, dijo en rueda de prensa.

Esa posición ha recibido en Bruselas el respaldo decidido de los Veintisiete. “Dinamarca y Groenlandia cuentan con el pleno apoyo de la Unión Europea. Solo el Reino de Dinamarca y Groenlandia pueden decidir sobre los asuntos que les conciernen”, proclamó el presidente del Consejo Europeo, António Costa, tras la cumbre extraordinaria europea.
La OTAN se ha limitado a asegurar que Rutte “no propuso ningún compromiso en materia de soberanía durante su reunión con el presidente [Trump] en Davos”. Pero sigue rechazando hacer público el contenido concreto de lo que se ha negociado.
Silencio estratégico
El silencio oficial no es casual. Esa ha sido la táctica de Rutte, pese a las renovadas críticas por su actitud casi servil ante Trump, desde que estalló la crisis de Groenlandia. “Pueden estar seguros de que estoy trabajando en esta cuestión entre bastidores, aunque no pueda hacerlo en público”, dijo en Davos antes de conocerse el acuerdo.
El jefe de la diplomacia danesa ha confirmado que también esa es la línea de Copenhague en esta etapa negociadora que se abre ahora. “No comunicaremos cuándo se realizan esas reuniones porque es necesario eliminar el drama de todo esto. Debemos evitar las noticias de última hora y tener un proceso tranquilo. Ya está en marcha, pero no puedo decir cuánto va a durar”, advirtió Rasmussen.
Lo que sí está confirmado, por el propio Trump, es que gracias a este principio de acuerdo Estados Unidos retira su amenaza militar y la arancelaria. Algo que ha aliviado a una UE que sacó pecho en su cita en Bruselas por su rápida respuesta “unida y firme” ante Washington, que considera parte clave de la marcha atrás del estadounidense en sus presiones sobre Groenlandia.

Dinamarca ha señalado que el acuerdo abre dos vías de acción. La primera, política, entre Estados Unidos y la propia Dinamarca con Groenlandia. Esta es la que, según Rasmussen, ya está en marcha y se centrará en la renegociación del tratado de defensa bilateral vigente desde 1951, que permite la presencia de bases militares estadounidenses en la isla. Los detalles de qué cambiará, especialmente en materia de soberanía, siguen sin ser desarrollados.
Trump también ha indicado —y Copenhague no lo ha desmentido— que en este acuerdo reformulado deberá incluirse específicamente una cláusula sobre la Cúpula Dorada, el gigantesco escudo antimisiles que Washington quiere establecer, inspirado en el que tiene Israel.
Según diversos medios, Washington quiere negociar además un “derecho de participación” de EE UU en el control de las inversiones en Groenlandia, que permitiría a Washington ejercer un veto de facto si países no pertenecientes a la OTAN —es decir, China o Rusia— intentan extraer materias primas o comprar infraestructuras en Groenlandia. Trump ya había adelantado que el acuerdo incluirá derechos sobre minerales de tierras raras en la isla.
Rasmussen ha insistido, no obstante, en que el acuerdo está aún muy lejos de estar cerrado. “Creo que en lo que hay que fijarse es en que después de la reunión con el secretario general de la OTAN lo que hay es un marco para un acuerdo futuro. Eso fue traducido rápidamente a un ‘acuerdo marco’, y luego a un ‘vamos a ver ese acuerdo’, ‘quién ha negociado sin que estuviéramos allí’ y cosas así”, ha señalado.
Más inversiones

La segunda vía de negociación está centrada en la seguridad del Ártico y se realizará a través de la OTAN, tal y como ratificaba el viernes Rutte. La UE se ha mostrado dispuesta a arrimar el hombro y redoblar esfuerzos en una zona en la que, como admitió la pasada noche la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no se han hecho esfuerzos suficientes hasta ahora.
“Hemos invertido colectivamente muy poco en el Ártico y en la seguridad del Ártico”, reconoció la alemana, quien en los últimos días ha adelantado que se trabaja ya en un “paquete para apoyar la seguridad” en la zona que contendrá fuertes inversiones europeas. Frederiksen, por su parte, recordó que Dinamarca ya ha pedido formalmente “una presencia permanente de la OTAN en la región ártica, incluida Groenlandia”. La Alianza, agregaba tras su encuentro con Rutte, “debe aumentar su compromiso con el Ártico. La defensa y la seguridad del Ártico son asuntos que conciernen a toda la Alianza”.
