El primer ministro de Albania, Edi Rama, sabe cómo atraer la atención sobre su país. Este antiguo jugador de baloncesto de la selección nacional (mide 1,98 metros) presentó el pasado septiembre a Diella, una ministra virtual encargada de contratación pública. El dirigente del Partido Socialista albanés, que lleva más de 12 años en el cargo y afronta su cuarto mandato, venció en las elecciones de 2025 con la promesa de que lograría la plena adhesión de Albania a la UE en 2030. Para alcanzar esa meta es preciso combatir la corrupción, una de las grandes exigencias de Bruselas a este país de 2,3 millones de habitantes que hace cuatro años comenzó formalmente las negociaciones de adhesión a la UE. Rama advirtió:

—No estamos delegando [en Diella] la responsabilidad de gobernar o de tomar decisiones finales. Le damos la responsabilidad de hacer lo que hace mejor que nosotros: procesar datos rápidamente y darnos respuestas muy veloces. (…) Las licitaciones públicas serán 100% libres de corrupción.

La oposición, liderada por figuras del Partido Democrático, preguntó a los miembros del Partido Socialista en el Gobierno: “¿A quién arrestará la policía si esta ministra comete un error o facilita un fraude? ¿Al programador?”. Diella, cuyo nombre significa Sol en albanés, respondió a algunas críticas desde su pantalla en el Parlamento:

—A diferencia de los humanos, yo no tengo parientes que favorecer, ni amigos a quienes otorgar contratos, ni emociones que nublen mi juicio sobre los datos públicos. Mi lealtad es matemática.

Rama, de 61 años, esgrimió: “La tecnología no tiene amigos, no acepta cafés y no teme a las represalias”. Defendió que el algoritmo vencerá al “nepotismo estructural” del país. “Somos un país de primos”, ha repetido. “No es fácil tener interacciones completamente justas y transparentes en un país de primos, donde todos conocen a alguien”, añadió el pasado enero en The New York Times.

Los medios internacionales se hicieron eco del nombramiento de la ministra Diella. Pero muchos albaneses expresaron su desconfianza. Entre ellos, Jorida Tabaku, diputada del Partido Democrático y presidenta de la Comisión de Asuntos de la UE. “Si el sistema que despliega estas herramientas carece de integridad, la IA corre el riesgo de convertirse en una caja negra que centraliza el poder en lugar de sacar a la luz los abusos”, asegura por correo electrónico.

Apenas dos meses después de incorporar al Gabinete a Diella, la Fiscalía Especial contra la Corrupción y el Crimen Organizado (SPAK) solicitó la suspensión de funciones de una figura clave del Gobierno de Rama: la vice primera ministra Belinda Balluku. La Fiscalía la acusó del delito de “violación de la igualdad en licitaciones públicas”. El caso fue a parar al Tribunal Constitucional, que el pasado 6 de febrero la inhabilitó para ejercer sus funciones. Rama criticó la sentencia y se niega a que el Parlamento levante la inmunidad de su mano derecha, que es titular de Infraestructuras y Energía.

Mientras tanto, el escepticismo de los albaneses ante la ayuda de la inteligencia artificial fue transformándose en indignación cuando la SPAK puso bajo arresto domiciliario a las diseñadoras de Diella: Mirlinda Karçanaj, la directora de la Agencia Nacional de la Sociedad de la Información (AKSHI) —el organismo que gestiona la infraestructura digital del Estado— y a su número dos, Hava Delibashi. También fueron procesadas otras seis personas, entre ellas un subdirector de policía y tres empresarios, todos ellos encausados por corrupción. El caso por el que se les investiga incluye acusaciones que van desde el amaño de concursos públicos hasta el secuestro e intimidación del empresario tecnológico Gerond Meçe para obligarlo a retirarse de un concurso público de contratación.

En ese contexto, el pasado 24 de enero, varios partidos de la oposición convocaron protestas que derivaron en el lanzamiento de cócteles molotov contra la sede del primer ministro. Las manifestaciones, abanderadas por el Partido Democrático, continuaron el 10 y 11 de febrero, frente a la oficina de Rama, reclamando su dimisión. Al mismo tiempo, la actriz Anila Bisha, cuyo físico y voz sirvieron de base para diseñar el avatar, ha demandado al Gobierno por el uso no autorizado de su imagen.

“Pura propaganda”

Gazment Bardhi, jefe del grupo parlamentario del Partido Democrático, califica por teléfono a la ministra virtual como “pura propaganda”. “Quienes crearon a Diella están acusados oficialmente de corrupción, secuestro y vulneración de la igualdad en licitaciones. ¿De verdad pretendían combatir la corrupción?, asegura. SPAK ha imputado a la vice primera ministra por 11 licitaciones valoradas en 1.100 millones. En un gobierno corrupto no hay algoritmo capaz de resolver el problema”, sostiene.

La desconfianza ante las buenas intenciones del Gobierno va más allá de los partidos de la oposición. Azmer Duleviç, ingeniero y activista independiente, acudió a las protestas de enero con un cartel que decía: “La cabeza del pescado está podrida: la corrupción empieza arriba”. Añade desde Tirana: “La IA no es ninguna panacea. Su credibilidad depende de datos limpios, una supervisión imparcial y una auténtica voluntad política”.

Este periódico ha intentado recabar la versión del Gobierno de Rama, pero no ha obtenido respuesta.

Andi Hoxhaj, experto en derecho especializado en los Balcanes Occidentales del King’s College de Londres, recuerda que Diella tiene como objetivo detectar y prevenir irregularidades entre las empresas que participan en licitaciones públicas y determinar si cumplen los requisitos para presentarse a un concurso. “Esta debe ser la perspectiva desde la cual se efectúe cualquier evaluación”, advierte Hoxhaj. El profesor subraya que “es demasiado pronto para hacer una evaluación adecuada de Diella”. “Ni siquiera ha transcurrido un año”.

Hoxhaj aclara que es SPAK la institución encargada de investigar los casos de corrupción de alto nivel desde 2019 y es la que lidera esa lucha. Añade que este organismo ha sido fundamental en la lucha contra la corrupción de alto nivel desde su creación, inspirado en las fiscalías especiales anticorrupción de Croacia y Rumania. No obstante, el experto subraya que el Gobierno “debe desplegar más políticas anticorrupción para garantizar que existan medidas preventivas efectivas”.

Por su parte, Rovena Sulstarova, gestora del Programa de Gobernanza en Albania del Instituto para la Democracia y la Mediación (IDM), considera que el balance del uso de la inteligencia artificial en la lucha contra la corrupción es, por ahora, “mixto”. A su juicio, la IA puede reforzar la transparencia y limitar las oportunidades de abuso. Pero advierte que no constituye por sí sola una solución. “No hay que sobreestimarla”.

El intelectual y escritor Fatos Lubonja, de 74 años, se muestra muy descreído sobre las intenciones de Rama, incluso de la UE. Lubonja sufrió 17 años de prisión bajo la dictadura comunista de Enver Hoxha (1944-1985). Hoy, mediante videoconferencia desde Tirana, explica que Rama es como una silla sostenida por cuatro patas. “Una son los oligarcas, toda la gente rica que lo rodea. Otra son los medios que poseen o financian. La tercera es el crimen organizado. Y la cuarta es el apoyo internacional, especialmente el de Europa Occidental y EE UU”.

El escritor explica que Albania siempre basó su relación con los distintos imperios en dos factores: el vasallaje y su condición periférica. “Los vasallos necesitaban legitimación del centro del imperio. A cambio, el centro cerraba un ojo ante lo que se hacía aquí. Funcionó así con el imperio otomano, con el austrohúngaro, con la Unión Soviética… Y ahora con la UE y EE UU. Rama necesita esa legitimación de Occidente. Y ha sabido dar a Occidente lo que quiere, como el acuerdo con Giorgia Meloni sobre migrantes, por el que acoge en campos de internamiento a los refugiados que envía el Gobierno italiano”.

Lubonja cree que a los embajadores de la UE en Albania no se les escapa la realidad del país. “Yo he hablado con el alemán, el holandés, el polaco… Es verdad que están muy preocupados por el crimen organizado y que apoyan a la SPAK. Pero Albania es complicada. Y Rama sabe jugar a dos bandas”. Lubonja cree que en la mirada europea hay cierto punto de superioridad respecto a Albania. “En el fondo, en Bruselas piensan que no nos merecemos una democracia, y que necesitamos una especie de príncipe como el saudí Mohamed bin Salmán. Es más fácil para ellos tratar con alguien así”.

Finalmente, la limpieza en las altas esferas dependerá de la voluntad humana. El escritor Lubonja concluye: “No creo que SPAK por sí solo pueda cambiar el país. No se puede reformar solo la justicia cuando la política, la economía y el crimen organizado van en dirección opuesta. Y Rama no tiene buena fe”.

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