Irán ha puesto en jaque a los mercados energéticos al encender el ventilador del caos, al tiempo que sigue respondiendo a las arremetidas de Israel y Estados Unidos a pesar de su palmaria inferioridad militar. Casi dos semanas después del inicio de la ofensiva militar de EE UU e Israel, el 28 de febrero, varios ataques atribuidos a Irán han alcanzado ya seis barcos en el golfo Pérsico; este mismo jueves, dos en el puerto iraquí de Basora y un buque portacontenedores en aguas de Emiratos Árabes Unidos. Esos tres barcos se suman a los tres cargueros atacados el miércoles. Esta escalada ha sucedido el mismo día en que se ha divulgado el primer mensaje del nuevo líder supremo iraní desde su designación el pasado domingo. Mojtaba Jameneí ha llamado a vengar a los “mártires” (las víctimas de la guerra) y asegurado que el cierre del estrecho de Ormuz debe continuar “como una herramienta para presionar al enemigo”.

El discurso del nuevo mandatario, de 56 años, ha sido desafiante y su tono el del cierre de filas. El mensaje no lo ha transmitido él directamente ni los iraníes han visto ni oído al nuevo jefe de Estado en persona, ni siquiera en un vídeo. Una presentadora de la televisión oficial iraní ha leído sus palabras con una fotografía suya con la bandera tricolor del país como fondo. Esa circunstancia alimenta los rumores sobre su estado de salud que han circulado estos últimos días. Una fuente oficial iraní confirmó el miércoles a Reuters que el nuevo líder supremo resultó herido “levemente” en el bombardeo que acabó con su padre el primer día de la guerra.

Jameneí ha llamado a la unidad y proferido otras amenazas, como la de que su país atacará “todas las bases estadounidenses” en la región, que “deben ser cerradas inmediatamente”. El dirigente ha instado luego a los vecinos de Irán a que “aclaren” su postura sobre quienes ha definido como “los asesinos de nuestra gente”, en alusión a Estados Unidos e Israel. Ha mencionado, por ejemplo, el ataque atribuido a Washington contra una escuela de primaria en Minab, donde murieron 175 personas, la mayoría niñas de entre 7 y 12 años. También ha aludido al “martirio” de su padre, cuya memoria ha honrado.

Jameneí ha añadido luego que su país está estudiando “la apertura de otros frentes” de la guerra —no ha precisado cuáles— “en los que el enemigo tiene poca experiencia y será extremadamente vulnerable, y su activación se producirá si la guerra continúa”.

El mensaje del líder supremo ha confirmado que su país seguirá con la estrategia de extender en la región e incluso globalmente el caos y acompañar la guerra convencional con otra híbrida y comercial al interrumpir el tráfico por la vía marítima de Ormuz, por la que transita el 20% del petróleo mundial, entre otras materias primas.

Los nuevos ataques contra barcos de esta jornada han elevado de nuevo el coste del barril de crudo por encima de la barrera psicológica de los 100 dólares. Los primeros bombardeos habían forzado a Donald Trump, la víspera, a liberar 172 millones de barriles de reservas de ese hidrocarburo, el mismo día en que una treintena de países que forman parte de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) acordaron poner en los mercados unos 400 millones de barriles.

La respuesta iraní también ha disparado el coste de la guerra para Estados Unidos. Representantes del Pentágono declararon en una sesión a puerta cerrada a legisladores estadounidenses que los primeros seis días de la ofensiva han supuesto un gasto de 11.300 millones de dólares, más del doble de lo que habían calculado algunos expertos.

Basra, Iraq

El régimen iraní, además, ha respondido a los bombardeos “a gran escala” anunciados por Israel —se han reportado explosiones en Teherán, Isfahán (centro), Saqqez (Kurdistán iraní) y otras localidades— con nuevos ataques en territorio israelí y contra países vecinos de Oriente Próximo. Teherán se ha coordinado además con su aliado libanés, el partido-milicia chií Hezbolá, para lanzar un ataque inédito con 200 proyectiles, según los medios israelíes, contra el norte de Israel.

Varios drones han alcanzado un edificio y el aeropuerto internacional de Kuwait, un inmueble en Dubái, en Emiratos Árabes Unidos, así como tanques de combustible cerca de la capital de Baréin y Arabia Saudí. En las últimas 24 horas, la región autónoma del Kurdistán iraquí ha sido golpeada a su vez por 40 drones y misiles, según Rudaw, la principal televisión regional. Uno de esos proyectiles ha impactado en una base militar italiana en Erbil, en esa región iraquí, según ha informado el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, que se ha mostrado convencido de que el ataque fue “deliberado”.

Unas 2.000 personas han muerto ya en esta guerra, según datos oficiales de los distintos países implicados. De ellas, más de 1.200 (muchas civiles) en Irán, seguido por Líbano, con más de 600 muertos en ataques israelíes. La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) ha denunciado que, tras 13 días de conflicto, hay en Irán más de 3,2 millones de personas desplazadas internamente, un hecho que alimenta el temor de países vecinos como Turquía a una oleada masiva de refugiados.

Sin salida visible

La inestabilidad regional, el drama humano y la alteración de los mercados de la energía, así como la resistencia militar que está presentando el régimen iraní, chocan con las declaraciones del presidente de Estados Unidos. El miércoles, Donald Trump afirmó primero al portal Axios que la guerra terminaría “pronto” antes de afirmar haber “ganado” en ese conflicto, en una especie de mitin de precampaña que dio en Kentucky, con los ojos puestos en las cruciales elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos que se celebrarán en noviembre.

Este jueves, el mandatario ha vuelto por sus fueros y ha presumido de que la escalada en los precios del petróleo benefician a Estados Unidos, el primer país productor de la materia prima. “Cuando los precios suben, nosotros ganamos mucho dinero”, ha puntualizado, antes de subrayar que su interés es “impedir que un imperio maligno, Irán, tenga armas nucleares y destruya a Oriente Próximo y el mundo”.

El inquilino de la Casa Blanca, que a lo largo del año pasado buscó de casi todas las maneras obtener el premio Nobel de la Paz, asegura ahora que ese objetivo ya no le “interesa”, según ha afirmado en una entrevista concedida al Washington Examiner.

El cierre del estrecho de Ormuz complica notablemente los planes del republicno, advierte Michael Young, analista del centro de estudios Middle East Carnegie Center. “Aquellos que presionaron por esta guerra, en Jerusalén y Washington, están dándose cuenta de que se han metido en un lío importante”, recalca este experto en un mensaje difundido en X.

Israel

Si los hechos en el terreno no parecen ir parejos al triunfalismo de Trump, tampoco secundan su aparente entusiasmo los propios servicios de inteligencia estadounidense, que creen que el régimen iraní no se está tambaleando, a pesar de los 13 días que duran los bombardeos. Ni la muerte de Jameneí, ni las de otros jerarcas del régimen ni tampoco los numerosos blancos militares alcanzados han empujado de momento al abismo a la República Islámica.

Así lo indican una “multitud” de informes de inteligencia estadounidenses, citados este jueves por la agencia Reuters, que aseguran que el sistema político iraní no corre el riesgo de colapsar . Añaden que las autoridades iraníes “mantienen el control” sobre esa población a la que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el propio Trump han llamado a levantarse contra el régimen.

Tres objetivos

Además del propósito de derrocar al régimen, sobre el que Trump se ha contradicho varias veces -no así Israel- Washington definió tres grandes objetivos para la campaña militar. Sin embargo, según ha publicado este jueves el diario The New York Times, que cita a asesores de Trump, lo hizo sin prever que Teherán libraría una guerra económica cerrando el estrecho de Ormuz si el país era atacado, algo con lo que Irán había amenazado constantemente.

El primero de esos objetivos era desmantelar completamente el programa nuclear iraní que, por otra parte, el presidente de Estados Unidos había declarado ya “aniquilado” tras los 12 días de bombardeos de junio de 2025. Ello con la idea de impedir a Teherán desarrollar armas nucleares, un propósito que Irán siempre ha negado.

El segundo objetivo era acabar con la capacidad misilística iraní; y el tercero, enterrar definitivamente la red de alianzas de la República Islámica con milicias regionales de Oriente Próximo —especialmente, Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen—.

Ninguno de esos objetivos se ha alcanzado del todo por el momento.

Israel ha asegurado este jueves haber atacado las instalaciones nucleares de Taleqan, en el complejo de Parchin, a unos 30 kilómetros al sureste de Teherán. Imágenes por satélite reveladas por The War Zone muestran tres orificios en esas instalaciones, compatibles con los que causan las GBU-57, las bombas antibúnker que solo tiene Estados Unidos. Washington ya usó ese armamento durante los bombardeos de junio en otras instalaciones nucleares como Natanz, Isfahán y Fordow.

Israel y Estados Unidos “pueden destrozar las instalaciones, pero todo se puede reconstruir”, indica por mensajes de WhatsApp el analista militar Jesús Pérez Triana. La “voluntad y el conocimiento tecnológico” que atesoran cientos de científicos nucleares iraníes son “cuestiones intangibles que difícilmente se pueden eliminar con bombardeos”. Para este analista, ”la única forma de asegurarse de que Irán no logre la bomba atómica es un acuerdo internacional en el que haya inspecciones rigurosas” del programa nuclear.

Después de que Irán haya sido atacado por segunda vez mientras negociaba un acuerdo nuclear con Estados Unidos, los líderes iraníes podrían llegar a la conclusión de que la única forma de evitar nuevos bombardeos estadounidenses e israelíes es dotarse de armas atómicas.

Respecto a los misiles, los analistas creen que Estados Unidos y, sobre todo, Israel han degradado notablemente esa capacidad militar, pero no han acabado con ella. Irán sigue lanzando esos proyectiles, aunque en menor número, y también cientos de drones.

Menos se ha alcanzado aún el propósito de enterrar definitivamente el llamado Eje de la Resistencia, la red de alianzas regionales de Irán. Esta nueva contienda parece haber incluso reactivado esa colaboración, antes en horas bajas. Los medios israelíes han informado de que Irán y Hezbolá han disparado durante la noche del miércoles 200 cohetes contra el norte de Israel, en una inédita operación conjunta. En una nueva manifestación de que el incendio regional provocado por esta guerra no hace sino extenderse, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, ha amenazado este jueves con la toma por la fuerza de territorio libanés si Hezbolá continúa atacando su país.

En ese contexto, la República Islámica cuenta con una ventaja: sus objetivos son más modestos que los de Trump. Al régimen islámico “le basta con sobrevivir”, apunta desde Qatar Luciano Zaccara, profesor de la Georgetown University en ese país árabe. Estados Unidos e Israel, sin embargo, aspiran a alcanzar los objetivos citados para proclamar un triunfo total en esta guerra.

Ahora mismo, apunta también en X el exanalista para Irán de la inteligencia militar israelí Danny Citrinowizc, Israel y Estados Unidos solo tienen malas opciones ante sí. La primera opción es acabar con la guerra y dejar tras ella “un régimen más radicalizado” en Irán. A ello apunta el llamamiento a la “venganza” de este jueves de su nuevo líder. La otra posibilidad es apostar por una “escalada” del conflicto que provocará a su vez una respuesta iraní aún más dura. Y eso sin la garantía de acabar con la República Islámica.

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