Édouard Philippe es la esperanza de una gran parte del centroderecha en Francia para batir en una segunda vuelta a la ultraderecha en las presidenciales de 2027. El poderío del ex primer ministro, disparado en los sondeos hace un año, ha ido menguando en los últimos tiempos con declaraciones extemporáneas y un cierto languidecimiento de su propuesta. Pero Philippe tiene una ventaja. O un problema enorme. Es también el alcalde saliente de Le Havre (165.830 habitantes) y aspira a la reelección en los comicios que se disputarán este domingo y el próximo día 22 de marzo. Los sondeos aprietan. La izquierda llega casi empatada en los sondeos a la primera votación. Y si no revalidase la alcaldía, sus aspiraciones al Palacio del Elíseo quedarían tocadas de muerte.
Philippe, presidente del partido de centroderecha Horizons, no esconde el dramatismo de la situación. El miércoles por la noche, en el acto final de la campaña, repitió que, en caso de fracaso, se acabará su ambición presidencial. “He dicho la cosa más evidente del mundo. Si hubiera dicho lo contrario, nadie me habría creído. En algún momento hay que decir las cosas: mi vida electoral y local está en Le Havre. […] Si no lograra convencer a los habitantes de Le Havre, tendría que sacar las consecuencias, y todo el mundo sacará las consecuencias”.
El problema, más allá del casi empate técnico que se augura para este domingo, es que algunos sondeos ya le dan como perdedor en una segunda vuelta frente a la lista de izquierdas, que lidera el candidato del Partido Comunista Francés (PCF), Jean-Paul Lecoq.
Las elecciones municipales de este domingo y el próximo día 22, cuando se celebre la segunda vuelta, se han convertido en un laboratorio que adelanta algunos de los experimentos o corrientes que se verán dentro de un año en las presidenciales francesas. Algunas ciudades podrán poner a prueba la relación entre las múltiples derechas; otros verán cómo definitivamente La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon comienza a quedar excluida del viejo Frente Popular que ganó las últimas elecciones legislativas. Y algunos, como el alcalde de Le Havre, sabrán si cuentan con la legitimidad de las urnas para ampliar su campo de batalla hasta el Palacio del Elíseo.
El caso de Philippe, sin embargo, es tan arriesgado como común en la política francesa. Cinco de los ocho presidentes de la V República fueron alcaldes antes que jefes de Estado. Valéry Giscard d’Estaing fue alcalde de Chamalières; François Mitterrand, de Château-Chinon; Jacques Chirac, de París entre 1977 y 1995; Nicolas Sarkozy fue regidor de Neuilly-sur-Seine, y François Hollande, alcalde de Tulle. No todos, sin embargo, sufrieron antes de ser candidatos un plebiscito en las urnas de su municipio. Solo Sarkozy y Chirac compaginaron la alcaldía con su ambición presidencial, como pretende Philippe tras estas municipales. Si es que logra la victoria.
El ex primer ministro ha sido alcalde de Le Havre durante diez años. La ciudad, un enclave portuario arrasado durante la II Guerra Mundial, fue reconstruida entre 1945 y 1964 bajo el mando del arquitecto August Perret. El diseñador utilizó como nunca se había hecho el hormigón armado y planificó una ciudad futurista con toques brutalistas que recordaban a la arquitectura de Brasilia de Oscar Niemeyer. De hecho, el brasileño firma también uno de los edificios principales en el centro de la ciudad.
El problema es que Le Havre quedó desfasada, algo abandonada y sumida en una crisis galopante por la reconversión industrial. Y Philippe ha dedicado parte de su mandato a la revitalización del municipio y a la rehabilitación de algunos de aquellos espacios industriales, impulsando su vertiente universitaria. Pero la ciudad sigue teniendo la tasa de desempleo más alta de la región, con un 9,2% y la de pobreza alcanza el 23%.
Philippe era hasta hace poco el gran favorito para encabezar una candidatura de centroderecha en las elecciones presidenciales. Pero algunas salidas de tono le penalizaron. Especialmente cuando pidió la dimisión de Emmanuel Macron para salir de la crisis política en octubre del año pasado en torno al Gobierno de Sébastien Lecornu. Su petición no fue acompañada por ningún partido, excepto La Francia Insumisa, considerada entre los ciudadanos como de extrema izquierda. Sus declaraciones, que reiteró pese a la sensación de error que causaban, le hicieron perder comba en los sondeos presidenciales.
En la recta final, el miércoles, el acto de cierre de campaña sirvió para volver a movilizar a las tropas. “Hay que estar en cabeza en la primera vuelta”, insistió Philippe. Frente a la lista de la izquierda (sin LFI) del diputado comunista Jean-Paul Lecoq, a quien ya derrotó en 2020, y a la de Franck Keller, de la Unión de Derecha por la República, apoyado por el Reagrupamiento Nacional (RN), se perfila una segunda vuelta reñida con tres candidaturas.
