14 de marzo de 2026 – 22:41
La victoria de Olimpia ante Recoleta FC tuvo un nombre propio en el momento de mayor apremio: Gastón Olveira. El guardameta uruguayo, pieza angular del invicto franjeado, volvió a ser determinante al detener un penal a Wilfrido Báez, asegurando los tres puntos en Sajonia. Tras el encuentro, el charrúa analizó la acción y el trabajo invisible que sostiene sus intervenciones.
Al ser consultado sobre la preparación necesaria para estar fino en instancias tan definitorias como un tiro desde los doce pasos, Olveira fue enfático en dar crédito a su entorno. “Sí, hay un gran equipo detrás, con mis compañeros —los otros arqueros—, el entrenador de porteros y el equipo de análisis. La verdad es que hay un grupo que trabaja en todos los detalles y me ayudan mucho. Y es mérito también de ellos, que están en todos esos detalles”.
Lea más: Olimpia impone jerarquía para vencer ajustadamente a Recoleta FC
A diferencia de otros penales donde el portero logra desviar con comodidad, el disparo de Báez exigió una respuesta física. Ante la observación de que no solo se trató de intuir la dirección, sino de una reacción técnica para meter la mano arriba y evitar que el balón ingresara por potencia, Gastón reconoció la dificultad. “Sí, sí, la verdad es que fue muy exigente. En el momento sentí que había atajado, pero no me daba como para direccionar el rebote. Y bueno, por suerte salió —no sé si por arriba o por el costado—, pero lo importante es que la atajamos”.
Finalmente, se estableció una comparación con el penal contenido a Ángel Cardozo Lucena frente a Rubio Ñu. Mientras que en aquella ocasión el mérito radicó en la intuición del sector para un control posterior más sencillo, la ejecución de hoy presentó un desafío mayor para los sentidos del portero. “Sí, sin duda; son dos penales totalmente diferentes. En algunos, cuando sale la pelota, ya vemos que los podemos atajar. En el de hoy, hasta que no la desvié, no tenía esa certeza que por ahí sí he tenido con otros penales”.
