En Paraguay, el mercado de servicios y tercerización (BPO) se ha convertido en uno de los principales vectores de empleo formal para jóvenes, pero también en un indicador de una transformación más profunda: el pasaje hacia una economía donde el talento y los servicios digitales comienzan a ganar peso frente a los modelos productivos tradicionales.

Con cerca de 12.000 personas empleadas y una facturación superior a los USD 150 millones anuales, el sector deja de ser una actividad de nicho para posicionarse como un componente estructural del mercado laboral. “El BPO no solo genera empleo, está formando una nueva generación de talento con capacidad de competir en entornos globales”, señala Cecilia Dos Santos, vicepresidenta de Capaser, la Cámara Paraguaya de Servicios y Tercerización (BPO).

El perfil del sector refuerza esa lectura. El 76% de los trabajadores tiene entre 18 y 35 años, el 65% son mujeres y más de la mitad cuenta con formación técnica o universitaria. Lejos de un empleo de paso, la industria muestra señales de consolidación: el 78% de los colaboradores se declara satisfecho con su trabajo y más del 80% proyecta crecer dentro del sector, según revela una encuesta de Captura Consulting, encargada por Capaser.

En términos de impacto económico y social, el BPO tiene una incidencia directa en la estructura de los hogares. El 65% de los trabajadores es el principal sostén económico de su familia, donde en promedio conviven cuatro personas, y más del 39% de esos hogares supera ingresos mensuales de G. 4.000.000. En otras palabras, el sector no solo incorpora mano de obra al sistema formal, sino que también sostiene dinámicas de movilidad social en amplios segmentos de la población joven.

En paralelo, un análisis de la Encuesta Anual de Compensación y Beneficios 2025 de iRH permite observar cómo se estructura la tercerización en el mercado laboral paraguayo en sentido amplio. El estudio muestra una fuerte concentración en roles operativos, que representan el 70% de la dotación tercerizada, seguidos por analistas (14%), jefaturas (12%) y niveles gerenciales (4%).

La composición también revela otra característica del mercado: el 86% de la dotación tercerizada pertenece a empresas de capital nacional, mientras que la mayor concentración de empleo se ubica en compañías con facturación entre USD 20 millones y USD 100 millones. La tercerización aparece así como una herramienta extendida de eficiencia operativa dentro del tejido empresarial local, con fuerte anclaje en compañías medianas.

Desde Capaser, Dos Santos interpreta estos datos como parte de un proceso de cambio estructural en la naturaleza del empleo. “El desafío no es solo generar puestos de trabajo, sino asegurar que ese empleo sea formal, competitivo y conectado con las demandas del mundo”, afirma.

El punto crítico, sin embargo, no está en la demanda. “El mundo necesita talento bilingüe, con habilidades digitales y capacidad de adaptación. Paraguay tiene una oportunidad concreta, pero también el desafío de acelerar la formación de ese capital humano y generar las condiciones tributarias de competitividad frente a otros mercados de la región”, agrega.

En ese marco, el BPO paraguayo comienza a insertarse en una tendencia global más amplia. La digitalización de servicios, el crecimiento del trabajo remoto y la expansión de la industria del conocimiento están reconfigurando el comercio internacional, donde los servicios ganan participación frente a los bienes tradicionales.

Para Paraguay, el desafío ya no es únicamente la generación de empleo, sino su evolución hacia una plataforma de inserción en cadenas globales de valor. En ese escenario, el BPO deja de ser solo un generador de trabajo formal para convertirse en un mecanismo emergente de exportación de talento, con capacidad de reposicionar al país dentro de la economía de servicios.

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