La deflagración del planeta Epstein, el millonario pederasta que murió en una cárcel de Nueva York en 2019 esperando ser juzgado por abusos (la autopsia lo consideró un suicidio), ha comenzado a mandar también peligrosos asteroides contra la vida institucional y política francesa. La explosión, detallada en la última tanda de archivos sobre el caso difundidos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, ha puesto al descubierto la impunidad con la que actuaba el financiero y delincuente sexual, pero también la ligereza con la que fue tratado por determinadas figuras políticas como Jack Lang (86 años), legendario exministro de Cultura y, hasta el sábado pasado, director del Instituto del Mundo Árabe (IMA).
Los tentáculos del financiero han provocado las primeras dimisiones en Francia. Además del viejo ministro de Cultura, el caso ha salpicado al diplomático francés Fabrice Aidan, que ya había sido objeto de una investigación del FBI por consultar imágenes de pornografía infantil en 2013. Aidan llevaba 25 años trabajando para el Ministerio de Asuntos Exteriores francés y aparece unas 200 veces citado en los documentos. La sospecha es que compartiese información confidencial con el millonario.
El caso de Lang, sin embargo, tiene implicaciones más simbólicas y muestra hasta qué punto el financiero era capaz de seducir a cierta clase política. Viejo mandarín de la era Mitterrand, símbolo del antiguo y decadente poder de Francia, fue responsable de hitos culturales como el precio único del libro o la creación de la Fiesta de la Música. También de las grandes reformas en museos como el Louvre, la Ópera de la Bastilla o la Biblioteca Nacional de Francia.
Lang, sin embargo, tuvo que renunciar a su cargo el pasado sábado por sus vínculos con Epstein. Las revelaciones publicadas estos días ―Lang sale 673 veces en los papeles de Epstein― muestran a un hombre con tics autoritarios que echaba de menos las comodidades de los tiempos dorados y se echó en brazos de Epstein y sus generosos ofrecimientos.
Las conexiones, sin embargo, también son muy fuertes y conflictivas con la hija del político, Caroline. La mujer figura en un testamento redactado por el financiero estadounidense dos días antes de su fallecimiento, el cual indica que recibiría cinco millones de dólares [unos 4,2 millones de euros]. También cofundó una sociedad offshore en las Islas Vírgenes con Epstein en 2016, de la que era copropietaria. Su padre también aparece en los estatutos.

En los correos electrónicos publicados, la relación entre los Lang y Epstein parece tejida a través de regalos y favores. Caroline, que trabajó 30 años para el grupo estadounidense Warner Bros Television, fue quien se encargó de mantenerla en pie. Es ella quien aparece en las participaciones de la sociedad offshore Prytanee LLC, creada en 2016. Lang, como explicaba el periódico Le Monde en una larga reconstrucción sobre esas conexiones, no estaba en condiciones de gestionar determinados aspectos. Ni siquiera utiliza el correo electrónico: su entorno le imprime los mensajes. Viaja por todo el mundo, pero tampoco habla muy bien inglés. Se marchaba de los lugares sin pagar la cuenta, siempre esperando que viniera alguien a hacerlo.
Los correos revelan que fue Epstein quien tuvo la idea de la sociedad conjunta y que se la expuso a Lang en noviembre de 2015, antes de resumírsela a su hija. Un fondo que él financiaría con 20 millones de dólares para que Lang comprara obras de arte, revenderlas más tarde y repartirse los beneficios al 50%, entre él y la familia Lang. “No risk on your side. It will be fun!” (“Ningún riesgo para vosotros. ¡Será divertido!“). ”¡Guau!“, responde Caroline Lang. La mujer, sin embargo, se había mostrado un tiempo antes inquieta ante Epstein por su condena por pederastia, que volvió a ser recordada por Paris Match y otros medios tras una nueva denuncia y las acusaciones de violación contra el príncipe Andrew. “Bad press only” (“Solo mala prensa”), minimizaba Epstein.
La relación, según la reconstrucción de Le Monde, se formó en 2012. Fue durante una cena en casa de la familia real Borbón-Dos Sicilias, en París, cuando los Lang conocieron al cineasta Woody Allen y a su esposa, Soon-Yi Previn, que es también hija adoptiva de su ex pareja, Mia Farrow. Caroline Lang y ella entablaron amistad.
Cuando Allen y su esposa viajaban a París, los Lang los llevaban de paseo y a ver las exposiciones del momento. Un día, la pareja pidió acudir acompañada de un amigo, o sea, Jeffrey Epstein. El financiero pasaba mucho tiempo en París, donde tenía un apartamento de 800 metros cuadrados en el burgués distrito 16; durante una cena, en 2012, se acercó a los Lang. La conexión quedó establecida.
El caso está en manos de la Fiscalía, que ha abierto una investigación por “blanqueo de capitales y fraude fiscal”. Pero el presidente francés, Emmanuel Macron, se pronunció públicamente el pasado lunes poniendo un cortafuegos en Europa y subrayando que es un tema que “preocupa principalmente a Estados Unidos”. “La justicia americana debe hacer su trabajo”. “Está claro que (Epstein) tenía un sistema muy amplio, lo que justifica que la justicia haga su trabajo de manera independiente y tranquila”, agregó Macron. “Veo que detrás de todo esto se están alimentando muchas teorías conspiratorias, por lo que hará falta un trabajo periodístico de verdad“. Y eso, especialmente después de estallar el caso del diplomático esta semana, es lo que está ya ocurriendo.
