En su tercera jornada sin Nicolás Maduro en el poder, Venezuela amanece silenciosa, inmersa en una tensa calma ante la incertidumbre, pero testigo atónito de una aparente normalidad institucional que busca a toda prisa cubrir el vacío de poder que ha supuesto la cinematográfica detención de su presidente. Y, en medio de esa escena irreal, emerge la figura de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que de un día para otro se convirtió en la mujer más importante de Venezuela bajo la sombra de Donald Trump.

Rodríguez juró este lunes como presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela ante una Asamblea Nacional que, como ella, estrenó mandato. “Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano luego de una agresión contra nuestra patria, por el secuestro de dos de nuestros héroes, el presidente Nicolás Maduro y nuestra combatiente Cilia Flores”, dijo. Mientras, Maduro comparecía por primera vez ante el magistrado que le juzgará en Nueva York por narcoterrorismo: “Soy Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y estoy aquí secuestrado”.

La veterana dirigente chavista, que lideró su primer Consejo de Ministros el domingo, asume el poder respaldada por la mayoría de los 258 diputados que iniciaron también este lunes una legislatura hasta 2031. Es un Parlamento dominado por una arrolladora mayoría chavista, elegida en unos comicios bajo acusaciones de fraude. Su hermano, Jorge Rodríguez, operador político del chavismo, mantiene la presidencia de la Asamblea. Todo cambia, pero nada cambia.

En los escaños del Palacio Federal Legislativo se sientan solo 12 diputados que pueden ser considerados verdadera oposición al régimen. Voces disidentes silenciadas dentro y fuera del hemiciclo. La nueva Asamblea estaba prevista antes de que todo cambiara en Venezuela. Pero ha adquirido un protagonismo inesperado tras un hecho histórico que nadie anticipaba hace apenas unas semanas, aun imaginándose la caída de Maduro: la juramentación de Rodríguez como presidenta encargada con el apoyo de Estados Unidos.

En parte se cumplió el guion previsto. Fue un ritual político pensado para proyectar la continuidad y la unidad del chavismo, golpeado por las sacudidas de los últimos días. “Delcy, cuentas con mi apoyo y el de mi familia en este tremendo reto que estás asumiendo. La patria está en buenas manos”, proclamó desde la tribuna el diputado Nicolás Maduro Guerra, conocido como Nicolasito. El hijo del mandatario chavista lloró al hablar de su padre. Su mensaje de apoyo contradice las teorías de una posible traición a Maduro por parte de la nueva líder.

Aún no está claro cuánto ni cómo gobernará Rodríguez. Mucho menos cuándo habrá elecciones. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, marcó este domingo una secuencia tan abierta como indefinida. “Vamos a gobernarlo, a arreglarlo. Vamos a tener elecciones en el momento correcto. Pero lo principal es arreglar un país fallido”, afirmó el republicano, sin concretar qué papel jugará Caracas y él mismo en ese proceso.

El Tribunal Supremo de Justicia interpretó la captura de Maduro como una “ausencia forzada” del jefe del Estado. Y ordenó que Rodríguez asumiera la presidencia. Pero las reglas siguen siendo difusas. La Constitución establece los pasos ante la ausencia del presidente, aunque obviamente no contempla un escenario como el actual. Si se aplicara estrictamente el texto, Rodríguez debería gobernar durante 90 días. La Asamblea podría prorrogar ese plazo otros 90 y, después, habría 30 días para convocar elecciones. Por ahora, todo sigue siendo una incógnita.

El país se encuentra en “estado de excepción por conmoción exterior” desde el sábado, cuando se activó el decreto firmado por Maduro antes de ser capturado. Este lunes ha comenzado la verdadera cotidianidad, pero también se han visto puestos de control policial con oficiales encapuchados. Las medidas del estado de excepción no han sido informadas por el Gobierno, pero ya se ha filtrado la publicación del decreto en la Gaceta Oficial. En el texto se ordena a la policía “la búsqueda y captura de cualquier persona involucrada en la promoción o apoyo de un ataque armado extranjero”, lo que supone un aumento de la vigilancia y la persecución.

La jornada dejó también un retrato nítido de quién legisla hoy en Venezuela. Entre el chavismo, una defensa a ultranza de su líder “secuestrado” y una declaración de guerra al imperialismo. Mientras, el diminuto bloque opositor aprovechó su turno en el debate para tomar distancia de un Parlamento del que es parte, pero que de alguna manera considera ilegítimo. Presentaron un escrito de rechazo al orden del día, se negaron a proponer candidatos para la junta directiva y se abstuvieron de votar por los propuestos. “El voto de esta fracción es un acto de fidelidad a una Nación que no puede esperar más. Ustedes no han legislado para los venezolanos”, dijo Stalin González, del partido socialdemócrata Un Nuevo Tiempo.

González denunció años de silenciamiento político. “No seremos cómplices ni aceptaremos una institucionalidad de fachada”, advirtió. “Exigimos el cese inmediato de la persecución y la liberación de todos los presos políticos”. Sus palabras apenas arrancaron unos aplausos tímidos. El opositor habló por el grupo de 12 parlamentarios opositores, entre los que figuran los dirigentes Henrique Capriles, Luis Emilio Rondón y Tomás Guanipa, políticos moderados que no coinciden con la estrategia y las formas de la líder María Corina Machado. “No vinimos a firmar un cheque en blanco a cualquier transición”, insistió González, quien aprovechó la tribuna para exigir una amnistía general a los presos políticos. “La lucha por la Venezuela que anhelamos está aquí y agotaremos las vías pacíficas para una solución venezolana”. Su discurso se refirió a estos “días difíciles para la Nación”, pero no mencionó los ataques ni la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores.

La gran ausencia es de nuevo la de los opositores en el exilio. Decenas de dirigentes siguen fuera del país. Entre ellos, los afines a María Corina Machado, que no ha regresado a Venezuela desde que recogió el Premio Nobel de la Paz a mediados de diciembre. Machado, vencedora de las elecciones de julio de 2024 con su candidato Edmundo González –también en el exilio–, es una de las figuras centrales de este momento, aunque no por los motivos que esperaba. Tras semanas de contactos discretos con el entorno de Trump, el propio presidente estadounidense cuestionó públicamente su liderazgo tras la detención de Maduro. “No cuenta con el apoyo suficiente”, afirmó.

Machado se pronunció este lunes en X por primera vez tras el desaire. El tono fue distinto al de su primer tuit después de la detención de Maduro, en el que se declaró preparada para tomar el poder. La opositora agradeció a Trump “su firmeza y determinación en el cumplimiento de la ley”, en una operación que ha violado la soberanía venezolana. Según Machado, la detención de Nicolás Maduro es “un paso enorme” que marca de forma “inevitable e inminente” el comienzo de una transición en Venezuela.

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