Mientras los representantes de Irán y Estados Unidos aún preparan su primera reunión para negociar el fin de la guerra, el alto el fuego de 15 días ya se tambalea peligrosamente. Casi todas las disputas giran en torno a Líbano, donde los bombardeos israelíes han causado más de 300 muertos en apenas dos días de tregua. El mediador, Pakistán, explicitó desde el principio que el país estaba incluido en el cese de hostilidades, pero Donald Trump y Benjamín Netanyahu han defendido lo contrario. Como resultado, Teherán ha dado marcha atrás en su reapertura total del estrecho de Ormuz y Hezbolá ha retomado los ataques, con 70 proyectiles desde la mañana contra el norte de Israel. Este jueves, después de que el presidente de Irán, Masud Pezeshkián, asegurase que el diálogo con Washington perderá sentido si Israel sigue bombardeando Líbano y de que Trump exhortase a Netanyahu a reducir los ataques, el primer ministro israelí ha anunciado por sorpresa aquello que venía rechazando: las primeras “conversaciones directas” con Beirut para el desarme de Hezbolá. Se lo pidió Trump cuando hablaron el miércoles por teléfono, según ha confirmado el propio presidente estadounidense.
En una clara muestra del papel de Washington, la primera reunión entre Israel y Líbano (histórica, al carecer de relaciones diplomáticas desde que el primero nació en 1948) tendrá lugar en la sede del Departamento de Estado de EE UU, según el medio digital Axios. Será la próxima semana, con los dos países representados por sus respectivos embajadores allí: Yechiel Leiter y Nada Hamadeh Moawad, según la prensa israelí. Ron Dermer, mano derecha de Netanyahu, también participará en el proceso.

La propuesta de negociaciones directas no es nueva. La hizo el Ejecutivo de Beirut, el más decidido a desarmar a Hezbolá y que ilegalizó sus acciones militares hace un mes, cuando retomó los ataques contra Israel en apoyo a Teherán. Netanyahu ni siquiera respondió. El primer ministro justifica ahora su disposición a entablarlo como una respuesta a “las reiteradas solicitudes de Líbano”.
Queda por ver si el diálogo convivirá con unos enfrentamientos que han encendido las alarmas, por su potencial de echar por tierra el ya frágil alto el fuego acordado por EE UU e Irán. El intercambio de fuego entre Israel y Hezbolá no ha cesado tras el anuncio de conversaciones directas y Netanyahu ha subrayado a última hora del día que “no hay alto el fuego en Líbano” y que el ejército seguirá “golpeando con fuerza” a Hezbolá hasta “devolver la seguridad” a los habitantes del norte de Israel.
En la llamada telefónica con Netanyahu, Trump le exhortó también a limitar los ataques en Líbano, según ha confirmado en una breve entrevista telefónica con la cadena de televisión NBC: “Hablé con Bibi y va a rebajar el nivel. Creo que vamos a tener que rebajar un poco”. Ese mismo día, su vicepresidente, J.D. Vance, reiteró la posición estadounidense de que Líbano no forma parte de la tregua, pero defendió que Israel había ofrecido controlarse “un poco” con los ataques, informa Macarena Vidal Liy.
Fuentes oficiales israelíes insisten en que violencia y diálogo irán en paralelo, mientras que Beirut busca un alto el fuego temporal, siguiendo el “mismo modelo”, pero en un “canal separado”, al que Irán y EE UU tienen previsto iniciar este sábado en Pakistán, según ha declarado una fuente oficial libanesa a la agencia Reuters.
De momento, y tras matar en la víspera a más de 300 personas (según el último balance del Ministerio de Sanidad), el ejército israelí ha seguido bombardeando allí durante la jornada y ordenado otro desplazamiento urgente de población en Dahiya, los suburbios chiíes de Beirut. Israel ha anunciado que en aquella oleada de bombardeos del miércoles (160 en solo 10 minutos, según el ejército) mató a Ali Yusef Harshi, secretario personal de Naim Qasem, el máximo líder de Hezbolá. Qasem es también objetivo y, tarde o temprano, “llegará su momento”, amenazó este miércoles el ministro de Defensa, Israel Katz. Su lectura de la situación es que “Hezbolá está desesperada por un alto el fuego” e Irán teme que “Israel la aplaste”.
El viceministro de Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh, ha desvelado este jueves que su país estuvo a punto de responder al brutal ataque en Líbano, pero Pakistán los convenció de abstenerse. “No se puede pedir un alto el fuego, aceptar términos y condiciones, aceptar todas las zonas donde se aplica, mencionar específicamente a Líbano, para que luego tu aliado [Israel] inicie una masacre”, ha protestado en una entrevista con la cadena británica BBC.
Teherán afronta aquí un dilema: la milicia libanesa —a la que financia y arma— abrió hace un mes un nuevo frente precisamente en su apoyo, después de que Israel matase al líder supremo, Ali Jameneí, y de un año de vulneraciones del alto el fuego en Líbano, con bombardeos casi diarios.
La televisión estatal ha leído un mensaje atribuido a su hijo y sucesor, Mojtaba Jameneí, en el que asegura que Irán “llevará la gestión del estratégico estrecho de Ormuz a una nueva fase” y que “no busca la guerra, pero no renunciará a sus derechos y considera a todos los frentes de resistencia como una entidad unificada”, en referencia a sus aliados, como Hezbolá.

El presidente de Irán, Masud Pezeshkián, había emitido un comunicado en la red social X en el que definía los ataques en Líbano de “violación flagrante” del acuerdo de alto el fuego, así como de una “señal peligrosa de engaño y de falta de compromiso con los posibles acuerdos” que pudieran alcanzar con EE UU a partir de este sábado en Islamabad, donde está previsto que comiencen las conversaciones. “La continuación de estas acciones hará que las negociaciones carezcan de sentido […] Irán nunca abandonará a sus hermanas y hermanos libaneses”, añade.
Líbano ha centrado durante la jornada los esfuerzos diplomáticos. La alta representante de la política exterior de la UE, Kaja Kallas, ha pedido incluirlo en la tregua y acusado a Israel de “tensionarla gravemente”. Y más de 60 países miembros de la ONU han suscrito una declaración que constata su “profunda preocupación por la escalada de tensiones en Líbano”, donde han muerto tres soldados indonesios —encuadrados en una brigada multinacional bajo mando español— de la misión de pacificación de la ONU, informa María Antonia Sánchez-Vallejo.
La situación allí y el bloqueo del estrecho de Ormuz han transformado en tiempo récord el optimismo generado por el cese de las hostilidades (al evitar en el último momento la sangrienta hecatombe con la que Trump amenazaba a Irán) en preocupación global por la salud de la tregua. El dedo permanece en el gatillo, según el símil que emplean unos y otros: Netanyahu, este miércoles, y Pezeshkián, este jueves. Como muestra de la incertidumbre, la Agencia Europea de Seguridad Aérea ha prorrogado su recomendación a las aerolíneas de evitar el espacio aéreo de Oriente Próximo y el Golfo hasta el 24 de abril, es decir, durante los 15 días de tregua.
Diálogo en Islamabad
Una fuente paquistaní con conocimiento de las conversaciones ha indicado a la agencia Reuters que la inclusión de Líbano y de Yemen (donde los hutíes han amenazado este jueves con volver a lanzar misiles contra Israel) en el alto el fuego “se discutirá y resolverá en las próximas conversaciones”. En Islamabad, las autoridades ya han bloqueado el acceso a tres kilómetros del hotel donde comenzarán las conversaciones de paz.
El otro asunto clave es, una vez más, el estrecho de Ormuz, principal vía de paso de un quinto del suministro mundial de petróleo y otros bienes vitales, como fertilizantes. Khatibzadeh ha afirmado que Irán “garantizará la seguridad para el paso seguro” si cesan los ataques israelíes en Líbano. Técnicamente, el inicio del alto el fuego está condicionado a su reapertura, por lo que vuelve a convertirse en un pulso mayúsculo cuando la tregua apenas da sus primeros pasos.
De momento, lo va a limitar a 15 barcos diarios, según una fuente de alto rango iraní citada por la agencia TASS. Teherán cerró parcialmente el estrecho, que sirve de paso entre el Golfo y el Océano Índico, en represalia por el ataque de Israel y EE UU, el 28 de febrero, que dio inicio a la guerra.
