En medio de amenazas bélicas de EE UU a Irán y de su mayor despliegue militar en Oriente Próximo desde la invasión de Irak, Washington ha retirado este lunes el personal no esencial de su Embajada en Beirut, según ha confirmado a la agencia Reuters una fuente del Departamento de Estado. Mientras, en Israel, aviones militares de EE UU han sido fotografiados en el principal aeropuerto civil y el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha advertido a Teherán de que cometerá “quizás el error más grave de su historia” si responde a un eventual bombardeo de EE UU atacando a Israel, y que recibirá una respuesta con “una fuerza que ni siquiera puede imaginar”.
La decisión del Departamento de Estado (que implica también la salida de los familiares de esos trabajadores no esenciales) responde a una “evaluación de seguridad” que recomienda actuar con “prudencia” para proteger al personal estadounidense. “En base a nuestro último análisis, creemos que es prudente reducir nuestra presencia de personal no esencial”, ha declarado la fuente bajo condición de anonimato.
La legación diplomática seguirá operativa con su personal básico. Durante la mañana del lunes, varios diarios libaneses han informado de la evacuación de “decenas” de trabajadores de la Embajada de EE UU a través del aeropuerto internacional de Beirut.
La Casa Blanca sopesa atacar Irán si no alcanzan un acuerdo sobre el programa nuclear iraní durante los próximos días. Pese a dos rondas de negociaciones recientes y una tercera programada para el jueves, Washington mantiene abierta la vía militar ante la negativa de Teherán a abandonar el enriquecimiento de uranio. Ahora, la retirada de una cincuentena de trabajadores gubernamentales -según fuentes de la Embajada en Beirut citadas en la prensa- parece anticiparse a las consecuencias que una ofensiva estadounidense sobre Irán pueda tener en Líbano, donde hay organizaciones armadas aliadas de Irán, como la libanesa Hezbolá o la palestina Hamás.
Trump se plantea atacar a la Guardia Revolucionaria desde primeros de enero, cuando lo defendió como un gesto de ayuda a los manifestantes iraníes, que estos días tratan de revivir las protestas en las universidades. “La ayuda está en camino”, escribió entonces.
Cuando la represión de las autoridades sofocó aquellas movilizaciones, iniciadas por el deterioro de las condiciones de vida, Trump pasó a justificar la necesidad de agredir a la República Islámica con la lucha contra el programa nuclear iraní. Durante las últimas fechas, las amenazas a la Guardia Revolucionaria se han vuelto casi diarias, hasta que declaró el pasado jueves que “ocurrirán cosas malas” si Irán no mueve ficha en las negociaciones en un máximo de 15 días.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha tratado de insuflar optimismo y ha asegurado que espera reunirse con el enviado de Trump, Steve Witkoff, el jueves en Ginebra (Suiza) para continuar el diálogo. Pero todos se posicionan ante la escalada de tensiones. Un segundo portaviones de EE UU está a punto de llegar a la ciudad israelí de Haifa, a unos 35 kilómetros de la divisoria con Líbano. Y una visita a Israel del secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, para abordar la cuestión iraní ha sido aplazada de este sábado al lunes de la próxima semana, según medios locales.
En Líbano, pese a los esfuerzos del Gobierno por apartar al país de cualquier pulso regional, Hezbolá (patrocinada por Teherán) no ha descartado implicarse en la contienda si Washington ataca a su aliado. Diezmada, no lo hizo en junio, cuando Israel atacó Irán y se acabó sumando EE En Líbano, pese a los esfuerzos del Gobierno por apartar al país de cualquier pulso regional, Hezbolá (patrocinada por Teherán) no ha descartado implicarse en la contienda si Washington ataca a su aliado. Diezmada, no lo hizo en junio, cuando Israel atacó Irán y EE UU se sumó bombardeando plantas nucleares iraníes. En esa ocasión, Teherán -que mantiene vigente su amenaza sobre los recursos de Washington en la región- respondió lanzando hostilidades, sin mayores consecuencias, sobre la base estadounidense de Al Ubeid, cercana a Doha y la mayor de las que tiene en Oriente Próximo. En enero, en un gesto similar al de este lunes en Líbano, Washington retiró personal de esa instalación ante un posible choque con Irán.
Hezbolá viene evitando utilizar las armas desde el acuerdo de tregua con Israel en noviembre de 2024, pese a los constantes bombardeos que lanza el ejército israelí. El pasado viernes tuvo lugar uno de los más sangrientos, con 12 muertos. EE UU le acusa del atentado que mató en 1983 a 49 trabajadores de su Embajada en Beirut, durante la guerra civil de Líbano. En una entrevista publicada el lunes, el secretario general de la organización, Naim Qasem, ha señalado a la Casa Blanca como parte “de la guerra contra Líbano” y ha reiterado que la formación solo contempla “la victoria o el martirio” en la lucha contra “la dominación colonial” planteada por EE UU e Israel, pero no “la derrota” ni la rendición.
Israel, “atenta y preparada”
Netanyahu ha contribuido este lunes al ambiente de anticipación. En una intervención en el Parlamento, que suele aprovechar para lanzar largos discursos centrados en política interna, se ha limitado a hablar siete minutos, casi únicamente sobre Irán y con tono prebélico. “Vivimos tiempos complejos y desafiantes. Nadie sabe qué nos deparará el futuro. Estamos atentos, preparados para cualquier escenario […] Confío en nuestra fuerza, en nuestros comandantes, en nuestros combatientes”, ha asegurado. El jefe de Gobierno israelí ha insistido, además, en que tanto los vínculos estratégicos con Washington como los suyos personales con Donald Trump nunca han sido tan estrechos.
Este lunes, además, han sido fotografiados en el principal aeropuerto de Israel aviones estadounidenses de reabastecimiento y de carga. Se trata del de Ben Gurión, cerca de Tel Aviv y por donde pasa casi todo el tráfico aéreo civil. Los aviones llegaron en la víspera, según el canal 12 de la televisión nacional.
La Alianza de Rastreo Aéreo Militar, que analiza la actividad aérea militar en código abierto, ha contabilizado la llegada a la región desde mediados de mes de más de 85 aviones cisterna y de 170 aviones de carga, en medio de mensajes de Trump combinando amenazas y optimismo sobre el diálogo. Israel, por su parte, presiona a EE UU para que lance un ataque y, sobre todo, para que no sea un bombardeo limitado, dirigido a forzar a Teherán a aceptar sus términos del acuerdo, sino a derrocar el debilitado régimen de los ayatolás.
