En Gaza, tener claro por dónde caminar es una cuestión de vida o muerte. Los soldados israelíes, que abren fuego si perciben una presencia desconocida, controlan de manera directa más del 75% del territorio palestino. Además de ese control, las tropas consideran “zona de combate” varias áreas más del enclave, lo que provoca que los gazatíes tengan prohibido el acceso al 86% de la Franja.

Esto hace que los más de dos millones de palestinos que viven en este enclave estén concentrados de manera antinatural e insalubre en menos del 14% del territorio, según cálculos de la oficina de la ONU para la coordinación de los asuntos humanitarios (OCHA). Este porcentaje incluye algunos territorios en el sur y en el centro de la Franja, además de Ciudad de Gaza y algunos núcleos urbanos de su alrededor. Ahora, si Israel expulsa al millón de residentes que viven allí, tal y como anunció este viernes el ejército, tras designar la capital de la Franja como “zona de combate”, los más de dos millones de habitantes del enclave tendrán que concentrarse en menos del 11% del territorio gazatí.

Ya antes de la campaña militar israelí, la franja de Gaza, con una extensión de 365 kilómetros cuadrados, era uno de los territorios con mayor densidad de población del mundo. El asedio del ejército ha agravado enormemente la situación. Más allá de las cifras oficiales, varias fuentes israelíes y palestinas alertan de que los cálculos que divulga el ejército israelí no siempre coinciden con la realidad en el enclave palestino. Adi Ben Nun, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y Yaakob Garb, de la Universidad de Ben Gurion, son dos expertos en mapas que afirman que varias de las áreas adonde se pide a los gazatíes que se desplacen son territorios que Israel también señala como zonas peligrosas de combate. Es la misma consideración que el ejército israelí otorga ahora a Ciudad de Gaza.

Otras de las zonas señaladas como seguras por Israel carecen de la superficie adecuada para plantar tiendas de campaña o ya están superpobladas, lo que hace imposible la implementación de los servicios básicos necesarios para abastecer a un millón adicional de personas, según han explicado estos expertos al diario israelí Haaretz.

“No hay ningún sitio en Deir al Balah que pueda albergar tiendas de campaña para más personas desplazadas”, ha coincidido Nizar Ayash, alcalde de ese municipio, en declaraciones a la prensa. “Lo mismo ocurre en otras zonas del centro de la Franja; esta situación llevará a un desastre humanitario”, vaticina.

Ramiz Alakbarov, coordinador especial adjunto de la ONU para el proceso de paz en Oriente Próximo, opina lo mismo. “Para una población que ahora ya lucha para sobrevivir, sus peores miedos se aparecen ante sus ojos”, dijo el miércoles ante el Consejo de Seguridad. “La expansión de las operaciones militares en Ciudad de Gaza tendrá consecuencias catastróficas”, vaticinó.

En 2012, 11 años antes del inicio de la actual guerra en el enclave, un informe de la ONU alertó por primera vez de que la Franja sería un lugar inhabitable en 2020 si no se corregían los problemas que sufre la sociedad gazatí. Esa investigación, como otras que llegaron después, señalaba como claves el desempleo, las dificultades económicas y la contaminación, exacerbadas por un bloqueo que Israel defendía como necesario para impedir el rearme de Hamás y que el sector humanitario ya denunciaba como un castigo colectivo.

Los informes también indicaban la incapacidad de las infraestructuras existentes —redes de agua y saneamiento, escuelas, hospitales— para cumplir con las necesidades de una población creciente en un territorio limitado por muros. En ese momento, la Franja era el hogar de 800.000 personas menos de las que vivían en el enclave cuando estalló la guerra, en octubre de 2023.

El “día después” para Trump

El pasado miércoles, casi dos años después del inicio del conflicto en la Franja, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lideró una reunión en Washington para pensar en “el día después” del enclave y buscar la manera de cerrar un acuerdo de alto el fuego permanente entre Israel y Hamás.

La reunión no contó con participación palestina. En el encuentro, en cambio, sí que estuvieron presentes Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca para Oriente Próximo, y Jared Kushner, yerno de Trump, sin cargo oficial en Washington. Los tres (incluido el presidente) han hecho fortuna con la promoción inmobiliaria.

En febrero, Trump se mostró maravillado con el potencial de la Franja para la construcción de una ciudad de vacaciones si se deportaba a la población palestina hacia terceros países, algo que presentó como la única manera de que los gazatíes puedan vivir en paz. Desde entonces, varios miembros del Gobierno de Israel han secundado la idea aludiendo al derecho de los palestinos de acogerse a “una migración voluntaria”.

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