El ataque de Donad Trump contra Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, trasladado a Estados Unidos para ser juzgado, ha disparado los temores a una futura incursión del magnate republicano en Groenlandia. El presidente estadounidense, que ha demostrado poco respeto por el derecho internacional con sus acciones en el país latinoamericano —que ha asegurado que tiene intención de “dirigir” por el momento y donde quiere intervenir en el sector petrolero—, codicia la estratégica isla, un territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca (país miembro de la UE y la OTAN). Trump, que ha llegado a amenazar incluso con el uso de la fuerza para hacerse con Groenlandia, rica en tierras raras y geográficamente muy relevante, ha movido en las últimas semanas su foco hacia la isla.

El sábado, pocas horas después del ataque estadounidense en Venezuela, algunos altos cargos europeos experimentaron un escalofrío al leer la enésima amenaza del círculo del magnate republicano. Katie Miller, una conocida podcaster ultraconservadora, publicó en X un mapa de Groenlandia cubierta con la bandera estadounidense y el mensaje “pronto”. La autora de la amenazante publicación en la red social de Elon Musk no es cualquier estrella del universo Maga (el movimiento de apoyo a Trump Make America Great Again), fue subsecretaria de prensa del Departamento de Seguridad Nacional en el primer mandato de Trump y es la esposa de Stephen Miller, el poderoso subjefe del gabinete político del republicano, considerado el principal arquitecto de algunas de sus medidas de línea más duras, como las iniciativas antimigratorias.

Mientras la mayoría de líderes europeos y la cúpula de las instituciones comunitarias emitían comunicados tibios sobre lo ocurrido en el país latinoamericano, por miedo a molestar a Trump y porque observan Venezuela como algo políticamente muy alejado, brotaba de nuevo la amenaza sobre Groenlandia. El embajador danés en Estados Unidos, Jesper Moller Sorensen, respondió a la amenaza con un “amistoso recordatorio” de que EE UU y Dinamarca comparten sólidos y antiguos vínculos en materia de seguridad y de que, por supuesto, el país nórdico espera “respeto” por su integridad territorial.

“Somos aliados cercanos y debemos seguir trabajando juntos como tal. La seguridad de EE UU es también la de Groenlandia y la de Dinamarca”, escribió Moller Sorensen. El representante diplomático danés recordó que su país es miembro, como EE UU, de la Alianza Atlántica, y pasó a enumerar cómo ha aumentado su inversión en defensa en la zona. “El Reino de Dinamarca ha incrementado significativamente sus esfuerzos de seguridad en el Ártico: solo en 2025, comprometimos 13.700 millones de dólares [unos 11.690 millones de euros] que pueden utilizarse en el Ártico y el Atlántico Norte. Porque nos tomamos muy en serio nuestra seguridad conjunta”, aseveró.

La publicación de Miller no se lee sola, advierte Anna Wieslander, directora para el norte de Europa del laboratorio de ideas Atlantic Council. “Sumada a las recientes declaraciones de que EE UU necesita Groenlandia y el afán de Trump por dominar el hemisferio occidental, las amenazas contra Groenlandia deben tomarse muy en serio”, considera la experta.

En vísperas de Navidad, Trump elevó sus advertencias sobre la enorme isla. “Necesitamos Groenlandia por la seguridad nacional, tenemos que tenerla. No para los minerales. Si echas un vistazo a Groenlandia, miras hacia arriba y hacia abajo… costa… barcos rusos y chinos por todas partes”, dijo el presidente estadounidense. Poco antes, había nombrado a un enviado especial para la isla, Jeff Landry (gobernador de Luisiana), con el objetivo de integrarla en Estados Unidos.

El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, no tardó en responderle. ”Groenlandia es nuestro país. Nuestras decisiones se toman aquí“, escribió en una publicación en la red social Facebook.

Sin embargo, varias fuentes europeas reconocen que una Europa temerosa de Trump y enormemente dependiente de Washington como su principal proveedor de seguridad, no tendría demasiado margen de maniobra si la Administración estadounidense interviene en Groenlandia. “Lo peor de todo es que esa idea, una intervención, no es ya descabellada”, confiesa una alta fuente europea.

“La audaz y probablemente ilegal captura por parte de Trump de un líder venezolano de dudosa legalidad sugiere que se cree con derecho a intervenir, es decir, a apoderarse de lo que quiera, en cualquier parte del hemisferio occidental”, opina Mujtaba Rahman, director de Eurasia Group. “Europa, ya preocupada por la retórica de Trump sobre Groenlandia, ha sido advertida”, ha remarcado en un análisis publicado en las redes sociales.

La localización geográfica de Groenlandia (la mayor isla del mundo que no forma un continente) la convierte en un punto muy deseable geoestratégicamente y económicamente por su riqueza en recursos naturales. Estados Unidos tiene en ese territorio, de apenas 57.000 habitantes, una base militar (Pituffik), un vestigio de los tiempos de la Guerra Fría que le proporciona una ubicación estratégica para misiones de defensa y antimisiles.

La amenaza está ahí y Dinamarca lo sabe. Trump ha sido bastante claro. El pasado mayo, se negó a descartar una acción militar para hacerse con el territorio autónomo danés. Desde entonces, el país nórdico, uno de los más atlantistas de Europa, parece haber despertado a su nueva realidad. Uno de los servicios de inteligencia daneses define ya, en su último informe, a EE UU como una potencial amenaza para su seguridad nacional. “Estados Unidos utiliza el poder económico, incluidas amenazas de fuertes aranceles, para imponer su voluntad. Y ya no descarta el uso de la fuerza militar, incluso contra aliados”, subraya en el texto, publicado en diciembre.


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