El líder norcoreano, Kim Jong-un, enfundado en un abrigo de cuero negro que podría haber vestido cualquier villano de James Bond, con una sonrisa y el pelo perfectamente moldeado en ese peinado que le aplana la cima del cráneo, dio por concluido el pasado miércoles el IX Congreso del Partido de los Trabajadores con un discurso ante las tropas que desfilaban por la plaza que lleva el nombre de su abuelo, Kim Il-sung, fundador de Corea del Norte y de la dictadura hereditaria: “Nuestro ejército lanzará terribles ataques de represalia contra cualquier fuerza en el momento en que cometa actos militares hostiles que infrinjan nuestra soberanía nacional y nuestros intereses de seguridad”.

En algunas de las fotografías, la hija adolescente del actual líder, Kim Ju-ae, aparece cuidadosamente colocada a su espalda o a su lado, confirmando lo que los servicios de espionaje surcoreanos creen cada vez con mayor firmeza: ella es la heredera.

El cónclave del partido único que rige los designios de Corea del Norte, más allá de su formalidad orgánica, ha sido una meticulosa coreografía del régimen más opaco del planeta. Un altavoz político y una gigantesca operación de propaganda destinada a enviar señales en clave interna y también al mundo.

Durante los siete días de deliberaciones, las informaciones que han emanado desde los medios oficiales han transmitido la redoblada pulsión atómica de Pyongyang, la centralidad de Kim Jong-un (“el mejor hombre del mundo”, según los medios estatales), la creciente relevancia de su hermana, Kim Jo-yong, como número dos y jefa del aparato de propaganda, y el apetito del líder supremo por abrirse, quizá y con condiciones, a nuevas conversaciones con el presidente estadounidense, Donald Trump.

“Seguiremos preparándonos plenamente para la confrontación con Estados Unidos y mantendremos firmemente la postura más dura como eje central de nuestra política hacia Washington”, señaló Kim en el Congreso, ante la mirada de casi 5.000 delegados uniformes e inexpresivos en las fotografías. “No obstante, si Estados Unidos respeta la posición actual de nuestro Estado [una referencia a su estatus como potencia nuclear] y retira su política hostil hacia nosotros, no hay razón para que no podamos mantener buenas relaciones”.

También dijo, con su habitual retórica belicista, que tiene intención de incrementar la capacidad nuclear de Corea del Norte, con más armas y la mejora de los medios operativos; subrayó que el estatus atómico del país es “irreversible y permanente” y expuso planes para introducir “nuevos arsenales secretos” y desarrollar misiles balísticos intercontinentales aún más potentes.

Su agenda de escalada nuclear, que no fue revelada por los medios hasta el jueves, sirvió de colofón a un Congreso que arrancó con Kim anunciando que los “peores” tiempos, aquellos en los que llegó a reconocer el “fracaso” de su plan económico, han quedado atrás, para dar paso a una “nueva era”.

Kim Jong-un

“Nunca ha habido un periodo como este, en el que logramos éxitos tan grandes a pesar de la dureza de las pruebas y dificultades», dijo. Los miembros del partido respondieron, para sorpresa de nadie, eligiéndolo de nuevo como secretario general.

En Corea del Norte, a menudo, los hechos van más allá de la ficción. “Es un régimen extraño con capacidades letales”, afirma, como para que nadie lo olvide, Sung-Yoon Lee, investigador del Woodrow Wilson International Center for Scholars, que subraya cómo el “poder militar” del país ha avanzado considerablemente en los últimos cinco años.

La relevancia del último congreso radica en que Corea del Norte es hoy “más poderosa y más amenazante que nunca, no solo para Corea del Sur y Japón, sino también para el territorio continental de Estados Unidos”, explica Lee desde Seúl por videoconferencia.

A este analista le preocupa el hecho de que la “estatura internacional” de Kim se ha elevado considerablemente desde que comenzó a enviar en 2024 tropas norcoreanas para combatir codo con codo con los soldados rusos en la guerra de Ucrania. Se pudo observar el pasado septiembre, durante el gigantesco desfile militar en Pekín con motivo del 80º aniversario de la rendición de Japón en la segunda guerra Sino-Japonesa (1937-1945) y el final de la II Guerra Mundial. A Kim se le concedió un lugar de honor en la tribuna, “codeándose literalmente con Xi Jinping y Vladímir Putin por encima del resto de dignatarios extranjeros”, dice Lee.

Este analista ve “posible” un acercamiento a Trump durante la próxima visita del magnate republicano a China, a finales de marzo; Kim podría acceder a la petición “si se dan las circunstancias adecuadas”, aventura.

Lee es experto en la figura de Kim Jo-yong, la hermana del líder, sobre quien acaba de publicar el libro La hermanísima en España. Cree que el hecho de que haya sido elevada formalmente durante el Congreso de subdirectora a directora de departamento, un cargo con rango ministerial, no tiene gran relevancia. “Todo el mundo sabe que ella es la número dos”.

De hecho, él la coloca como responsable del poderoso Departamento de Propaganda y Agitación al menos desde 2014. Y la considera la mente detrás de las cada vez más frecuentes fotografías de la hija adolescente de Kim Jong-un. La primera imagen pública de la joven fue junto a su padre durante la prueba del misil balístico intercontinental más potente del arsenal norcoreano en ese momento, el Hwasong-17. La última, muestra a la niña en la tribuna, detrás del padre, que pasa revista a las tropas.

Lee cree que estas apariciones han sido diseñadas para enviar un doble mensaje al exterior. Por un lado, transmite a los líderes democráticos, cuyo mandato se mide en breves períodos electorales, que su poder y sus ojivas nucleares un día serán heredados por su descendencia. Esto busca generar “ansiedad” entre los líderes extranjeros por tratar de articular algún tipo de acuerdo y hacer concesiones.

A la vez, algunas de las imágenes son tiernas, las propias de un padre que adora a su hija, lo cual transmite a quienes ocupan puestos de poder en Washington una visión muy concreta. En palabras de este experto: “Bueno, obviamente es un dictador cruel, sí, pero ama a su familia. No está tan loco como para iniciar una guerra nuclear. Quizás tengamos que conformarnos con una Corea del Norte nuclear”. La hermanísima, concluye Lee, “es muy inteligente”.

El Congreso ha funcionado, además, como un escaparate de las intenciones poco halagüeñas de Kim con respecto a Corea del Sur. Pocas sorpresas en este campo. El texto publicado tras la clausura del cónclave la denomina “la nación más hostil” y deja claro que no contempla una vuelta al marco de reconciliación entre las dos Coreas.

“Pyongyang no tiene ningún interés en entablar diálogo con Seúl en un futuro inmediato, a pesar de los continuos intentos de acercamiento del presidente [surcoreano] Lee Jae-myung”, explica en un intercambio de mensajes Gabriela Bernal, consultora y analista de seguridad sobre la península coreana.

Bernal cree, además, que Corea del Norte se encuentra en “una posición relativamente fuerte gracias a sus alianzas con Rusia y China, lo que reduce su necesidad de acercarse a Corea del Sur o Estados Unidos”. No ve, de momento, signos de apertura económica.

El país se encuentra en proceso de recuperación, después de haber tocado fondo en 2020, cuando sufrió la mayor contracción desde las hambrunas de los años noventa, debido al cóctel de las sanciones de la ONU, las medidas de confinamiento por la pandemia y las malas condiciones meteorológicas. En gran medida, el cambio se debe a la ampliación de los lazos económicos con Rusia, que envía alimentos y recursos energéticos a cambio de tropas y equipamiento militar.

Hay también señales que inducen a pensar en que opte por una transición hacia el modelo chino. Durante la última visita de Kim a Pekín, Xi le confió que apoyaba sus esfuerzos para “abrir de manera sostenida una nueva etapa de la causa socialista al estilo coreano”, según recogió la agencia norcoreana KCNA.

Bernal considera “prematuro” hablar de apertura. “La prioridad seguirá siendo normalizar las relaciones con Estados Unidos y eliminar lo que se percibe como la amenaza que Washington representa para el régimen y el país”, señala.

Aunque, como ocurre con casi todo en Corea del Norte, es imposible inferir los próximos pasos. Las señales resultan demasiado confusas bajo los eslóganes bombásticos de la propaganda. “Lancemos todos juntos una lucha enérgica por la nueva era” y “por la invencibilidad de la causa socialista”, concluyó Kim su discurso ante las tropas.

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