Hay detalles cotidianos de la guerra que muestran a Ucrania como un país partido en dos. Un bombardeo ruso dejó el 20 de enero a la población en Kiev con un apagón casi total, la suspensión del suministro de agua y de calefacción. Aquel día, en Lviv, la mayor ciudad del oeste de Ucrania (720.000 habitantes), la luz en el centro urbano funcionaba prácticamente con plena normalidad. En las calles de Kiev rugían los generadores con gasolina que suministran energía a los establecimientos comerciales, pero en Lviv no se escuchaba este incómodo sonido. La telefonía móvil operaba sin problemas en Lviv, mientras que en la capital, y en otras provincias del centro y del este, el sistema GPS había sido desconectado. Esta medida sirve para impedir que los drones de largo alcance rusos puedan guiarse.

Las carreteras de la provincia de Lviv están iluminadas en múltiples tramos, algo impensable en el este de Ucrania. El asfalto está en buen estado, algo difícil de encontrar en las regiones próximas a los combates, donde se evita repararlo, además de que el tráfico de vehículos militares es constante. Cada uno de estos detalles ilustra que en Ucrania hay dos realidades: la de un este deprimido y la de un oeste reforzado.

Cerca de cuatro millones de personas, según Naciones Unidas, se han desplazado internamente en Ucrania para huir de zonas próximas a los combates. El número de los refugiados en el extranjero está en torno a los nueve millones. Los desplazados internos también traen con ellos su empeño económico. Las estadísticas del Gobierno apuntan a que, desde el inicio de la invasión rusa en 2022, cerca de 30.000 empresas han cambiado su sede.

No hay datos oficiales sobre la evolución del PIB por regiones durante la guerra. La previsión del Banco Nacional de Ucrania para 2025 es que la economía crecería un 1,9% y en 2026, un 2%. La economía ucrania se hundió en 2022, el primer año de la invasión, y el PIB sigue siendo un 20% inferior al anterior a la guerra.

Kiev ha sido el principal destino de este éxodo económico, pero la capital está perdiendo atractivo. Los bombardeos rusos se están cebando con la ciudad desde el pasado otoño, golpeando su sistema energético, fundamental para la vida y para la industria. Solo en enero han abandonado Kiev 600.000 personas, según explicó el 20 de enero el alcalde, Vitali Klitschko. Esto representa el 20% de la población de la ciudad.

La decena de personas entrevistadas para este artículo en Lviv y en otra ciudad del oeste, Ivano Frankivsk, coinciden en que Kiev está perdiendo peso. “Mi sensación es que cada vez hay más negocios que descartan Kiev por el tema energético y por los ataques. Allí cada día puedes escuchar el vuelo de los drones Shahed, pero yo, el último que escuché en Lviv, fue hace tres meses”, explica Dmitro Bidiuk, director de Rekava. El aparato impactó no lejos de su domicilio.

Bidiuk (40 años) fundó esta empresa de producción de tazas de café biodegradables en Sumi, localidad del noreste de Ucrania a tan solo 18 kilómetros del frente de guerra. En 2022 abandonó la ciudad con su mujer para instalarse en Lviv. Actualmente factura cinco veces más que en Sumi. “En Lviv hay más oportunidades para hacer negocio, hay más mercado, más opciones de atraer inversiones, y la ciudad es agradable”, dice Bidiuk.

Los cortes de luz son frecuentes en Lviv, según datos de la empresa eléctrica Dtek, pero no son constantes y no superan las 10 horas. Esto es mucho, pero en Kiev es el doble y periódicamente.

“No creo que sea seguro volver al este aunque haya algún tipo de acuerdo de paz con Rusia”, dice el propietario de Rekava: “El objetivo ruso es destruir toda Ucrania, solo será seguro cuando Rusia no tenga los recursos para continuar haciendo la guerra”.

En Lviv reside desde junio de 2025 Viktoria Aleksieieva, asistente del Hub Cultural de la Unesco, un lugar de formación de artistas financiado por el Gobierno de España. Aleksieieva, de 30 años, abandonó Kiev aquel verano en una fase intensa de bombardeos rusos: “Estaba harta de tantas explosiones, y el problema ha ido a peor”. Aleksieieva confirma que el flujo de creadores e intelectuales que acogen de otras regiones en el centro de la Unesco va en aumento, sobre todo mujeres, señala, porque muchos hombres tienen miedo de desplazarse y ser detenidos por las patrullas de reclutamiento.

Aleksieieva es optimista respecto al futuro, cree que una vez terminada la guerra volverán millones de ucranios que se han formado en el extranjero para reconstruir el este. El Instituto de Estudios Demográficos Mijailo Ptuja, el más importante de Ucrania, prevé que solo regresará un 30% de la población que huyó al extranjero.

Los entrevistados procedentes del este, como Bidiuk, tienen una visión más sombría respecto al futuro que los del oeste. “Yo soy realista, sé que no volveré a mi ciudad y que los rusos seguirán avanzando en Zaporiyia”, lamenta Valeria Buchasta desde la barra de su restaurante en Ivano Frankivsk. Ella tiene 31 años y es de Berdiansk, ciudad de la provincia de Zaporiyia ocupada por Rusia en 2022. “En aquel momento le dije a mi marido que nos fuéramos muy lejos, al oeste, porque no quería instalarme en algún lugar del este y tener que volver a emigrar”. Buchasta no hace planes para el futuro, dice que lo mejor es no tener expectativas.

Triunfo de Putin

“El primer paso para las empresas del este es ir a Kiev, pero cada vez más terminan en una segunda fase desplazándose al oeste”, valora Tarás Yatsenko, director del grupo de comunicación de Lviv Tvoe Misto. “Pero Lviv está saturada y el siguiente paso será salir hacia Europa. La situación es un triunfo de Vladímir Putin, que está desequilibrando el país y vaciándolo de recursos”, añade Yatsenko.

Mientras el este carece de oportunidades para salir adelante, el oeste afronta una saturación exprés sin las infraestructuras necesarias para asumir esta ola. Los precios de la vivienda son un ejemplo: si en la región de Lviv el coste medio de alquiler de un apartamento de un dormitorio es de 285 euros mensuales, en centros industriales próximos al frente como Járkov o Jersón es de 100 y de 60 euros, respectivamente. Son datos de un estudio de mercado publicado este enero por el portal inmobiliario Dim Ria.

Buchasta tiene su restaurante en las instalaciones de Promprylad, una antigua fábrica en el centro de Ivano Frankivsk que se ha convertido en el polo económico de la ciudad. Un total de 76 empresas tienen allí su sede, informa Tania Vasilik, directora de operaciones de la fundación que gestiona Promprylad. Desde el inicio de la guerra han tenido que ampliar el espacio para acoger empresas, de los 6.000 a los 19.000 metros cuadrados. La ocupación es plena. “Una iniciativa como Promprylad es y será imposible en Zaporiyia, es y será demasiado peligroso”, aventura Buchasta.

“El principal problema de Ivano Frankivsk es que la demanda de espacio es muy superior a la oferta. Somos después de Kiev la ciudad donde se está construyendo más”, indica Vasilik. La mitad del nuevo parque inmobiliario son inversiones de personas que no residen en el municipio. Su población es de 240.000 personas.

Vasilik opina que la capital ucrania está sufriendo estos meses una despoblación de familias, que buscan destinos seguros para los niños, pero no de empresas: “Mi impresión es que en Kiev se están cerrando empresas porque sus propietarios ya no quieren afrontar un nuevo desplazamiento”.

“En verdad lo que se está produciendo es un reequilibrio de la industria ucrania”, dice con un punto de ironía Fedir Timoshen, director de relaciones exteriores del Grupo Electro Cable (ECG). Este consorcio familiar de Zaporiyia es el mayor productor de cables para la electrónica y telecomunicaciones de Ucrania. En 2022 trasladaron a Ivano Frankivk la fábrica de cables de cobre ZFNM. “La gran industria ha estado tradicionalmente en el este, y cuando llegamos aquí, fueron nuestros trabajadores de Zaporiyia los que tuvieron que formar a los nuevos empleados locales”.

Timoshen (43 años) explica que ZFNM solo está produciendo un 20% de lo que fabricaba en Zaporiyia. Su mercado ha dado un vuelco: si antes de la guerra el 80% de la producción era para el mercado nacional, hoy el 80% va a la exportación. La economía ucrania está en horas bajas y ha tenido que cambiar los objetivos. En Zaporiyia, a 20 kilómetros del frente de guerra, esto sería imposible. “Sin electricidad y sin agua no podríamos operar, y nuestros clientes y proveedores internacionales se niegan a viajar allí”, comenta el directivo de ECG. Dos misiles impactaron en 2025 en el parque industrial de la empresa en Zaporiyia. Las regiones occidentales son, además, una ventaja para la exportación por su mayor proximidad a las fronteras con el resto de Europa.

El principal reto, dice Timoshen, es la falta de personal cualificado. Cientos de miles de jóvenes en edad de formación han abandonado Ucrania. Empresas industriales y agrícolas lamentan que el reclutamiento también les deja sin empleados varones. En el caso de ECG, el problema es menor porque se considera su producción estratégica, porque suministran sus cables a las empresas energéticas de Ucrania, y estos empleados están exentos del servicio militar.

Viktoria Glushchak es ejecutiva de MFT, un fabricante de productos de higiene oral que en 2022 desplazó su producción de Járkov a Ivano Frankivsk. “Cuando estalló la guerra estábamos iniciando el proyecto de construir una nueva fábrica en Járkov que fuera interactiva con los niños y los clientes, como la fábrica de chocolate de Willy Wonka”, explica Glushchak. MFT, explica esta directiva, descartó en seguida trasladarse a Kiev, porque ya en otoño de 2022, cuando se produjo la primera ofensiva rusa contra el sector energético, vieron que la capital sufriría más que las regiones occidentales.

Glushchak es de Ivano Frankivsk y ella también dice estar convencida de que en el futuro la economía en el este se reconstruirá. De nuevo, la opinión de una ucrania alejada de la guerra contrasta con los que la han visto de cerca. Es el caso del matrimonio Dudchenko. Kostia y Polina salieron de Jersón. Esta ciudad del sur está en el mismo frente de guerra: solo el río Dnipró separa a los dos ejércitos. En Ivano Frankivsk han abierto cuatro cafeterías; el restaurante que tenían en su ciudad natal la tuvieron que cerrar hace dos meses. Los ataques constantes hacían insostenible mantenerlo abierto.

El negocio también va a menos en Ivano Frankivsk, dicen los Dudchenko. La crisis económica se nota en el bolsillo de los clientes, los problemas con la electricidad, el precio de los alquileres… Pero su nuevo hogar es el paraíso, comparado con Jersón. “El futuro depende muchísimo del acuerdo que se firme con Rusia”, opina Kostia. “Pero volver a Jersón será imposible mientras los rusos continúen al otro lado del río, la amenaza siempre estará allí”, secunda Polina.

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