Hungría ha cerrado este domingo la era de Viktor Orbán. Su rival, Péter Magyar, ha arrasado en las elecciones. Con el 95,6% de los votos escrutados, el candidato del partido Tisza obtiene 137 escaños, frente a 55 del actual primer ministro ultraconservador y prorruso. Orbán ha llamado a Magyar para felicitarle por la victoria. Después, ha comparecido ante sus seguidores para reconocer su “dolorosa” derrota. Un resultado no solo determinante para Hungría sino para toda la Unión Europea: Bruselas se libera del socio más incómodo de la Unión, más alineado con Estados Unidos, Rusia y China que con sus aliados europeos.

“El resultado de las elecciones, aunque todavía no está completo, está claro”, ha dicho el aún primer ministro en la sede donde esperaba los resultados electorales. “No se nos ha otorgado la responsabilidad y la oportunidad de gobernar”, ha continuado, antes de comprometerse a seguir sirviendo a la nación húngara: “Nunca nos rendiremos”.

Cuando Magyar ha salido del hotel donde seguía los resultados, ondeando una bandera húngara, para dirigirse a una multitud enfervorizada, miles de móviles se han erguido a su paso. No querían grabar solo al próximo primer ministro, sino al que consideran un héroe por haber derrotado a Orbán después de 16 años consecutivos de gobierno (más otros cuatro a finales de los noventa). La escena ha sido épica, con el edificio del Parlamento de testigo al otro lado del Danubio y la explanada iluminada con antorchas y las luces de los teléfonos.

Magyar ha declarado el fin de la época de Orbán. “Juntos hemos liberado a Hungría. Hemos recuperado nuestro país”, ha dicho. El ganador de los comicios ha calificado su victoria de “milagro”, con un mandato poderoso de 3,3 millones de votos, el mayor conseguido, ha remarcado, en la historia democrática del país. “Hungría ha hecho historia”.

Han sido 16 años de corrupción y deterioro democrático en los que el primer ministro ultraconservador se ha erigido como el socio más problemático de la UE. Ni la injerencia electoral de Moscú o Washington ni el apoyo de los líderes mundiales de ultraderecha han salvado al dirigente húngaro en su hora más amarga. Péter Magyar, un abogado salido de sus propias filas, ha logrado lo que ningún otro aspirante: agrietar un sistema que parecía inexpugnable y desalojar de su fortaleza al líder más veterano de la UE.

La participación ha sido de récord. A las 18.30, media hora antes del cierre de las urnas, había votado ya el 77,8% de los 7,5 millones de electores registrados. Es la mayor movilización desde la caída del comunismo, superando la registrada en 2002 (un 70,53%). Los datos reflejan el ansia de cambio que recorría a la sociedad húngara.

Estas eran unas elecciones cruciales para la UE y sus adversarios. Para Bruselas, la derrota de Orbán es una victoria. Ha caído el abanderado de la lucha contra la Europa liberal, que tenía el objetivo declarado de dinamitar desde dentro la integración europea y el consenso en valores democráticos de la UE. El primer ministro de un país de 9,5 millones de habitantes, el 2,1% de la población total de la Unión, ha bloqueado en los últimos años las grandes políticas europeas y ha usado el derecho de veto como elemento de chantaje. Ya no se sentará en el Consejo Europeo. La piedra en el zapato de la unidad europea ha sido, por ahora, neutralizada.

Rusia y China se jugaban este domingo la permanencia de su emisario, capaz de sacrificar los intereses de sus socios por los de sus aliados del Este. Las denuncias de injerencia de Moscú en los comicios han sido permanentes. Los medios controlados por Orbán y los ejércitos de bots en las redes sociales han difundido la habitual propaganda rusa para generar desinformación, miedo y división entre los votantes. Informaciones procedentes de servicios de inteligencia extranjeros advertían, además, de la presencia de operativos rusos en Budapest dispuestos a ir más allá del espectro cognitivo, con operaciones de falsa bandera. La campaña del Kremlin ha fracasado en las urnas.

La Administración estadounidense de Donald Trump ha hecho todo lo posible también para mantener en el poder a su mayor aliado en la UE. El presidente publicó varios mensajes de apoyo, vinculó su respaldo económico a Hungría a una hipotética victoria de Orbán y envió a su número dos a Budapest, el vicepresidente J.D. Vance. Tampoco funcionó.

La principal cita electoral del año en la Unión Europea supone el primer gran fracaso de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, que en diciembre de 2025 se puso como prioridad apoyar movimientos soberanistas como el de Orbán para “cultivar la resistencia” interna en la UE.

Las visitas y vídeos de los líderes mundiales de extrema derecha, como el israelí Benjamín Netanyahu, el argentino Javier Milei o el español Santiago Abascal, tampoco torcieron la determinación de los húngaros, cuya participación ha sido de récord. La internacional ultra pierde un líder simbólico. Pero también un activo pilar del movimiento, que ha financiado con el dinero de los contribuyentes think tanks, un gran centro de formación para las élites iliberales y créditos bancarios a formaciones como Vox, a través de una entidad ligada al Gobierno.

Otro aviso para los aspirantes autoritarios del mundo: el modelo de Orbán, construido para perpetuarse en el poder y controlar el Estado, ha demostrado que no es infalible.

Ucrania también se puede apuntar una victoria. Budapest ha bloqueado y retrasado permanentemente las decisiones en la UE para socavar el poder de Rusia y ayudar Ucrania a defenderse de la invasión a gran escala. El veto más reciente y crítico ha sido el que impuso al crédito de 90.000 millones de euros pensado para salvara a Kiev de la bancarrota.

Magyar, a quien Orbán ha intentado vincular con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, durante la campaña, es ambivalente con Ucrania, igual que buena parte de la sociedad húngara. Según Policy Solutions, un centro de análisis de Budapest, el 64% de la población se opone, por ejemplo, a la adhesión del vecino del este a la UE. En campaña, el líder de Tisza no ha entrado en el asunto y se ha limitado a anunciar que sometería la cuestión a referéndum.

Incógnitas

Tras su victoria, Magyar deberá resolver muchas incógnitas. El exmiembro de Fidesz ha defendido la vuelta de Budapest al centro de la UE frente al acercamiento de Orbán a Moscú. Ha prometido invertir en infraestructuras y servicios públicos, especialmente en educación y sanidad, en condiciones nefastas. Y se ha comprometido a restaurar el Estado de derecho. Ha evitado sin embargo activamente pronunciarse en asuntos como los derechos del colectivo LGTBI, aunque sí ha dejado claro que su política migratoria seguirá siendo de mano dura.

Magyar es ideológicamente un producto de Fidesz pero, de entre sus votantes, apenas el 11% encaja en ese marco, según los sondeos. El resto es una mezcla de liberales, izquierdistas y ecologistas que se han volcado en su candidatura como la mejor herramienta al alcance para derrocar a Fidesz desde dentro. El Parlamento húngaro queda en mano de dos grandes grupos con dos liderazgos ultraconservadores, más un tercero minoritario de extrema derecha, Nuestra Patria, que obtiene siete escaños. El líder de Tisza necesitará sin embargo mantener el apoyo y la confianza de la base que le ha llevado a la victoria. Pero, a la vez, deberá emprender medidas poco populares para enderezar un presupuesto con un déficit del 4,7 % del PIB y en torno al 74%-75% de deuda pública.

El ganador de las elecciones tiene entre sus primeros objetivos desbloquear los cerca de 18.000 millones de euros que la UE tiene bloqueados a Hungría por la corrupción y los ataques de Orbán al Estado de derecho. Para el país, recuperar ese dinero es urgente. Para hacerlo debe cumplir primero con los hitos que impuso la Comisión Europea, como resolver la independencia de las universidades. En línea con su sistema de captura institucional, Orbán privatizó las universidades públicas, que ahora están gestionadas por fundaciones controladas por personas de Fidesz.

Otra duda era si lograría sumar la mayoría suficiente para hacer las reformas que deshagan el sistema de Orbán. Tanto la Constitución como las llamadas leyes cardinales o la sustitución de los altos cargos requieren una supermayoría de dos tercios. El sistema electoral creado por Fidesz para ampliar la ventaja del partido en el poder finalmente ha funcionado a favor de su adversario.

“Nunca nos rendiremos”, ha afirmado Orbán ante sus seguidores al reconocer su amarga derrota. Tras votar el domingo por la mañana, le preguntaron si dimitiría de su cargo en Fidesz ante unos malos resultados. Afirmó que solo si era una gran derrota. Su liderazgo interno queda en todo caso cuestionado, pero algunos analistas opinan que el líder de Fidesz esperará a que Tisza sufra su falta de estructura firme y las divisiones por su diversidad ideológica. Entonces, según estos expertos, Orbán volvería con más fuerza, como el Donald Trump de su segundo mandato o el Robert Fico de la vecina Eslovaquia. Como ya hizo él mismo en 2010, después de no conseguir la reelección tras su primer mandato, entre 1998 y 2002.

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