El portaaviones Abraham Lincoln y su grupo de escolta han llegado ya a aguas de Oriente Próximo, donde permanecerán desplegados para reforzar la presencia militar de Estados Unidos en la región y para el caso de que Donald Trump opte por lanzar un ataque contra Irán si continúa allí la represión contra los manifestantes que protestan contra el régimen, como ha amenazado en varias ocasiones el presidente estadounidense.
La llegada del grupo de buques de guerra se produce después de que Trump advirtiera el pasado jueves que “una flota masiva” se dirigía hacia las cercanías de Irán “por si acaso” él decidiera ordenar algún tipo de operación militar contra la República Islámica. En esas mismas declaraciones también matizaba que “quizás no tendremos que usarla”.
El grupo de escolta del Lincoln incluye tres destructores equipados con misiles guiados: el Frank Petersen Jr, el Spruance y el Michael Murphy. El portaaviones transporta, además, escuadrones de cazas FA-18 Super Hornets, aviones de combate F-35 y helicópteros MH-60R/S.
Según han indicado mandos militares a medios estadounidenses, aunque la flota ya se encuentra en aguas bajo responsabilidad del Comando Central (responsable de las operaciones de Estados Unidos en Oriente Próximo), aún no ha llegado a su emplazamiento definitivo. El Pentágono también envía a la zona aviones caza y sistemas de defensa aérea estadounidenses, cuya llegada se espera en los próximos días.
El portaaviones y su grupo de escolta se encontraban desplegados en aguas de Asia-Pacífico cuando recibieron la orden de desplazarse a Oriente Próximo a raíz de la escalada de la tensión entre Washington y Teherán por la violenta represión iraní contra los manifestantes.
Tras lo que llegaron a parecer preparativos para un ataque inminente, Trump cambió de discurso repentinamente hace una semana y media. Mientras las protestas por todo el territorio iraní quedaban sofocadas, el presidente estadounidense declaraba que el número de muertos diarios estaba en retroceso, y que no parecía que hubiera planes para ejecutar a presos políticos.
Su decisión de evitar de momento una nueva intervención en Irán parece haber estado motivada, al menos en parte, por la falta de fuerzas estadounidenses suficientes en la zona: el portaaviones que había estado asignado a la región, el Gerald Ford, zarpó hacia el Caribe en octubre pasado para participar en el despliegue militar de presión contra Venezuela y la operación que capturó al presidente Nicolás Maduro el pasado día 3. El mayor buque de guerra de la flota estadounidense aún permanece allí, como parte de la Operación Lanza del Sur contra el narcotráfico y como herramienta de presión para el Gobierno provisional venezolano que encabeza Delcy Rodríguez, bajo tutela de Washington.
Trump ya ordenó en junio pasado un gran despliegue de fuerza militar estadounidense en la zona del Comando Central. Aquel fue el paso previo para un ataque contra objetivos del programa nuclear iraní. El presidente estadounidense asegura desde entonces que ese programa quedó completamente destruido, aunque otros expertos consideran que los daños no fueron absolutos y los bombardeos solo han retrasado el desarrollo de las actividades nucleares iraníes, no lo han impedido.
La semana pasada, un alto cargo iraní aseguró que cualquier ataque estadounidense se considerará “una guerra abierta”. Este lunes, el portavoz del Ministerio de Defensa iraní, el general Reza Talaei-Nik, advirtió a Israel y Estados Unidos contra cualquier posible agresión, al declarar que su país replicaría “con una respuesta más dolorosa y más decisiva que en el pasado”.
Este fin de semana, las fuerzas estadounidenses anunciaron que llevarán a cabo maniobras militares en la zona para “demostrar la capacidad de desplegar, dispersar y mantener poderío aéreo de combate”. Emiratos Árabes Unidos, que acoge la base aérea estadounidense de Al Dhafra, anunció este lunes que no permitirá el uso de su espacio soberano para perpetrar ningún tipo de acción militar hostil contra la República Islámica.
