Más allá de la lucha por la hegemonía en las comunicaciones por internet entre Elon Musk y Jeff Bezos, el exitoso lanzamiento de los 32 satélites Leo de la compañía de este último (Amazon) este jueves desde el centro espacial europeo de Kourou (Guayana Francesa), con sistemas propios y una precisión milimétrica, tiene dos consecuencias fundamentales para la industria espacial de la UE: demuestra que es económicamente viable y que la soberanía tecnológica está garantizada.
El director general de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), el austriaco Josef Aschbacher, lo dejó muy claro en 2023 en Sevilla: “La economía espacial está creciendo. No participar en esto sería estratégicamente muy difícil de justificar. Hemos perdido el tren”. De aquel rapapolvo público salió un compromiso de retomar la capacidad operativa y lanzarse al mercado espacial comercial.
Mission VA267: Relive the liftoff of mission VA267.
Ariane 6, in its Ariane 64 configuration, just lifted off from Europe’s Spaceport in French Guiana, carrying 32 @Amazonleo satellites into Low Earth Orbit.
▶️ Watch the replay of this incredible lift off.
This launch marked… pic.twitter.com/UYY0IOVCfe
— Arianespace (@Arianespace) February 12, 2026
El lanzamiento de ayer desde Kourou, tres años después del cambio de rumbo europeo, demuestra que en solo tres años se ha recuperado el tiempo perdido. El Ariane 6-4 que ha despegado desde la Guayana Francesa este jueves es una demostración de que los hitos se van cumpliendo. La tecnología europea ha llevado al espacio en un cohete de máxima carga los satélites que conformarán la constelación Leo. Amazon se ha convertido así en el primer cliente comercial de la industria espacial europea y mantiene contratados casi un centenar de nuevos lanzamientos. “Arianspace es una compañía comercial”, admite orgullosa Caroline Arnoux, directora de la unidad de negocio del Ariane 6, un cohete que ha sido probado con iniciativas gubernamentales hasta ahora, cuando se ha abierto al mercado con un afamado cliente, una de las mayores compañías del mundo.
Louis Laurent, jefe del programa Ariane 6, no tiene duda. “El lanzamiento es la prueba de que es negocio”, afirma tajante, sin titubeos. Comenta que llevar 22 toneladas al espacio supone un coste de entre 200 y 250 millones de euros y que esta industria no va a parar de crecer. “No se puede vivir sin satélites. La vida sería totalmente diferente sin ellos. Esta [el despliegue de Leo] es la primera misión puramente comercial. Pero, además, estratégicamente es muy importante”.
En este sentido, Laurent resalta que el Ariane ha llevado ya al espacio instrumentación de posicionamiento (el GPS europeo conocido como Galileo), de observación y predicción meteorológica —“en eso somos los primeros”, destaca—, así como otros dispositivos desarrollados por los Estados miembros de la ESA. “Tenemos un programa espacial sólido y consistente. Somos independientes”, concluye orgulloso.
Pero el programa Ariane no solo es importante por la ruptura de una inercia de la industria espacial europea hacia la irrelevancia. También lo es porque ha retomado el camino de la innovación en una de las tecnologías más significativas y con más retorno. Según Lisa Scalope, directora de consumo de Amazon Leo, de acuerdo con un informe de Oxford Economics y la multinacional, la constelación de satélites de su compañía “contribuirá en 2.800 millones de euros al PIB europeo hasta 2029 y mantendrá 3.270 trabajos anualmente”.
Tecnológicamente, la senda espacial también parece haber tomado velocidad de crucero. Europa lanzó con éxito en 2024 la primera versión del Ariane 6, el mayor y más potente cohete desarrollado hasta entonces por la Agencia Espacial Europea (ESA), formada por 22 países, incluida España.
Esa máquina ha evolucionado y va ya por la versión 4, el número de motores que, por primera vez, ha desplegado la nave que ha despegado desde Kourou. Philippe Clar, director de lanzamientos civiles del grupo Ariane, explica que es la configuración de un novedoso “lanzador pesado”, lo que en términos terrestres sería el mayor camión para transporte de mercancías. El Ariane 6-4 es capaz de llevar a la órbita baja hasta 21,6 toneladas, el doble que en su versión anterior.
Esta máquina de 62 metros, la más alta de la historia espacial, prevé incorporar en verano motores mejorados y una renovación completa de los sistemas de propulsión (los P120C serán sustituidos por los modelos P160C mejorados) a principios de año para aumentar la capacidad de carga. Serán desarrollos a partir del Ariane 6-4 recién lanzado, por lo que la misión de este jueves era una prueba crítica. “Ha sido un gran paso”, admite Clar.
Pero no solo en transporte espacial. El programa Ariane ha recibido una propulsión extra por las nuevas necesidades de Defensa. “Sin duda, empujará estos desarrollos. La navegación, la vigilancia y las comunicaciones son críticas”, admite Laurent.
“Este lanzamiento ha demostrado la potencia máxima del Ariane 6. Este primer vuelo mantiene el acceso autónomo de Europa al espacio. Podemos transportar cargas útiles pequeñas y grandes a órbitas cercanas o lejanas con la flota completa de cohetes Vega-C, Ariane 6-2 y Ariane 6-4 de la ESA”, destaca Toni Tolker-Nielsen, director de Transporte Espacial de la agencia espacial europea.
El exigente Aschbacher, lejos de la bronca de hace tres años, se muestra ahora satisfecho, pero deja abierta la compuerta de la exigencia: “[El programa Ariane] vuelve a situar a Europa en el escenario del lanzamiento de todos los satélites a todas las órbitas. Nuestra flota de cohetes está completa, pero no nos detendremos aquí. Ya se están llevando a cabo mejoras para futuros lanzamientos, empezando por el lanzamiento de nuestro cazador de planetas Plato, que está previsto que se lance en un Ariane 6 mejorado”.
