Las cumbres políticas encuentran un aperitivo intelectual perfecto en París con una sesión de análisis y reflexión en la universidad. Así, en su viaje a Francia para encontrarse con el presidente Emmanuel Macron, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y su homólogo de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, se detuvieron en el Instituto de Ciencias Políticas de París (Science Po), cuna del pensamiento político francés y fabuloso símbolo del compromiso europeo. Ambos dirigentes, convertidos en las últimas semanas en el centro de atención por las ansias imperialistas de Donald Trump y su voluntad de hacerse con la isla ártica, como les recordó el escritor y presentador del acto, Giuliano da Empoli, y ante un auditorio lleno de estudiantes y docentes, se desahogaron. “Estamos sometidos a mucha presión, la verdad”, lanzó el groenlandés.

Nielsen, de 34 años, un político con aire de ciudadano corriente —en su país viven apenas 57.000 habitantes y “todo el mundo se conoce”— recordó que ahora debe cuidar de su gente. “Están asustados. Imaginen que ustedes llevan viviendo aquí años y han sido leales con sus aliados. Y entonces tienen que tranquilizar a sus ciudadanos porque temen que uno de sus aliados quiera comprarles o usar la fuerza para invadirles. Nos asusta que el mundo se descomponga y, sobre todo, la falta de respeto por las leyes internacionales. Ese es el sentimiento”, señaló pese a reconocer un cambio de ritmo en las últimas semanas gracias a la unión mostrada por Europa. “La Casa Blanca no tiene ni idea de lo que es Groenlandia”, insistió.

Da Empoli, autor de obras premonitorias como El mago del Kremlin y La hora de los depredadores (Seix Barral, 2025), recordó al primer ministro de Groenlandia el momento en el que aseguró que si EE UU decidía atacar a otro miembro de la OTAN, todo se detendría, incluso la propia OTAN. “Este es un momento en el que cristaliza algo, me recuerda a aquel momento en el que Mario Draghi, siendo gobernador del BCE, pronunció su famoso ‘lo que haga falta’ [para sostener el euro]. Es un despertador para Europa, el problema es que cuando suena hay que salir de la cama”, señaló Da Empoli.

La primera ministra danesa, seguidora del escritor —“he leído todos tus libros, ahí está explicado todo”— sedujo rápido al auditorio e insistió en su intervención en el escaso margen para Europa. “A veces hay que escribir la conclusión antes que el libro. Y nunca puedes comprometer tus valores democráticos, porque entonces se termina el juego. Dinamarca es un Estado soberano, y la integridad territorial es uno de los valores fundamentales de la democracia. Y además, no se puede amenazar a un aliado. Es lo que hace Rusia. Si les dejamos que tomen Ucrania, tomarán otras partes. Y ocurre lo mismo en China. Por eso Europa debe permanecer unida”.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y sus polémicas palabras señalando la dependencia de Europa respecto a EE UU en cuestiones militares, fueron también objeto de análisis por parte de la líder danesa. “Fui educada para ser agradecida con los EE UU. Sé que nos salvaron en 1945. Soy una gran defensora de la Alianza Atlántica. Pero hay que ser realista. Nos equivocamos al cortar el gasto militar. Rusia hizo lo contrario y está preparada para atacar, pero además si los europeos no se pueden proteger solos, entonces ¿qué somos? Fue un error pensar que podíamos gastar en cultura, estado del bienestar, sanidad… y que si ocurría algo, vendría EE UU a salvarnos. Hay que rearmarse ahora, es lo más importante”.

Frederiksen fue muy clara y sintética e insistió en la vieja idea europea de priorizar el gasto social. Vino a decir: “Hay que resolver todos los problemas a la vez: transición ecológica, control de la inmigración, rearmarse y tener un balance social en todas las decisiones políticas. ¿Es posible? Sí. ¿Es complicado? Pues claro”. Y justo ahí recibió un enorme aplauso de toda la sala.

El vínculo de Groenlandia con Europa es cada vez más fuerte, explicó su primer ministro. “No hay duda de que la democracia, Europa y la Alianza Atlántica son nuestros valores. Queremos ser aliados de países que respetan democracia y las leyes internacionales. Pero nunca seremos aliados amenazados. Groenlandia mira mucho más hacia Europa que hacia ningún otro sitio porque queremos mantener esos principios. Estamos dispuestos a contribuir más. Hasta ahora hemos hecho poco. Pero esto cambiará. Estamos de acuerdo en que hay que hacer más en temas de seguridad en nuestra región, también por la amenaza rusa”.

El problema, sin embargo, llega también a menudo desde dentro de esas democracias, quiso remarcar Da Empoli en referencia a la fragmentación que producen determinados movimientos políticos y fenómenos como el de las redes sociales. “Veo signos de movimientos negativos en los próximos años. La democracia es ser pragmático, buscar soluciones con gente con la que no estás de acuerdo. Pero lo que provocan las redes sociales es lo contrario. El algoritmo solo genera división. Es blanco o negro, y la democracia es lo contrario. Hay que regular mucho más en esa área. Y sobre todo, hay que liberar a los niños de las redes sociales y el teléfono”, señaló.

Nielsen insistió en esa idea y señaló que la intoxicación de las redes es total. Incluso en su ámbito, donde su hija le mostró el otro día un vídeo generado con inteligencia artificial en el que se le veía a él corriendo mientras Trump le perseguía subido a un oso polar. “La Casa Blanca no tiene ni idea de lo que es Groenlandia. Y ese es también el problema de las plataformas tecnológicas. Lo intentaron todo: referéndum de independencia, luego un acuerdo en distintas plataformas. Pero en Groenlandia no somos estúpidos. Vemos cómo tratan a su gente, cómo funciona la democracia. Somos 57.000, nos conocemos todos. Vemos los vídeos de inteligencia artificial que circulan… Pero no tienen ni idea de quiénes somos”.

Algo más tarde, ambos fueron recibidos por Macron en el Elíseo. El jefe del Estado francés insistio en la idea del despertar. El reciente pulso con Estados Unidos sobre Groenlandia “es una llamada de atención estratégica para toda Europa”. Este «despertar» debe centrarse “en la afirmación de [nuestra] soberanía europea, en la contribución [europea] a la seguridad del Ártico, en la lucha contra las injerencias extranjeras y la desinformación, y en la lucha contra el calentamiento climático”, afirmó el presidente francés.

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