TikTok anunció el pasado viernes que su red social en EE UU pasaba a ser una nueva empresa formada entre la china original, Bytedance, y una mayoría de socios estadounidenses. Algunos de esos socios eran aliados del presidente Donald Trump, entre ellos Larry Ellison, fundador de Oracle. Uno de los puntos del acuerdo dice que la nueva sociedad “volverá a entrenar y actualizar el algoritmo de recomendación de contenidos” de TikTok. Un día después, la policía migratoria estadounidense, conocida por sus siglas de ICE, mataba en Minneapolis al enfermero Alex Pretti.

El resultado de conjugar ambos hechos ha creado una ola de sospechas más o menos razonables sobre la libertad de expresión y el poder de las grandes plataformas digitales para dictar qué se ve y qué no, qué se puede decir y qué no. Primero, algunos usuarios mostraron dudas al tener que aceptar unos términos de servicio del nuevo TikTok que incluían detalles sobre geolocalización, inmigración o estatus de ciudadanía. Nada que fuera muy distinto del TikTok anterior, pero el contexto sí era otro. Segundo, desde el lunes, docenas de usuarios empezaron a compartir pantallazos de TikTok donde vídeos sobre ICE o Minnesota tenían cero visualizaciones. Nadie los estaba viendo.

El diputado estatal de California Scott Wiener mostró su perfil en TikTok con un vídeo con cero visitas donde pedía una nueva ley que permitiera denuncias contra agentes federales en su estado. TikTok respondió este martes que todo se debía a un problema técnico en uno de sus centros de datos por una caída eléctrica. A pesar de que la coincidencia aumentara las sospechas políticas, otros usuarios lamentaban que algunos vídeos no relacionados con Minnesota también funcionaban mal.

Por si fuera poco, otra sospecha: este martes TikTok no dejaba mandar mensajes privados con la palabra “Epstein” en EE UU, según denunciaban los usuarios. El gobernador de California, Gavin Newson, demócrata y posible candidato a la presidencia en 2028, anunció una “investigación” sobre todos estos problemas para ver si infringen la ley californiana. Más allá de si el origen de estos cambios era voluntario y político, surgen dos reflexiones. Primero, lo evidente: cualquier plataforma puede hacer estos retoques adrede y no a causa de un hipotético problema técnico. Y dos, si los problemas son reales, es un mal augurio para la nueva etapa “estadounidense” de TikTok.

El senador demócrata Chris Murphy dijo en la red X que la actitud de TikTok es uno de los grandes peligros para convivencia en EE UU: “Sé que ahora mismo es difícil seguir la pista a todas las amenazas contra la democracia, pero esta está en lo más alto de la lista”. Se da la casualidad que los mayores temores en contra de TikTok vienen una vez que la red está en manos estadounidenses.

En el origen de todo este proceso de nacionalización está una ley del Congreso impulsada con Joe Biden en la presidencia, precisamente para que dejara de estar controlada por una empresa china. “La ley para prohibir TikTok fue un error”, ha dicho el congresista demócrata Ro Khanna. “Lideré el esfuerzo para derogarla y, como nuevo miembro de mayor rango del Comité Selecto sobre China, me aseguraré de que se proteja la libertad de expresión”, añade Khanna.

Las novedades hicieron que algunos usuarios pidieran el abandono de TikTok o aprovecharan para irse. Según datos de un medidor fiable de descargas, SensorTower, que compartió con la cadena CNBC, las desinstalaciones de TikTok en los últimos días eran un 150% más que en los tres meses anteriores. Todos estos hechos relanzaron una red social llamada UpScrolled, creada por el palestino-australiano Issam Hijazi, que se colocaba en la parte alta de las aplicaciones más descargadas en EE UU y otros países anglosajones.

Otras redes trataron de aprovechar este río revuelto en TikTok. Kick, una plataforma de streaming conocida por su polémica libertad creativa, ofrecía ventajas a influencers con más de 500.000 seguidores en TikTok. Rumble, una plataforma de vídeo similar a YouTube con un contenido más conservador, anunciaba el lanzamiento de vídeos verticales breves en su plataforma.

Esta coincidencia de hechos han provocado que se analicen con lupa las decisiones de moderación de otras redes, como las de Meta. En Instagram, Facebook y Threads, las tres del emporio de Mark Zuckerberg, no se pueden subir enlaces a la web Icelist, que se dedica a revelar la identidad de agentes de esta policía migratoria. La limitación es global. Este periódico lo ha comprobado desde España: “Enlace no permitido”, dice en Threads al subir un enlace a la organización. O “tu contenido no se ha podido compartir porque el enlace infringe nuestras Normas comunitarias”, en Facebook. Según un portavoz de Meta, la política tenía que ver con la norma que prohíbe “contenido que pida datos personales identificables de otras personas”. El problema es que Icelist existe desde el verano y nadie lo había impedido.

Los sucesos de Minnesota han provocado que líderes tecnológicos hayan tenido que mojarse y emitir comunicados para distanciarse ligeramente de la Casa Blanca, entre las quejas y protestas de los empleados de las grandes compañías. “Es hora de desescalar”, ha dicho Tim Cook, presidente ejecutivo de Apple. “Lo que ocurre con ICE ha ido demasiado lejos”, ha afirmado Sam Altman, presidente ejecutivo de OpenAI. El primero en decir algo fue Dario Amodei, de Anthropic: “Dado el horror que estamos viendo en Minnesota, mi énfasis en la importancia de preservar los valores y derechos democráticos en casa es especialmente relevante”. Está por ver si sus acciones en las plataformas van también en esa dirección.


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