Danilo y Maks. Uno cursa un posgrado en la región oeste de Ucrania y otro pilota drones en un regimiento del frente oriental. Dos perfiles a priori muy diferentes, si no fuera porque el sentimiento de defensa de un país atacado trasciende las trincheras. El pasado miércoles, el Gobierno del presidente Volodímir Zelenski aprobó una resolución por la que los varones de entre 18 y 22 años pueden salir del territorio, algo prohibido por la ley marcial en vigor desde el comienzo de la invasión rusa, en febrero de 2022. Danilo Statsenko, de 21 años, dice esto acerca de la reforma: “Me preocupa que pueda debilitar al país porque la seguridad colectiva es importante”. Maks, de 36 años, lo expresa así: “Estos chicos son fuente de movilización y la fundación de nuestro país. Si no vuelven, no tenemos futuro”.

Coindicen también en que sobre el papel, abrir la frontera a los más jóvenes tras tres años y medio de guerra es algo bueno. El problema es lo que ocurra con ellos tras cruzar la linde. La decisión adoptada por el Ejecutivo responde además a otra necesidad: que los que ya se fueron antes de cumplir la mayoría de edad, para estudiar, trabajar o simplemente emigrar, puedan regresar. Los que ahora quieran atravesar el cruce, tan solo necesitarán un pasaporte en vigor y un documento de registro militar. Hay una excepción: los jóvenes en esta edad que trabajen para las autoridades estatales o locales solo podrán viajar al extranjero si es por motivos profesionales.

“Queremos que los ucranios mantengan los máximos vínculos con su país”, afirmó el pasado martes la primera ministra ucrania, Yulia Sviridenko, al dar a conocer la reforma. “El principal objetivo es brindar a los jóvenes ucranios mayores oportunidades de estudio, prácticas y empleo legal”, añadió en un mensaje en las redes el titular de Interior, Igor Klimenko.

La ley marcial impedía hasta ahora salir del país a ciudadanos entre los 18 y 60 años y aptos para el combate. La edad mínima de reclutamiento militar está en los 25 años. A partir de esa edad, los ucranios pueden ser llamados a filas, con salvedades como tener tres o más hijos, estar al cuidado de personas dependientes, contar con un certificado médico que les inhabilite… Por debajo de esa edad, el reclutamiento es voluntario.

A sus 21 años, Statsenko, natural de Vilshanka, en el suroeste del país, y recién graduado en Teología en la Universidad Católica Ucrania, se expresa con madurez. No tiene planes de abandonar su tierra, al menos mientras dure la guerra. “Por supuesto, [la reforma] es un alivio”, señala. “Se trata de aumentar las oportunidades, no de reducirlas”. Cree que muchos saldrán y algunos no volverán. “Veo además cierta incoherencia en esta decisión con la promoción de contratos para jóvenes”, continúa.

Statsenko se refiere al llamado contrato 18-24 puesto en marcha el pasado febrero, un programa que permite a chicos y chicas de esa franja firmar por un año con el ejército a cambio de un millón de grivnas (22.000 euros, de los que reciben 4.575 tras la rúbrica), entrenamiento, servicio médico gratuito, hipotecas a interés cero y la posibilidad de viajar fuera del país.

Ucrania y su Gobierno sufren una enorme disyuntiva con difícil solución ante el acoso de las tropas rusas: sacrificar a los más jóvenes, destinados a tomar las riendas del país a medio plazo, o servirse de ellos para mantener el pulso en el frente de batalla. Una generación además muy variopinta, en la que hay chicos comprometidos con la guerra, otros que se ven incapaces de luchar aunque crean en la causa —“para ser honesto, siempre he sido un poco cobarde”, admite Statsenko en un momento de la conversación—, y algunos que ni siquiera entienden qué hace su país envuelto en esta contienda.

Lo cierto es que el ejército ucranio, con una edad media de sus efectivos de alrededor de 45 años, necesita nuevos reclutas de forma inmediata, debido en gran medida a la superioridad demográfica de Rusia, que además cuenta con una gran capacidad de contratación de mercenarios. Es por eso que algunos en el bando militar ucranio no acaban de ver con buenos ojos la reforma de las normas de frontera. Maks, militar de nombre en clave boomer, es cauto, pero plantea alguna cuestión: “Estoy en guerra para que mis hijos no tengan que combatir“, afirma. “Pero tenemos que saber quién lo hará después de mí”, añade.

Los hay menos contentos y prudentes: “Es una traición a los que estamos sirviendo en el ejército“, dice un soldado de un batallón de seguridad y mantenimiento que prefiere preservar su identidad. “Una indignación absoluta”. Más allá del posible malestar en las filas, dos proyectos de ley sobre el cruce de frontera de los más jóvenes caminan en la actualidad en la Verkhovna Rada (Parlamento de Ucrania). Uno de ellos quiere que el permiso llegue hasta los chicos de 24 años.

Según los datos del centro de investigación sociológica ucranio Rating Lab, los que más quieren abandonar el país son los jóvenes de entre 25 y 34 años, seguidos por la franja que va de los 20 a los 24 años y la que recorre de los 16 a los 19 años. Los sondeos realizados por Rating Lab muestran que de aquellos que piensan con frecuencia en emigrar, el 60% ve la guerra o el riesgo a perder la vida como un motivo significativo. Oleksii Antipovich, director del centro, se pregunta si la reforma del Gobierno presenta “el riesgo de agotar el capital humano y la cantera de reclutas militares”. “Es posible”, apunta en un intercambio de correos. “Pero en la práctica, las decisiones de los ucranios dependen de cómo se desarrolle la guerra y su duración”.

Mark Niemchuk tiene 21 años y es estudiante universitario en Lviv, en el oeste del país. No cree que haya llegado su momento para unirse al ejército e incluso admite que no habla mucho de la “actual situación de la guerra”, aunque todos saben, dice, que Rusia es el enemigo y que comete “crímenes de guerra casi todos los días”. Ve ese lado bueno que señalaba la jefa de gobierno, Yulia Sviridenko. “Es una gran opción para reunir a las familias después de un periodo de guerra tan largo”, relata Niemchuk. “Podría ser una oportunidad para mí, pero no por ahora”.

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