Entre llamamientos al diálogo, aumentan las amenazas y los muertos. Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguraba este jueves que Irán está “suplicando” un acuerdo para acabar la guerra en Oriente Próximo (pese a que Teherán había rechazado sus demandas en la víspera por considerarlas maximalistas) y urgía a pactar un alto el fuego “antes de que sea demasiado tarde”, Israel ha vuelto a matar a un alto mando iraní. Se trata de Alireza Tangsiri, jefe de las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria y al que responsabiliza del bloqueo del estrecho de Ormuz, que está impidiendo el paso de buques y poniendo en jaque el mercado energético mundial. En un nuevo giro, Trump ha anunciado que aplazará diez días el ultimátum que lanzó a la República Islámica hasta el próximo 6 de abril, “a petición del Gobierno iraní”, ha afirmado en una publicación en Truth, su red social.
“Aplazo la fase de destrucción de las plantas eléctricas diez días, hasta el lunes 6 de abril a las 20.00 hora de Washington (02.00 hora peninsular española del martes). Las conversaciones siguen”, afirma el presidente, que asegura que las negociaciones “van muy bien”.
El nuevo golpe de Israel a la cúpula iraní llegó cuando se aproximaba el plazo, este viernes, que había dado Trump para llegar a un acuerdo o “desatar el infierno” contra Irán. El estadounidense había reiterado sus amenazas este jueves en la Casa Blanca, en la primera reunión de su Gabinete desde el comienzo de la guerra: “Tienen ahora la oportunidad de abandonar sus ambiciones nucleares y emprender un nuevo camino”, ha dicho. “Veremos si lo toman. Si no, seremos su peor pesadilla. Y mientras esperamos, les seguiremos haciendo saltar por los aires”, ha declarado, en aparente referencia a la muerte de Tangsiri.
Justo cuando más teme que Trump declare por su cuenta un alto el fuego que no desea, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha subrayado la “coordinación” y “objetivos conjuntos” con Washington, al anunciar el bombardeo contra Tangsiri.
El fuego cruzado continúa en la cuarta semana de guerra en paralelo al canal negociador, y cuando la cifra de iraníes muertos por los bombardeos supera ya los 3.000, según activistas de derechos humanos (la de víctimas israelíes es de 16 civiles muertos y un número desconocido de militares, pues el Gobierno censura esos datos). Israel ha lanzado una oleada de bombardeos centrada en la ciudad de Isfahán, mientras que Teherán ha disparado en pocas horas hasta siete salvas de misiles contra Israel, con las alertas sonando en Tel Aviv y Jerusalén a mayor ritmo del habitual.
En el norte de Israel, en Nahariya, una persona ha muerto por un proyectil lanzado por la milicia Hezbolá desde Líbano. Y otras dos han fallecido en Abu Dabi por los restos de un misil balístico iraní interceptado, según el Gobierno emiratí.
El ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, ha confirmado este jueves que su país está actuando de intermediario (con ayuda de Turquía y Egipto) entre Estados Unidos e Irán. Los mediadores intentan aprovechar el impulso y organizar una reunión para este fin de semana que ayude a superar el rechazo inicial de Teherán a la propuesta de EE UU, algo más dura que la que le presentó antes de la guerra. Pese a la abismal distancia entre las posiciones de Washington y Teherán y la desconfianza entre las partes, se ha abierto el primer horizonte de un final de la guerra (o, al menos, un alto el fuego) negociado.
Liderado hoy por hombres más radicales, después de que EE UU e Israel matasen a sus líderes más pragmáticos, Irán se siente fuerte en la contienda y plantea propuestas de máximos para ponerle fin. También rebaja las expectativas de ese hipotético proceso negociador. “Los mensajes que se transmiten a través de nuestros países amigos, y nuestra respuesta declarando nuestras posiciones o emitiendo las advertencias necesarias, no se llaman negociación ni diálogo”, señaló en la noche del miércoles su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi. “Actualmente, nuestra política es continuar la resistencia y defender el país, y no tenemos intención de negociar”, añadió.
Trump presenta un panorama completamente distinto. En una publicación en su red social, Truth, este jueves, ha dado a Irán por “aniquilado militarmente, sin ninguna posibilidad de recuperación”, y ha asegurado que Teherán está ”suplicando» un acuerdo. Sus negociadores son “muy diferentes y extraños”, ha escrito, antes de lanzar una amenaza: “Más les vale tomarse esto en serio pronto, antes de que sea demasiado tarde, porque una vez que eso ocurra, no habrá vuelta atrás, y las cosas no pintan bien”.

En sus declaraciones en la Casa Blanca, Trump ha insistido en la misma idea. “No sé si conseguiremos llegar a un acuerdo. No sé si estamos dispuestos a ello”, ha apuntado, sobre la posibilidad de cerrar un trato con unos interlocutores a los que ha descrito como “unos grandes negociadores”.
Según ha planteado Trump, una de las grandes exigencias en esas conversaciones es la renuncia de Irán a desarrollar armas nucleares. La otra, la apertura del estrecho de Ormuz, donde según él Teherán ha permitido esta semana el paso de una decena de barcos como muestra de buena voluntad. No ha descartado que, como ha ocurrido en Venezuela, Estados Unidos pudiera acabar haciéndose con el control del petróleo de Irán. “Es una opción”, ha admitido.
Su negociador principal, Steve Witkoff, que desarrolla los contactos con Teherán a través de países mediadores, ha apuntado por su parte que el conflicto se encuentra “en un punto de inflexión, donde (los iraníes) no tienen demasiadas opciones buenas para ellos, más allá de la muerte y la destrucción”. Según el promotor inmobiliario y amigo personal de Trump, reconvertido en negociador diplomático, hay “grandes señales” de que Irán está “buscando una vía de salida” y se podría llegar a un acuerdo de paz.
De momento, Israel ha retirado de su lista de objetivos a eliminar a Araghchi y al presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, según la agencia Reuters. Se lo ha pedido Pakistán, al tratarse de los dos interlocutores más experimentados y pragmáticos disponibles. Desde que comenzó la guerra, el pasado 28 de febrero, el ejército israelí ha matado entre otros al líder supremo iraní, Ali Jameneí; a Ali Lariyaní, figura clave del régimen; y a los máximos responsables de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y de Inteligencia, Esmail Jatib. El último ha sido Alireza Tangsiri.
Israel da pocas probabilidades de éxito al diálogo. Según medios locales, quiere combatir, como mínimo, hasta el 7 de abril, incluso si no logra su objetivo de tumbar el régimen iraní, como proclamó inicialmente.
De momento, al matar a Tangsiri en Bandar Abbas, cerca del corredor de Ormuz, lanza un mensaje de continuación bélica. Así lo ha presentado su ministro de Defensa, Israel Katz, avisando a la Guardia Revolucionaria: “Las Fuerzas de Defensa de Israel los perseguirán y eliminarán uno tras otro”.
