Rusia, Ucrania y Estados Unidos se han reunido este martes en Suiza para abordar algunas de las cuestiones más espinosas para alcanzar un acuerdo de paz. El principal escollo para cerrar un alto el fuego es la demanda rusa de la cesión territorial del 22% de la zona de Donetsk que aún no ha tomado. Una exigencia que Ucrania rechaza. “Las negociaciones de Ginebra fueron tensas”, ha contado una fuente de la agencia rusa Tass al término de las reuniones, que han durado más de cuatro horas y continuarán este miércoles.

Moscú había lanzado un nuevo ataque combinado de drones y misiles contra Ucrania la madrugada del martes, horas antes de que se retomasen las negociaciones a tres bandas. Kiev y Moscú, con la mediación de Washington, han abordado en Ginebra este martes durante más de cuatro horas asuntos como la cesión territorial que bloquea el avance de las conversaciones. Las reuniones continuarán este miércoles en dos bloques, uno militar y otro político.

Según afirmó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, el lunes, la idea para esta ronda de encuentros era “discutir un abanico más amplio” de temas. “Las cuestiones principales se refieren tanto a los territorios como a todo lo demás relacionado con las demandas que hemos planteado”, añadió. La fuente de la agencia rusa TASS que tildó de “tensas” las conversaciones las comparó con las dos rondas anteriores celebradas en enero y febrero en Abu Dabi, donde dijo haber percibido mejor disponibilidad.

En Abu Dabi, las delegaciones lograron avanzar en asuntos técnicos militares para definir una estrategia de salida al conflicto, como mecanismos de retirada, alto el fuego y control del mismo.

“Estamos trabajando de manera constructiva, centrados y sin expectativas excesivas”, escribió en redes sociales, antes del encuentro, Rustem Umerov, el jefe de la delegación de Kiev y también secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional de Ucrania. Al término, informó de que “las conversaciones se centraron en cuestiones prácticas y en los mecanismos de posibles soluciones”.

Las reuniones se celebran a una semana de que se cumplan cuatro años del inicio de la invasión a gran escala, el próximo 24 de febrero. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ejerce presión en especial sobre Kiev. A bordo del Air Force One, envió un mensaje directo a Ucrania: “Más vale que se siente a la mesa rápido”.

Los grandes escollos políticos para un acuerdo de paz permanecen bloqueados. Especialmente la demanda rusa del territorio de Donetsk, en la región de Donbás, por el que pugna militarmente y que todavía no ha conseguido, y la gestión de la planta nuclear de Zaporiyia, en zona ocupada por Rusia. En otros asuntos del documento de 20 puntos sobre el que trabajan se lograron avances en encuentros anteriores.

Entre otras cuestiones, ese texto establece que una parte del frente de guerra se congele en las provincias de Zaporiyia y Jersón. Los rusos se retirarían de las zonas que han ocupado en las provincias de Sumi, Járkov y Dnipropetrovsk. El ejército ucranio no podrá tener más de 800.000 soldados y Kiev renuncia a formar parte de la OTAN.

Como resultado tangible, en la segunda ronda de encuentros de Abu Dabi que concluyó el 5 de febrero, solo se cerró el intercambio de prisioneros de guerra. El canje, el primero de ese tipo después de cinco meses, permitió el regreso de 157 cautivos de cada lado.

En esta ocasión se ha mencionado también la posibilidad de acordar una tregua temporal sobre los ataques a las infraestructuras energéticas, en una semana en la que las temperaturas en Ucrania han vuelto a desplomarse en torno a los -15 ºC. Pese a las condiciones extremas, Moscú lanzó 365 drones y 24 misiles en la madrugada de este martes. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha instado a que las delegaciones aborden “el tema de estos ataques” y ha recordado que EE UU instó a las partes a contenerse. Ucrania, asegura, está dispuesta.

“La única pregunta es para los rusos: ¿qué quieren? Y también, si habrá consecuencias para Rusia por el hecho de que los ‘shaheds’, los misiles y las charlas fantasiosas sobre la historia les importen más que la diplomacia real y una paz duradera”, ha dicho el presidente en su mensaje vespertino.

El equipo ucranio “ha sido formado teniendo en cuenta los componentes militares, políticos y de seguridad del proceso”, anunció Umerov. “El objetivo permanece inalterado: una paz sostenible y duradera”, afirmó en redes sociales.

Putin ha dado un giro en las conversaciones de paz y, en vez de militares o diplomáticos de alto rango, ha enviado esta vez como negociador jefe a una figura de perfil bajo que exaspera a los ucranios: Vladímir Medinski, responsable de la autoproclamada Unión de Escritores de Rusia y justificador oficial del imperialismo ruso.

Autor de los propagandísticos libros de historia de los colegios rusos y acusado de falsear su currículum, Medinski es una de las “voces duras” del entorno del Kremlin. Con él al mando, las conversaciones de paz en Turquía del año pasado fracasaron estrepitosamente.

“No creo que podamos esperar ningún tipo de noticia hoy”, advirtió Peskov antes del encuentro. “Como sabéis, está previsto que el trabajo continúe mañana y, realmente, será en un régimen cerrado a la prensa”, agregó el alto cargo.

Los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner han representado de nuevo a la Administración Trump en las conversaciones. Estados Unidos presiona a Ucrania para alcanzar un acuerdo antes del verano. Kiev hace equilibrismos para mostrar su disposición a negociar y no contrariar a Washington. Pero a la vez, se aferra a cuestiones que considera esenciales, como la firma de garantías de seguridad que le permitan garantizar que Moscú no retomará la ofensiva militar tras firmar un acuerdo.

Como dijo Zelenski, en una entrevista con Politico que reprodujo después en sus redes sociales, Estados Unidos quiere que primero se alcance un acuerdo y, después, se firmen esas garantías. Zelenski, por el contrario, pide primero blindar la seguridad y sostenibilidad de la paz mediante la firma de garantías. “¿Qué hay que temer? No lo entiendo. Podemos firmar el documento sobre las garantías de seguridad para Ucrania con los líderes”.

Tras un año de negociaciones infructuosas, Putin se acerca a un momento decisivo: seguir la guerra o renunciar a sus objetivos y dejar viva a Ucrania. La crisis económica rusa se ha agudizado en el último año pese a las afirmaciones optimistas de la propaganda rusa. Un tercio de los negocios dio números rojos el año pasado, la inflación sigue disparada y los cierres se han multiplicado con la subida generalizada de impuestos desde enero para la guerra. Según la agencia de estadísticas oficial Rosstat, los rusos viven al límite y solo la alimentación copa ya un 39% de sus ingresos.

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