La atracción que el primer ministro británico, Keir Starmer, y su equipo sienten hacia el pasado glorioso del Nuevo Laborismo de Tony Blair los ha llevado a rescatar, vistos los resultados, varios de los vicios de aquella época, junto a sus discutibles virtudes. El remate final de ese empeño en resucitar el pasado más conflictivo ha sido Peter Mandelson, también conocido como “el príncipe de las tinieblas” durante su etapa como ministro laborista.

Entre los tres millones de documentos del multimillonario pedófilo Jeffrey Epstein que hizo públicos el pasado fin de semana el Departamento de Justicia de Estados Unidos constan nuevas y humillantes demostraciones de la intensa amistad y relación de ayuda mutua que existía entre el político británico y el financiero pederasta. Tras difundirse estos documentos, quien fuera mano derecha de Blair y coarquitecto de una de las renovaciones más profundas y exitosas de la izquierda británica decidió finalmente aliviar a sus compañeros y el domingo por la noche se dio de baja del Partido Laborista.

Mandelson ya fue abruptamente cesado de su puesto como embajador del Reino Unido en Washington el pasado septiembre, cuando en una primera remesa de correos de Epstein se pudo ver que la complicidad entre ambos era mayor de la que él había admitido. En esos intercambios, el británico animaba a su amigo financiero a dar la batalla y ponía en duda su primera condena por pederastia, dictada en 2006.

Los nuevos correos revisten mayor gravedad. En primer lugar, muestran cómo Mandelson se benefició de un préstamo de Epstein de 75.000 dólares, y cómo intervino para que el financiero subvencionara los estudios de osteopatía de su entonces novio, Reinaldo Avila da Silva. En 2023, Mandelson y Avila se casaron, después de una relación de más de 20 años juntos.

Pero la dimensión exacta de los manejos existentes en aquella época entre el político, que ocupaba el cargo de ministro de Negocios en el Gobierno de Gordon Brown, y Epstein aparece en toda su crudeza de 2009 en un correo publicado este pasado domingo por el diario Financial Times. Hay que rescatar el contexto en el que se produjo: la crisis financiera de un año antes había hundido la economía del Reino Unido, y el clamor ciudadano contra los banqueros era arrollador.

El ministro de Economía, Alistair Darling, impulsaba contra viento y marea nuevas medidas, como el aumento de la carga fiscal sobre las jugosas bonificaciones que cobraban los altos ejecutivos de la city londinense. Mandelson sugirió a Epstein que transmitiera a la banca JP Morgan la idea de “amenazar suavemente” al Gobierno británico —al que él pertenecía— para frenar una decisión que, finalmente, salió adelante.

“¿Hay alguna posibilidad de que el impuesto recaiga solo en la parte líquida de la bonificación de los banqueros?”, escribe el multimillonario a su amigo. “Sigo intentando corregirlo, como ya le expliqué a Jes [todo indica que era Jes Stanley, entonces un poderoso cargo de JP Morgan]. En el Tesoro se resisten, pero estoy en ello”, contesta Mandelson. Dos días más tarde, Epstein vuelve a escribirle para preguntar si el jefe ejecutivo del banco debería volver a llamar al ministro Darling: “Sí, y amenazarlo suavemente”, responde Mandelson.

El político, que sigue perteneciendo a la Cámara de los Lores aunque disfruta de un permiso de excedencia, defendió el domingo aquella maniobra suya, alegando que formaba parte de un enfoque general del Gobierno de entonces para evitar daños innecesarios en el sector financiero.

Sus manejos de dinero con Epstein, sin embargo, le han llevado a abandonar el partido. “Necesito investigar todas las acusaciones, que considero falsas, sobre los pagos que [Epstein] me hizo hace veinte años, de los que no guardo recuerdo ni registro”, afirma Mandelson en una carta dirigida al secretario general del Partido Laborista. “Mientras lo hago, no quiero provocar más embarazo al partido y por eso renuncio como afiliado”, añade. “He dedicado mi vida a los valores y al éxito del Partido Laborista, y creo que con mi decisión defiendo su interés del mejor modo posible”.

Todos los partidos de la oposición han reclamado a Starmer que ponga en marcha una investigación completa sobre las actividades del veterano político en sucesivos gobiernos laboristas. Y el Partido Laborista se ha encargado de señalar que, antes de que anunciara su intención de darse de baja, la formación ya había iniciado un expediente sancionador contra el exministro. Starmer, además, ha ido más lejos, al reclamarle que abandone su escaño de la Cámara de los Lores y ordenar a su secretario de Gabinete que ponga en marcha la investigación que le reclaman.

Posible investigación policial

Los papeles de Epstein señalan que Mandelson llegó a reenviar a su amigo un correo elaborado por Nick Butler, entonces asesor económico de Gordon Brown, el que sugería la venta de activos patrimoniales del Estado para aliviar la deuda. Le avisaba de ese modo con anticipación de una venta que podía resultar muy interesante para los millonarios para los que trabajaba el financiero.

El Partido Nacional Escocés ha exigido una investigación policial sobre todas estas actividades de Mandelson.

La trayectoria del veterano político, así como su historia personal, refleja un estrecho vínculo con el laborismo británico. Fue director de Comunicación del legendario Neil Kinnock cuando estaba al frente de la formación en el partido. Durante su infancia y juventud fue vecino, y luego amigo, del exprimer ministro Harold Wilson. Su abuelo, Herbert Morrison, fue secretario de Estado en el Gobierno de Ramsay MacDonald, el primer jefe de Gobierno laborista del Reino Unido y luego ministro de Exteriores con Clement Attlee, el impulsor del actual estado del bienestar británico.

Pero tanta sangre progresista, y un talento innegable para la política, se compaginaban mal con un gusto por el dinero, el lujo y las relaciones sociales con los poderosos que siempre han acabado por hundir a Mandelson. Del primer Gobierno de Blair fue expulsado al conocerse un dudoso préstamo contraído de un amigo millonario. Rescatado dos años después, de nuevo dimitió por sus manejos para conseguir un pasaporte británico para un acaudalado empresario indio.

El “príncipe de las tinieblas”, no obstante, siempre acababa regresando al poder. Blair lo puso al mando del Ministerio de Relaciones Comerciales con la UE, donde amplió su red internacional de contactos. Y Gordon Brown lo colocó en el área económica de su Gobierno. Algo así como colocar al zorro en el gallinero, según los rivales de Mandelson, en medio de una crisis económica que llevó por primera vez a Downing Street a forzar la mano con el poderoso sector financiero.

Cuando Ed Miliband, procedente del ala más a la izquierda del partido, tomó las riendas de aquel naufragio de la izquierda en 2010, le preguntaron si iba a rescatar para su equipo a Mandelson: “Todos creemos en la necesaria dignidad que deben tener los retiros”, respondió. Miliband volvió al poder en julio de 2024, como ministro de Seguridad Energética del Gobierno de Starmer. Y pudo ver cómo Mandelson resucitaba de nuevo, forjaba aliados en el equipo del nuevo primer ministro y lograba el codiciado puesto de embajador en la corte de Donald Trump. Se vendió entonces el nombramiento como un acierto: un político habilidoso para manejar a un aliado complicado. Pero las complicaciones, y el bochorno, las traía ya consigo el veterano político laborista una vez más.

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