Los rusos consumen cada año más y más antidepresivos. Más incluso que con las restricciones provocadas por la pandemia de coronavirus. Entre su guerra sin un horizonte claro contra Ucrania, la crisis económica derivada del conflicto y la represión política, el país registra cifras récord en la venta de estos medicamentos año tras año desde la irrupción del Covid en 2020. Es una espiral que en el 2025 llegó a casi triplicar el consumo de fármacos de 2019, el último año antes de esta aciaga década.

Los datos difundidos por la consultora rusa DSM apuntan a una situación cada vez más grave. Solo en 2025, el año en el que se reiniciaron las negociaciones de paz entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos, aunque sin éxito, la compra de antidepresivos aumentó un 36% respecto a 2024.

Se trata de 22,3 millones de envases al año para una población de unos 143 millones de habitantes. De hecho, la guerra ha provocado una mayor dependencia de estos medicamentos que la crisis del Covid. Como comparación, en 2021, justo antes de que comenzase la ofensiva sobre Ucrania de febrero de 2022, las farmaceúticas vendieron 9,2 millones de estos medicamentos en Rusia. Y durante la pandemia, la primera gran crisis de esta década, fueron 7,9 millones de medicamentos, medio millón menos que en 2019, el último curso “tranquilo”.

El negocio de los fármacos movió el año pasado unos 20.500 millones de rublos, según DSM, unos 230 millones de euros al cambio actual. Otra consultora, la agencia RNC Pharma, mostró otro análisis al diario ruso RBK que apunta a una tendencia similar, aunque eleva el consumo de antidepresivos a 23,5 millones de fármacos el pasado año.

La guerra desatada hace casi cuatro años por Rusia ha tenido un mayor impacto emocional en su población que el coronavirus, época en la que las medidas del Kremlin fueron muy laxas y apenas hubo confinamientos. Según el Gobierno ruso, unos 130.000 ciudadanos murieron por el virus entre abril de 2020 y junio de 2021, aunque el exceso de mortalidad superó el medio millón de personas en ese mismo periodo.

La guerra parece tener más presencia en la vida diaria rusa que el enemigo invisible del coronavirus. El medio independiente ruso Mediazona y la cadena estatal británica BBC recopilan por fuentes abiertas los nombres de soldados rusos fallecidos desde el inicio de la guerra. Según sus datos, la ofensiva rusa se intensificó tras la llegada de Trump al poder en Estados Unidos y a finales de 2025 sus recopilaciones sumaron más de 160.000 necrológicas y entierros, aunque la cifra total es “mucho mayor” por el secretismo de los datos. Según sus estimaciones, las pérdidas alcanzarían hasta 352.000 muertos, sin contar heridos y víctimas de trastornos postraumáticos.

Según DSM, el medicamento más vendido es un inhibidor de la serotonina, Zoloft [Besitran en España], cuya patente pertenece a la compañía estadounidense Viatris. Otros fármacos que ocupan el top de ventas son la amitriptilina y la fluoxetina.

“El Zoloft [Besitran] y la fluoxetina son los más consumidos en España. La amitriptilina ya se utiliza bastante menos, es un antidepresivo tricíclico para usar en segunda o tercera línea porque hay fármacos con menos efectos secundarios”, explica a este periódico por teléfono Irene de la Vega Rodríguez, facultativa especialista en psicología clínica del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

“Son fármacos seguros y están estudiados, no tienen mayor problema quitando los efectos secundarios normales”, apunta la experta antes de remarcar una serie de advertencias que todo el mundo debe tomar en cuenta.

“El problema de los antidepresivos es que se indican a veces como primera línea cuando no son necesarios, cuando la linea de tratamiento es otra, como en casos de depresión leve o moderada”, señala De la Vega.

“Primero, antes de probar con un fármaco hay que tratar con la psicoterapia. Y otro problema es que se tiende a medicalizar los problemas de la vida cotidiana, problemas sociales o malestares que un fármaco rara vez va a arreglar”, subraya la especialista.

Los precios de los medicamentos oscilan enormemente de un país a otro. La fluoxetina se puede comprar en España por menos de un euro con receta, mientras que en Rusia vale unos 150 rublos, 1,7 euros al cambio actual. Por su parte, el paquete de 28 comprimidos de Zoloft se puede encargar en el país del este a unos 600 rublos, 6,5 euros, mientras que el Besitran se encuentra en España a 21 euros.

No obstante, los salarios son diferentes. El sueldo mediano ruso rondó los 83.000 euros a finales de año, unos 920 euros al mes con doce pagas, según el portal de recursos humanos HH. Eso sí, las diferencias son enormes entre regiones. En Moscú, una de las ciudades rusas mejores pagadas, la capital de los oligarcas, los Mercedes y el lujo, el salario mediano alcanzó los 106.000 rublos, unos 1.100 euros al mes.

Y esto teniendo en cuenta que los salarios se han disparado en plena crisis inflacionista por los contratos ofrecidos por la industria bélica y el ejército. Un recluta cobra al mes más de 200.000 rublos, más un bonus por firmar por primera vez de un par de millones y la prima por fallecimiento o invalidez que cobrarán los familiares en caso de caer en el frente.

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