Las protestas en varias universidades de Irán han proseguido este miércoles por quinto día consecutivo en algunos de los escasos campus que el pasado sábado abrieron de nuevo sus aulas a las clases presenciales; las instalaciones habían permanecido cerradas durante semanas tras la represión de las manifestaciones contra el régimen registradas en el mes de enero y en las que, según la ONG en el exilio HRANA, murieron al menos 7.000 personas.

Las de ahora son protestas pequeñas, de decenas o cientos de estudiantes, pero ya se han extendido fuera de sus dos focos iniciales: Teherán y Mashhad, en el noreste del país. Esta semana se ha informado de manifestaciones también en Shiraz (sur) y en Isfahán (centro). Todas estas urbes fueron puntos neurálgicos de las grandes manifestaciones que estallaron a finales de diciembre contra el régimen iraní.

La reducida afluencia que registran, a juzgar por las imágenes y vídeos verificados, no resta importancia a estas protestas en prestigiosos centros destinados a educar a las élites, como la Universidad Tecnológica Sharif de Teherán: siguen siendo comprometedoras para un régimen que padece una grave crisis de legitimidad. Sobre todo porque suceden en vísperas de que mañana, jueves, los equipos negociadores para un acuerdo nuclear de Irán y Estados Unidos se reúnan de nuevo en la ciudad suiza de Ginebra, en un encuentro que se cree será decisivo para cerrar ese pacto o, lo que se considera más probable, desatar un ataque militar de Washington al que probablemente se sumará Israel.

El martes, el fiscal general de Irán, Mohammad Mohavedi, relacionó ambos hechos: “Siempre que el sistema ha estado en vías de negociación, ciertas corrientes, bajo la dirección del enemigo [en alusión a Estados Unidos e Israel], han intentado inflamar el ambiente interno”, afirmó.

Otras declaraciones de Mohavedi apuntan, sin embargo, a una cierta contención, al menos por el momento, a la hora de reprimir unas protestas que, de ser aplastadas con mano dura, podrían comprometer aún más las ya escasas posibilidades de un acuerdo con Washington.

Las muertes de manifestantes en Irán han sido uno de los argumentos esgrimidos por el presidente de Estados Unidos para justificar una hipotética intervención militar en el país asiático. En el discurso sobre el estado de la Unión del martes, Trump aseguró, sin citar fuentes, que esas víctimas fueron 32.000, por encima incluso de lo que calculan las organizaciones iraníes de derechos humanos. La cifra oficial iraní es de 3.117 muertos.

Si en enero el fiscal general Mohavedi amenazó a los manifestantes directamente con el patíbulo, el martes se limitó a instar a los cuerpos de seguridad a “identificar rápidamente a los elementos involucrados y tomar medidas legales decisivas contra ellos”.

Episodios de violencia

En días anteriores, las autoridades iraníes se habían contentado con tratar de contrarrestar las manifestaciones y sentadas de estudiantes críticos con otras protestas, plagadas de banderas, de partidarios de la República Islámica. Esas últimas están protagonizadas por miembros de la milicia Basij —muchos estudiantes lo son— escoltados por fuerzas de seguridad. Según reflejan varios vídeos, incluido uno verificado por la BBC británica, estudiantes opositores y basiyíes se han enfrentado con gran violencia en los campus en peleas a puñetazo limpio, aunque no hay información de víctimas mortales.

Sin embargo, este miércoles, la organización Estudiantes Unidos ha denunciado en su cuenta de Instagram que todas las entradas a la Universidad de Shiraz, en el sur del país, han estado cerradas desde esta mañana y que las fuerzas de seguridad impiden pasar a los estudiantes. Otros perfiles en redes sociales afirman que algunos agentes han entrado en varios campus escondidos en ambulancias.

Los medios oficialistas iraníes aseguran que no se ha detenido a ningún estudiante crítico, pero también han confirmado que a algunos se les ha prohibido ingresar en sus universidades, que se les ha abierto expedientes disciplinarios internos y que varios ya han sido suspendidos.

Muchos universitarios y alumnos de institutos de secundaria permanecen en prisión tras ser arrestados durante las protestas reprimidas en enero y en las semanas posteriores. Una de las demandas de sus correligionarios que se manifiestan ahora desde el sábado en los campus es precisamente su liberación.

Si el fiscal general Mohavedi se mostró el martes algo menos amenazante de lo que que acostumbra, otros altos cargos de la República Islámica incluso han regresado al tono conciliador —por el que reconocían el derecho a la protesta “legítima”, diferenciándola de los “disturbios”— con el que algunas autoridades iraníes describieron las manifestaciones de enero, antes de optar por desatar la represión.

En su rueda de prensa semanal de los martes, la portavoz del Gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, afirmó que los universitarios iraníes “tienen el corazón herido”. También reconoció que están “enfadados”, pero les advirtió de que no deben traspasar ciertos límites. Lo hizo al agregar: “Las cosas sagradas y la bandera son dos de las líneas rojas que debemos proteger”. El lunes se habían difundido imágenes de estudiantes quemando la bandera iraní.

Mohajerani añadió luego que el Gobierno cree que los estudiantes deben ser escuchados, justo antes de confirmar que la mayoría de universidades del país permanecen cerradas. Algunas han decretado ya la enseñanza virtual hasta el final del año académico iraní, el próximo 20 de marzo.

El ministro de Ciencia, Investigación y Tecnología, Hossein Simaei, ha reconocido también las protestas en una entrevista a la agencia estatal IRNA, pero ha negado que representen una “crisis”. El ministro ha destacado, por ejemplo, que en la Tecnológica Sharif se “impartieron 2.000 clases de sábado a martes” con normalidad.

Ciberataques

El tono relativamente contenido de las autoridades iraníes hacia estas protestas —las primeras desde enero, junto con las surgidas en las celebraciones por el final del período de duelo de los muertos por la represión— podría, sin embargo, cambiar rápidamente, como indica la mayor presencia de fuerzas de seguridad alrededor de los campus de este miércoles. Algunos iraníes han difundido a su vez fotos de camionetas pick-up de la policía, con ametralladoras de gran calibre, como las que se usaron en enero, instaladas en la parte trasera y estacionadas frente a una universidad de Teherán.

Masoud Tajrishi, el director de la Tecnológica Sharif en Teherán, advirtió también el lunes a los estudiantes que la oficina del fiscal general está ya tomando cartas en el asunto y de que las autoridades universitarias no los ayudarán si son arrestados. Después de que se prohibiera la entrada en el campus a varios estudiantes, Tajrishi remarcó que, si su número crece demasiado, se volverá a la modalidad de enseñanza virtual.

Ese mismo día, la página web de esa universidad tecnológica fue pirateada para mostrar el nombre del centro anterior a la revolución de 1979: Universidad Aryamehr. Horas después, miles de iraníes recibieron un mensaje en sus teléfonos dirigido “al pueblo oprimido de Irán” que rezaba: “El presidente de Estados Unidos es un hombre de acción, pronto lo verán”.

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