Vísperas de tensión e incertidumbre amenazan con hacer saltar por los aires las conversaciones previstas este sábado en Islamabad, la capital de Pakistán, para frenar una guerra regional en la que se ha implicado la mayor potencia global y que está quebrando uno de los pilares de la economía: la energía. Con el estrecho de Ormuz, por donde discurre el 20% del flujo de los hidrocarburos, bloqueado de facto hasta nuevo aviso, Irán muestra su veto a entablar negociaciones de paz con Estados Unidos mientras no cesen los bombardeos de Israel sobre Líbano.

El ejército israelí se muestra también remiso a extender el alto el fuego al país vecino y a detener su campaña contra las bases de la milicia proiraní de Hezbolá, que ha causado más de 300 muertes, en su mayoría de civiles, y proseguía ralentizada este viernes. Entre acusaciones cruzadas de violación del cese de hostilidades, las negociaciones de paz se tambaleaban a escasas horas de su anunciado estreno.

Ya ha emprendido viaje hacia Islamabad el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, que encabezará la delegación de su país en las negociaciones previstas. Antes de partir este viernes, ha conminado a Teherán a que “no intente jugar” con Washington, so pena de enfrentarse a “un equipo negociador no tan receptivo”.

Para el régimen iraní, las conversaciones con Estados Unidos dependen de que el alto el fuego se extienda a Líbano, que ha sufrido duros ataques israelíes en los últimos días. “La celebración de conversaciones para poner fin a la guerra depende del cumplimiento por parte de Estados Unidos de los compromisos de alto el fuego en todos los frentes, especialmente en Líbano”, ha dicho el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei.

Sanciones internacionales

Teherán incluye en el orden del día de Islamabad peticiones sobre nuevas concesiones, tales como el levantamiento de las sanciones internacionales, entre ellas sobre los activos financieros intervenidos en el exterior, y pretende oficializar el cobro de tasas de peaje de paso por Ormuz, en contra de las convenciones internacionales.

Mahmoud Nabavian, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento, ha asegurado que Mojtaba Jameneí, el nuevo líder de Irán, “se adhiere a la fetua que prohíbe las armas nucleares”, informa Ali Falahi. Esta fetua (edicto religioso) fue emitida por su padre, Ali Jameneí, y ha sido utilizada en múltiples ocasiones por las autoridades iraníes como argumento para justificar la voluntad de la República Islámica de no sumarse a la proliferación de armamento nuclear.

El bloqueo del estrecho de Ormuz sigue siendo casi total, salvo para contadas excepciones. El cierre de la estratégica vía marítima ha causado perturbaciones con escasos precedentes recientes en las cadenas de suministro de energía. La mayoría de los buques que lo han atravesado en las últimas horas pertenecen a países con estrechos vínculos con Teherán, o se han visto obligados a pagar un peaje pese a transitar por aguas de libre navegación, según informa Reuters. Muchos otros buques que tenían planeado reanudar sus travesías tras la declaración del alto el fuego han vuelto a posponer sus planes después de que Irán mantuviese el cierre en protesta por los ataques israelíes en Líbano.

El presidente Donald Trump ha lanzado un aviso a Irán ante las informaciones sobre el cobro de peajes de paso a los petroleros. “Más les vale que no sea así, y si lo es, ¡más les vale que dejen de hacerlo ahora mismo!”, advirtió el jueves en Truth, su red social. Este viernes, el mandatario republicano ha asegurado que Irán “no tiene cartas” y solo puede “extorsionar al mundo a corto plazo mediante el uso de aguas internacionales” ante las negociaciones de Islamabad, informa Macarena Vidal Liy. En otro mensaje en redes sociales, ha vuelto a blandir el fantasma de la violencia contra el país adversario, al asegurar que “la única razón” por la que aún “están vivos” es su participación en los contactos en Islamabad.

Las autoridades paquistaníes han reforzado las medidas de seguridad en la capital del país, con el despliegue del ejército en la denominada “zona roja”, de tres kilómetros a la redonda del lujoso hotel Serena, donde deben desarrollarse las negociaciones. Fuentes gubernamentales se han limitado a declarar a Reuters que “el proceso está en marcha” y se han adoptado todas las medidas para el inicio del diálogo de paz. Delegaciones de ambos países encargadas de preparar las conversaciones ya se encuentran sobre el terreno, y están intercambiando indirectamente planes de organización a través de mediadores de Pakistán.

Desde Líbano, el líder de Hezbolá, Naim Qasem, ha exigido este viernes al Gobierno de Beirut que deje de hacer “concesiones gratuitas” a Israel, después de que el Gobierno de Benjamín Netanyahu lanzara la propuesta de entablar negociaciones directas de paz. “No aceptaremos volver a la situación anterior”, ha proclamado Qasem en un mensaje público. Ante el anuncio de que Estados Unidos acogerá la semana que viene las primeras negociaciones directas entre ambos países, el Ejecutivo libanés ha insistido en que no asistirá si no se cierra antes un alto el fuego con Israel.

Tras los bombardeos sobre zonas densamente pobladas que se han cobrado más de 300 vidas desde el miércoles, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado de que los hospitales de Líbano están funcionando ya al 95% de su capacidad con miles de heridos ingresados. Seis centros hospitalarios han cerrado sus puertas tras los bombardeos, otros 12 están parcialmente dañados y 51 centros de atención primaria también han sido clausurados. Los ataques registrados en las últimas horas han causado la muerte de una docena de civiles y de 13 miembros de las fuerzas de seguridad libanesas. Una quinta parte de los más de cinco millones de habitantes de Líbano, en particular los del sur y los de los barrios chiíes de Beirut, han sido forzados a abandonar sus hogares por los bombardeos.

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