Un bombardeo lanzado por Rusia en la madrugada de este sábado contra el sistema energético de Ucrania ha provocado la suspensión de servicios básicos como electricidad, agua y calefacción en múltiples provincias del país. En Kiev, la capital, que ha vuelto a quedarse sin agua corriente, ha fallecido una persona que trabajaba en una fábrica de confitería propiedad del expresidente ucranio Petro Poroshenko.

El ataque, que forma parte de la campaña de bombardeos diarios rusos para mantener a millones de civiles en condiciones de vida al límite cuando las temperaturas son inferiores a los -10ºC, se ha producido apenas una horas después de que comenzara la primera negociación trilateral de paz entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos. Delegaciones de los tres Gobiernos han estado reunidas desde el viernes en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) para intentar desencallar el proceso para terminar la guerra.

La segunda sesión de esas conversaciones se ha producido este mismo sábado y ha terminado, después de tres horas, con el compromiso de citarse en un tercer encuentro la próxima semana. Fuentes estadounidenses informaron a Reuters de que esa cita será el próximo domingo, 1 de febrero. Pese a las enormes diferencias entre Moscú y Kiev y el bombardeo desatado por Rusia la noche anterior, el diálogo se ha mantenido, aunque un acuerdo está muy lejos todavía.

“Vladímir Putin ordenó cínicamente un brutal y enorme ataque con misiles contra Ucrania justo cuando las delegaciones se reunían en Abu Dabi para impulsar el proceso de paz liderado por Estados Unidos”, ha escrito en sus redes sociales el ministro de Exteriores ucranio, Andrii Sibiga. “Sus misiles no han impactado solo contra nuestro pueblo, sino también contra la mesa de negociaciones”, ha remarcado.

El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha apremiado de nuevo a sus aliados en la OTAN para que aporten más misiles antiaéreos, en concreto los estadounidenses Patriot y los noruegos NASAMS. Estados Unidos, bajo el mandato de Donald Trump, ya no transfiere armamento directamente a Ucrania: primero tienen que adquirirlo sus socios en la Alianza Atlántica.

El ejército ruso disparó de madrugada más de 370 drones de largo alcance y 21 misiles. Por primera vez, según han informado las Fuerzas Aéreas de Ucrania, el invasor ha utilizado 12 misiles Kh-22 contra la capital. Los Kh-22 son cohetes diseñados para destruir buques y pueden cargar 950 kilos de explosivo, según Yuri Ignat, portavoz de las Fuerzas Aéreas ucranias. Rusia también ha vuelto a emplear contra objetivos terrestres el Zircon, un misil antibuque hipersónico.

Los objetivos han vuelto a ser las infraestructuras energéticas, ha indicado Zelenski; en esta ocasión, en las provincias de Kiev, Chernihiv, Sumi y Járkov. Pero un dron Shahed ha impactado también contra la fábrica de confitería Roshen de Kiev, que durante décadas era conocida como la Fábrica Karl Marx, de Poroshenko.

Varias ciudades en Chernihiv, al norte de Ucrania, sufren un apagón completo. En Járkov, la segunda mayor ciudad del país, el ataque ruso ha dejado más de 30 heridos y ha causado daños en 44 bloques de viviendas.

Las casas de Kiev se mantienen este mes de enero con un máximo de seis horas de electricidad al día. El pasado viernes había 1.200 edificios de la capital que seguían sin suministro de calefacción por un ataque ruso registrado el 20 de enero.

El ministro de Defensa, Mijailo Fedórov, ha cuantificado en 800.000 las personas afectadas en Kiev por el ataque de este sábado, y 1,8 millones en las cuatro provincias golpeadas.

El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, ha apostillado que desde esta madrugada se añaden 600 bloques de pisos sin ningún tipo de servicio básico. Klitschko reveló el martes en el diario británico The Times que 600.000 ciudadanos de Kiev (un 20% de la población) han abandonado este enero la ciudad debido a esta situación extrema. En provincias del oeste del país, como Lviv o Ivano Frankivsk, visitadas por EL PAÍS esta semana, representantes municipales confirman que se está produciendo una nueva oleada de personas que salen de la capital para resguardarse en regiones más seguras.

El principal temor ahora en Ucrania, según ha subrayado Zelenski, es que los misiles rusos consigan destruir las subestaciones eléctricas que transportan la electricidad producida por las tres plantas nucleares activas en el país. Estas centrales aportan actualmente el 50% de la energía eléctrica de Ucrania, según un informe de la Agencia Internacional de la Energía.

Antes de la invasión a gran escala rusa, iniciada en febrero de 2022, estas tres plantas suponían un 20% de la generación eléctrica del país. De quedar inactivas, además del riesgo de un accidente nuclear, Ucrania podría afrontar un apagón casi total.

Reunión entre militares

A pesar del ataque ruso, la reunión entre delegaciones militares de Rusia y Ucrania se ha celebrado durante unas tres horas, a puerta cerrada y con supervisión de Estados Unidos. “No se puede decir que el encuentro terminase sin resultados”, ha dicho una fuente a la agencia rusa Tass, sin especificar qué logros habían sido alcanzados.

La ambición territorial rusa sigue siendo un obstáculo para la paz. El Kremlin insiste en que Ucrania retire sus fuerzas de las regiones de Lugansk y Donetsk, bastión donde aún controla el 20% del territorio y enormes líneas de fortificaciones. Moscú quiere la entrega total de Donbás antes de empezar a hablar de una paz definitiva, y plantea “congelar” el frente en las regiones de Jersón y Zaporiyia sin la garantía de que Ucrania no volverá a tener que defenderse de su agresión en el futuro.

Asimismo, tanto el Kremlin como su Ministerio de Exteriores reiteran una y otra vez que quieren una paz que atienda a las “causas profundas” de su invasión. Es decir, dejar un Estado ucranio inclinado hacia Moscú y un ejército menguado hasta quedar a merced de las fuerzas rusas.

Uno de los debates mantenidos en Abu Dabi ha sido la posible creación de zonas desmilitarizadas en el frente. Según Tass, las dos delegaciones han analizado el posible éxito de estas zonas tapón entre ambos ejércitos en caso de tregua y cómo monitorizar el cumplimiento del alto el fuego.

Zelenski ha calificado la reunión de “constructiva” y confirmado que la idea es proseguir la negociación la semana que viene: “Hemos podido debatir muchos asuntos y es importante que el diálogo ha sido constructivo”. El presidente ucranio ha indicado que Washington asume que su papel será clave para monitorizar el cumplimiento de un posible acuerdo. El principal escollo para terminar la guerra es que Rusia exige que las tropas ucranias se retiren de toda la región de Donbás, algo que Kiev descarta si Moscú no lo hace en los mismos términos.

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