Un día antes de que expire el plazo “definitivo” que Donald Trump ha impuesto a Irán para llegar a un acuerdo, ninguna de las dos partes da señales de ceder. El presidente estadounidense insiste en que, si no hay cambios, a partir de las 20.00 horas del martes en Washington (02.00 del miércoles hora peninsular española) puede destruir Irán. “Podemos destruir el país en una noche, y esa noche puede ser mañana”, ha dicho en la rueda de prensa de este lunes. A su vez, Teherán ha rechazado un borrador de plan porque comienza por un alto el fuego temporal, en vez de un acuerdo de paz integral que resuelva el conflicto que cumple ya 38 días.

Teherán ha respondido a la propuesta, transmitida por Pakistán, presentando otra y subrayando la “necesidad de un fin permanente a la guerra” por medio de un acuerdo que incluya garantías de que no sufrirá más agresiones. También plantea un protocolo para el tráfico seguro por el estrecho de Ormuz, el levantamiento de las sanciones y compensaciones por los daños de los bombardeos, según la agencia IRNA.

A su vez, Trump, pletórico tras el rescate de los dos tripulantes de un avión F-15 derribado por Irán, ha calificado la contraoferta iraní de “paso significativo, pero no suficiente”. El presidente sí ha considerado que los interlocutores iraníes “están negociando de buena fe”, pero ha repetido su amenaza de destruir infraestructura básica de uso civil. Cada planta eléctrica, cada puente, “quedará diezmado para la medianoche del martes”, ha prometido en una rueda de prensa, si su plazo se cumple sin novedades.

El mandatario también ha apuntado su deseo de hacerse con el control del sector petrolero iraní, el gran motor de la economía de ese país. “Al ganador, los despojos”, ha proclamado, citando un dicho romano por el que el vencedor de una batalla tenía derecho a arramblar con el botín.

Que aquello con lo que amenaza represente un crimen de guerra no le preocupa. “El crimen de guerra es permitir que un país enfermo con un liderazgo demente tenga un arma nuclear”, ha asegurado.

En sus declaraciones, el mandatario ha vuelto a amenazar con tomar represalias contra una OTAN de la que considera que ha dado la espalda a Washington en esta guerra. Ha apuntado que la visita el próximo miércoles del secretario general, Mark Rutte, no cambiará su amenaza de sacar a Estados Unidos de la Alianza o, cuando menos, rebajar drásticamente su papel como líder. “Si quieren saber la verdad, todo empezó con Groenlandia. No nos la han querido dar, y yo dije: ‘adiós muy buenas”.

Mientras corre el reloj para que se cumpla el plazo, Israel incrementa sus ataques contra infraestructuras civiles: ha bombardeado de nuevo Pars Sur, el mayor yacimiento de gas natural del mundo; una segunda central petroquímica y tres aeropuertos. Van 34 muertos en Irán, entre ellos siete niños, desde la noche del domingo.

El jefe del ejército paquistaní, Asim Munir, estuvo “toda la noche” en contacto con el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance; el enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, y el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, tratando de sacar adelante el acuerdo este mismo lunes, antes de que expire el nuevo plazo del presidente de Estados Unidos, extendido entre insultos y amenazas, según Reuters.

Teherán es consciente del poder que le confiere el cierre selectivo de Ormuz. Está acostumbrado a las bravuconadas de Trump y sigue lanzando misiles y drones contra una decena de países. Junto con sus aliados hutíes, en Yemen, y Hezbolá, en Líbano, ha atacado norte, centro y sur de Israel en pocas horas, así como bases de Estados Unidos en Kuwait y Arabia Saudí.

El portavoz iraní de Exteriores, Esmail Baghaei, ha subrayado que “las negociaciones son incompatibles con ultimatums y amenazas de crímenes de guerra”. Baghaei ha añadido que hace días hizo llegar a través de intermediarios su respuesta al plan de 15 puntos de Estados Unidos, que calificó de “extremadamente ambicioso, inusual e ilógico”.

Mientras, la tercera pata del fuego cruzado, Israel —quien lo inició de mano de Washington confiando en tumbar un régimen que sigue en pie— quiere que continúe y aprieta como si no hubiese una vía diplomática paralela.

Este lunes, ha matado al jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, Majid Jademi. El ejército israelí lo describe como “uno de los principales mandos” del cuerpo que hoy más lleva las riendas en Irán. Ya mató a su predecesor en el cargo, Mohamad Kazemi, y a su número dos, Hasán Mohaqeq, en la anterior guerra con Irán, el pasado junio.

El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha celebrado el magnicidio de Jademi, que se suma a una larga lista en cinco semanas de guerra en la que figuran Ali Jameneí, líder supremo; Ali Larijaní, figura clave del régimen; Gholamreza Soleimani, jefe de la milicia Basij; o Esmail Jatib, ministro de Inteligencia. “Los líderes de Irán viven con la sensación de ser perseguidos. Seguiremos cazándolos uno por uno”, ha afirmado el ministro israelí de Defensa, Israel Katz.

En teoría, Trump mantiene una moratoria de los ataques a infraestructuras básicas de Irán para dar una oportunidad al diálogo, pero ha bombardeado varias (como puentes) y su aliado israelí lo hace casi a diario.

El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, asegura haber “inhabilitado” ya el 85% de las exportaciones petroquímicas del país, causándole “pérdidas de decenas de miles de millones de dólares”. Ya lo atacó por primera vez el pasado día 18.

Además de Pars Sur, ha atacado desde la semana pasada dos plantas petroquímicas, dos de las mayores fábricas de acero, tres aeropuertos, una central eléctrica y, por cuarta vez, la central nuclear de Bushehr. “Estamos eliminando sistemáticamente la maquinaria financiera de la Guardia Revolucionaria”, se ha jactado el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Cada vez más voces en Israel abogan por incrementar los ataques sobre instalaciones civiles, como centrales eléctricas para dejar barrios enteros a oscuras. De hecho, según fuentes de defensa citadas por la prensa nacional, solo espera la luz verde de Washington para hacerlo. Consciente de los planes, el portavoz militar iraní, Ebrahim Zolfaghari, advirtió este domingo: “La región se convertirá en un infierno para nuestros enemigos si intensifican los ataques contra la infraestructura iraní”.

Siete menores

Mientras, los bombardeos de Estados Unidos e Israel siguen arreciando sobre distintas partes de Irán. La última oleada, desde la noche del domingo, ha dejado ya 34 muertos. Siete de ellos tenían menos de 10 años, según ha denunciado el portavoz del Ministerio de Salud de Irán, Hosein Kermanpur. En Baharestán, en la provincia de Teherán, el impacto de un misil contra dos viviendas ha matado a 13 personas, informa la agencia Fars.

Los ataques de Israel y Estados Unidos se han cobrado más de 3.500 vidas en Irán desde el inicio de la guerra, según datos de este sábado de la organización opositora iraní de derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos. Casi la mitad, al menos, eran civiles. La Media Luna Roja confirma una cifra menor: 1.900 muertos y 20.000 heridos.

Israel, con un avanzado sistema de defensa antimisiles y refugios, vive este lunes su segundo día más letal en esta guerra. Los servicios de rescate han extraído sin vida de entre los escombros a las cuatro personas que permanecían desaparecidas desde que un misil iraní impactó en la víspera en su edificio en la ciudad de Haifa. La confirmación, tras horas de búsqueda, de las cuatro muertes lo convierte en el ataque con más víctimas mortales en un mes, seguido solo de otro, con nueve, en Beit Shemesh, en los primeros días del conflicto.

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