El ejército del Gobierno interino de Siria y las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), lideradas por los kurdos, se encuentran enzarzados en una escalada militar después de intercambiar ataques desde el martes en la ciudad de Alepo, en el norte del país. Las hostilidades han causado hasta ahora al menos cuatro víctimas mortales y decenas de heridos, según la agencia estatal siria, aunque las FDS elevan la cifra de fallecidos. Este miércoles, las autoridades centrales han ordenado a la población civil la evacuación de los dos barrios de mayoría kurda, controlados las FDS, sugiriendo una ofensiva inminente.

Los dos bandos se acusan mutuamente de haber iniciado los disparos y de haber causado las muertes, que incluyen al menos tres civiles. Se trata de los peores enfrentamientos entre ambos bandos desde la caída del Gobierno de Bachar el Asad, en diciembre de 2024. Desde entonces, los líderes de la transición siria y la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria —cuyo brazo armado son las FDS— han negociado sin éxito la integración de esa fuerza militar en el ejército nacional. El estallido del martes llegó después de una reunión en Damasco que fracasó en el intento de desencallar el asunto.

El Comando de Operaciones del ejército de Siria ha declarado como “zona militar y cerrada” los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh, que es donde se han concentrado buena parte de los combates. Esos son también los distritos de Alepo donde las FDS tienen presencia —que mantuvieron durante los casi 14 años de guerra civil— y donde hay una mayor concentración de población kurda.

En paralelo, las autoridades han habilitado durante la mañana del miércoles dos corredores humanitarios, instando a la población civil a abandonar esos dos barrios antes de que el Gobierno aplicara el toque de queda sobre ellos y los considere como zona de combate. Esa designación ha dado comienzo a las tres de la tarde hora local (la una, en la hora peninsular española), después de que el ejército regular acumulara en las horas previas fuerzas llegadas de otras regiones del país.

Dos horas después, el Comando ha notificado que todavía esperaba la salida de más ciudadanos. “La seguridad y la estabilidad serán pronto reestablecidas mediante las medidas adecuadas para proteger a los civiles de los abusos de las FDS”, advertía en un comunicado.

El éxodo desde Sheij Maqsoud y Ashrafieh, ubicados en el norte de Alepo, una ciudad de en torno a dos millones de habitantes, incluye familias enteras que salen a pie, en ocasiones con perfiles vulnerables a quienes les cuesta avanzar en medio de un contexto de caos, ansiedad y bombardeos en la distancia. Equipos de la Defensa Civil Siria y de la Media Luna Roja socorren las labores de evacuación. Yaser Shahrour, un cooperante implicado en esas operaciones, asegura a EL PAÍS desde Alepo que una decena de mezquitas, así como una iglesia y una catedral, han sido habilitadas para acoger a la población desplazada, que también proviene de barrios limítrofes a los que han recibido órdenes de evacuación.

Los combates sucedidos el martes llevaron el gobernador de Alepo, Azzam al Gharib, a anunciar el cierre de oficinas, negocios, colegios y universidades para el miércoles. En un comunicado, Al Gharib vincula la decisión con lo que describe como “ataques indiscriminados” por parte de las FDS contra hospitales y otros servicios. Un periodista local del medio sirio Enab Baladi aseguró el martes que un bombardeo originario de las posiciones de las FDS golpeó la entrada del Hospital Zahi Azraq, en el barrio de Bustan al Basha, al este de Sheikh Maqsoud.

El descenso de la segunda mayor ciudad de Siria en un nuevo ciclo de lucha armada cae como un jarro de agua fría sobre la población, que tras 14 años de guerra civil esperaba abrazar un periodo de estabilidad después de la desaparición del Gobierno de El Asad. Ahora, de nuevo, las armas ponen su vida en pausa.

“No podemos hacer nada más que estar en casa sentados mientras esperamos noticias y oímos bombardeos”, explica frustrado a este diario un civil en Alepo. Teme que la violencia haya llegado para quedarse. El martes, los primeros bombardeos le cogieron a primera hora de la tarde mientras regresaba al trabajo. “De repente, toda la ciudad se paralizó, y todo el mundo corría hacia sus casas”, narra por teléfono.

El incipiente ejército sirio y las fuerzas kurdas habían protagonizado enfrentamientos en otras dos ocasiones anteriores desde el inicio de la transición, pero los dos estallidos se disiparon a las pocas horas al alcanzar acuerdos de tregua. Aunque de manera intermitente, esta vez las hostilidades persisten desde el martes. Testigos sobre el terreno hablan de drones sobrevolando la ciudad y de tropas posicionándose, haciendo temer el inicio de combates callejeros.

Pugna y negociación

El Ministerio de Defensa sirio ha acusado a los combatientes kurdos de iniciar los combates del martes con un ataque contra posiciones del ejército sirio. Las FDS acusan a “grupos afiliados a Damasco” de bombardeos indiscriminados con tanques y distintos tipos de lanzacohetes, alegando una respuesta posterior “para proteger a esos barrios”.

Ambos bandos habían pactado rebajar tensiones después del estallido de otro episodio de tensión en diciembre, pero no han logrado reconducir el pulso que arrastran desde hace meses hacia la mesa de negociación. En marzo, el Gobierno de Damasco y las FDS firmaron un acuerdo que incluía la integración en el ejército regular durante 2025 de la milicia liderada por los kurdos —que controla el noreste del país, donde existen recursos petrolíferos—.

El proyecto era parte de los esfuerzos de Damasco para reunificar el país tras casi tres lustros de conflicto civil, en los que múltiples actores políticos en distintos territorios —con frecuencia, apoyados por la fuerza de las armas— ampliaron su influencia sobre el terreno. El caso de los kurdos, de hecho, es el principal reto en esa unificación, al tratarse con decenas de miles de combatientes de la mayor fuerza no estatal a absorber.

Sin embargo, esa unión nunca se ha implementado del todo. Ambos lados acusan al otro de torpedear el progreso conseguido en marzo, y discrepan en el modo en el que esa integración debe llevarse a cabo —si los combatientes deben incorporarse a filas a título individual o como parte de una institución distinguida— o el grado de autonomía que las FDS deben retener al margen de Damasco.

Algunas de las facciones que ahora engrosan el ejército sirio provienen de milicias apoyadas por Turquía que durante la guerra civil terminada en 2024 luchaban contra los kurdos, a quienes EE UU ha apoyado durante años al tenerlos como principales aliados en la lucha contra el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en la región. Ankara, uno de los máximos valedores del nuevo Gobierno interino en Siria, encabezado por el exyihadista Ahmed al Shara, considera a la fuerza de la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria como una organización terrorista por su vínculo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

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