El comienzo de 2026 en el sur de Europa ha estado marcado por la sucesión de fenómenos meteorológicos extremos. Lluvias intensas, agresivas rachas de viento, fuertes nevadas y olas gigantes han golpeado toda la región mediterránea con excepcional severidad. Para los países de la zona, responder a un revés de esta magnitud ha representado un desafío complejo, pero por lo general han adoptado medidas anticipatorias que les han permitido limitar el impacto.

Donde no se ha prestado en cambio la misma atención ha sido en el interior del Mediterráneo, donde la falta de rutas migratorias seguras combinada con unos temporales devastadores está resultando letal. Desde que empezó 2026, al menos 768 personas han muerto o desaparecido mientras intentaban cruzar el mar, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Se trata del inicio de año más mortífero que jamás ha registrado en el Mediterráneo.

Este repunte de muertes, además, coincide ahora con una creciente inestabilidad regional a raíz de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán y de la expansión del conflicto hacia el Mediterráneo oriental. Aunque sus repercusiones son aún inciertas, el conflicto introduce un nuevo foco de tensión con impactos sobre las prioridades diplomáticas y de seguridad de la Unión Europea, lo que podría relegar todavía más la atención hacia las rutas migratorias.

La última tragedia con decenas de fallecidos ocurrió el pasado viernes al sur de Creta, cuando un barco que había partido de Libia volcó durante un nuevo temporal. Fueron rescatadas 20 personas y se hallaron cuatro cuerpos, pero se cree que murieron 30 migrantes más. Egipto, el primer país africano de origen de migrantes irregulares a Europa en 2025, alertó de que en la embarcación había 21 egipcios: tres fueron localizados muertos y 18 han desaparecido.

“Cruzar el Mediterráneo central ya es una de las travesías más peligrosas del mundo. Enviar a personas al mar en embarcaciones sobrecargadas y no aptas para la navegación es de por síuna práctica criminal. [Pero] organizar salidas en medio de condiciones meteorológicas tan extremas las expone a un riesgo de muerte casi seguro”, afirma una portavoz de la OIM, queseñala que este arranque de año es el más funesto desde que empezaron los registros en 2014.

En enero y febrero, la OIM contabilizó casi 11.000 llegadas a Europa, lo que significa que una de cada quince personas migrantes que ha intentado cruzar el Mediterráneo ha muerto o desaparecido en alta mar, casi seis veces más que la media del último lustro, cuando la ruta ya se cobraba la vida de miles de personas cada año. En los dos primeros meses de 2026 ya se han registrado más del 30% de todas las muertes que documentó la OIM el año pasado.

A pesar de este aumento, organizaciones de solidaridad con personas migrantes como Alarm Phone, Refugees in Libya y Mediterranea alertan que la cifra real de muertes es seguramentemucho mayor y, según los testimonios que han recopilado, solo en enero ya se podría haber superado el millar. La OIM también admite que la cifra es superior a la que puede documentar por los llamados naufragios fantasma, en los que embarcaciones desaparecen sin dejar rastro.

Más allá del agravante de unas condiciones meteorológicas extremas, la portavoz de la OIM subraya que este incremento “refleja una combinación de factores”. “Las redes de tráfico de personas siguen operando”, prosigue, y “muchas personas sienten que no tienen alternativas viables para desplazarse”. “Cuando las vías legales y seguras son limitadas y persisten las necesidades de protección o las presiones económicas, hay algunas personas que continuarán recurriendo a traficantes, incluso cuando los riesgos sean extremos”, señala.

En enero hubo tres días en los que se registraron múltiples naufragios con más de 100 muertos o desaparecidos. La mayoría se produjeron frente a la costa de Túnez, y grupos de solidaridad con personas migrantes aseguran que al menos una decena de embarcaciones partieron entre el 14 y el 21 del mes, en pleno ciclón Harry, empujados por una escalada represiva del ejército tunecino que incluyó el desalojo violento de campamentos informales de migrantes en Sfax.

La ruta más letal del Mediterráneo, y una de las más mortales de todo el mundo, sigue siendo precisamente la central, donde se han producido 559 de las muertes registradas desde el inicio de año. A principios de febrero una lancha con 55 personas de varias nacionalidades africanas a bordo, incluidos dos bebés, naufragó frente a la costa de Libia tras llenarse de agua al pocode haber partido. Solo sobrevivieron dos mujeres, una de ellas la madre de los dos infantes.

La portavoz de la OIM considera que evitar más muertes requiere esfuerzos en varios frentes, incluido acciones contra redes de tráfico y operaciones de búsqueda y rescate más efectivas con desembarco en lugares seguros. Pero “en última instancia”, desliza, “ofrecer vías seguras y legales es la solución a largo plazo para proteger a las personas en movimiento”.

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