“Tiene que salir de ahí. Está embarazada”. El médico Mustafá Barguti se comunica con el móvil con una sanitaria palestina retenida por el ejército israelí en el sur de Cisjordania. “Estamos rodeados por 1.100 puestos de control y 200 puertas de seguridad que aíslan a las comunidades y las convierten en jaulas”, explica en la sede de Ramala de Iniciativa Nacional Palestina, el partido que fundó hace más de dos décadas junto con el intelectual Edward Said. Exministro, parlamentario, Barguti sigue siendo a los 71 años una de las voces independientes más respetadas por los palestinos. “Todos los días pasan cosas así”, relata, “y durante la guerra con Irán todo ha ido a peor: no hemos sido parte, pero hemos sido víctimas”.

Israel ha aprovechado el conflicto con Teherán para extender su control sobre amplias zonas asignadas a la Autoridad Palestina en los Acuerdos de Oslo de 1993, mientras se multiplicaban las agresiones de los colonos. Los palestinos han sufrido las consecuencias de una guerra en la que han muerto cuatro mujeres jóvenes por el impacto de un proyectil iraní, y más de una de decena de civiles han fallecido en ataques de colonos y soldados israelíes.

“Israel solo maneja un plan de ocupación, no un plan de paz”, argumenta Barguti, quien tiene prohibido pisar su Jerusalén natal, situado a media hora de coche de Ramala. “Ya ha asesinado la solución de los dos Estados; no hay futuro para un Estado palestino, pero nunca dejaremos nuestra tierra”.

La ONG israelí B’Tselem ha constatado que un palestino murió tiroteado por la espalda hace una semana por disparos de un colono movilizado por el ejército como reservista en la aldea de Deir Yarir, al norte de Ramala. Irrumpieron con rebaños en los pastos que rodean la población antes de abrir fuego con sus armas.

Cisjordania no levanta cabeza desde la pandemia, en 2020. La guerra de Gaza, a partir de octubre de 2023, y la última contienda con Irán no han hecho más que agravar una crisis que ha sumido la vida cotidiana de los palestinos “en modo de supervivencia”, advierte Yusef Mohamad, de 38 años, economista del Banco de Palestina.

Olvidados del mundo, cerca de 250.000 trabajadores palestinos llevan más de dos años sin poder acudir a sus empleos en Israel. Otros tantos funcionarios y empleados públicos, como docentes y sanitarios, han visto reducidos sus salarios en un 50%. “Solo los médicos palestinos están autorizados a acudir a los hospitales israelíes, a veces para salvar la vida de soldados que han matado a civiles en Gaza o Cisjordania”, detalla.

“El último conflicto ha sido devastador, la Autoridad Palestina está al borde del colapso. Es difícil entender cómo sigue aún en pie”, asegura el economista Mohamad. La semana pasada, cerca de 70 trabajadores palestinos fueron descubiertos por las fuerzas de seguridad israelíes apiñados dentro de un camión de basura cuando intentaban cruzar hacia Israel de forma clandestina por un puesto fronterizo del centro de Cisjordania.

Jaled, de 49 años, trabajaba en la construcción en Israel antes del estallido de la guerra de Gaza en 2023. “Tenía un buen sueldo, pero desde entonces mi situación económica se ha hundido”, revela en Ramala. “Ya no puedo ayudar a mi familia como antes, y dar a mis cinco hijos lo que necesitan. Una de mis hijas estudia Medicina en la universidad. No puedo seguir ayudándola con los gastos y eso me destroza”, confiesa. “Cuando terminó la guerra en Gaza confié en que las cosas cambiarían. Pero nos han impuesto otra guerra que ha acabado con toda esperanza”.

“Mientras prosigan los ataques israelíes en Gaza, que se suceden a diario, no cabe pensar en la reconstrucción. Para los palestinos se trata de una guerra interminable”, concluye el economista del Banco de Palestina. El goteo de muertes no cesa en la Franja. Cinco personas murieron el lunes 13 en incursiones del ejército israelí. Dos días antes, los bombardeos causaron al menos siete muertos. El jueves, se contabilizaron cuatro. El viernes fueron dos las víctimas mortales. El sábado, dos camioneros que transportaban agua potable para una agencia de la ONU fueron abatidos a tiros. Son más de 770 los palestinos que han perdido la vida en Gaza en ataques israelíes desde el inicio del alto el fuego en el enclave, el pasado 10 de octubre.

La Junta de Paz creada por el presidente de EE UU, Donald Trump, tras el cese de hostilidades pretende dar pasos este mismo mes para imponer el desarme de la milicia islamista de Hamás, sin garantizar a cambio la retirada de las tropas de Israel del enclave costero. El proceso de reconstrucción permanece bloqueado entretanto, y los suministros básicos siguen sin llegar a una población de dos millones de habitantes, mientras el riesgo de que se reactive la guerra en Gaza se acrecienta.

Médicos Sin Fronteras define como “catastrófica” la vida cotidiana a en Gaza tras seis meses de alto el fuego nominal. “Existe un patrón continuo y deliberado de bloqueo de la ayuda, con escasez de agua potable y alimentos, y sin accesos a la atención sanitaria, mientras Israel impide la entrada de suministros médicos y las evacuaciones de enfermos graves”, denuncia esta ONG internacional. El 90% de la población ha sido desplazada a la fuerza, concentrada en el 42% del territorio comprendido dentro de la llamada “línea amarilla” trazado al oeste de la Franja por el ejército, convertida en barrera letal para quien se acerque a ella.

“No sabemos lo que es un alto el fuego, en Gaza. Pero sin paz regional tampoco podrá haberla en Palestina”, sostiene en Ramala Abdelfatah Doleh, de 47 años, portavoz del partido Fatah, encabezado por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. “Esperamos que el mundo vuelva ahora la vista hacia nosotros y la cuestión palestina esté de nuevo en el orden del día internacional”, apunta Doleh en tono de súplica. “El silencio casi general de la comunidad internacional durante más de dos años de guerras ha demostrado que castigar los crímenes de Israel no figura en la agenda global”.

34 nuevos asentamientos

La anexión de facto de Cisjordania avanza mientras el ministro de Finanzas israelí, el ultranacionalista Bezalel Smotrich, se vanagloria de que su Gobierno está “matando la idea del Estado palestino”. Israel acaba de aprobar la construcción o consolidación de 34 asentamientos en Cisjordania, a pesar de que la comunidad internacional los considera ilegales. El Consejo de Seguridad de la ONU lo ratificó por última vez en diciembre de 2016, en la resolución 2334 adoptada bajo el mandato del demócrata Barack Obama en EE UU. Durante las presidencias del republicano Donald Trump han surgido más de un centenar de asentamientos.

“Los palestinos hemos sido abandonados por el mundo”, denuncia Nedaa, de 28 años, empleada en la Administración palestina en Ramala. “Tantas guerras seguidas agravan nuestra vulnerabilidad. Hemos estado bajo doble presión: la ocupación israelí y los misiles iraníes, y aquí no tenemos refugios”. En plena guerra, la Knéset, el Parlamento de Israel, ha aprobado la imposición de la pena de muerte solo para palestinos por los tribunales militares que les juzgan en Cisjordania. Para los israelíes que viven en el mismo territorio, juzgados por tribunales civiles, no cabe la pena capital.

“El conflicto con Irán ha sido una guerra israelí, no palestina, pero todo lo que pasa en Oriente Próximo nos afecta”, sentencia el analista político Fares Sarafandi. “La guerra continúa de hecho en Gaza, e Israel ha convertido Cisjordania en una gran prisión al aire”. Este comentarista en un canal de televisión palestino, que ha pasado tres de sus 42 años en cárceles israelíes, coincide en que el Estado judío “no va a permitir nunca un Estado palestino”. “Está en marcha una limpieza étnica. No hay futuro para los palestinos”, concluye. “Estamos solos. Nadie ha detenido el genocidio en Gaza”.

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