En comparación con el día en que se conocieron, este “plan de amigos” ya no tendrá ningún coste extra más allá de la cena. A sus 29 años, Patricia Cabrero está a punto de agendar su segunda cita con un hombre con el que coincidió en un encuentro a ciegas en Madrid. La primera vez tuvo que pagar 20 euros en la aplicación TimeLeft para asistir. “Hicimos match porque ambos llegamos temprano a cenar y estábamos nerviosos. No nos hemos vuelto a ver por cuestiones de tiempo, pero vamos a quedar esta semana. Todo en plan de amigos”.
La vida sin amistad es indeseable o incompleta, como decía Aristóteles: “Nadie elegiría vivir sin amigos, aunque poseyera todos los demás bienes”. La soledad no deseada es un fenómeno cada vez más reconocido. Uno de cada cinco adultos (entre 18 y 60 años) en España aseguró sentirse solo en 2024. Los menores de 24 años son los más afectados, según el barómetro del Observatorio Soledades, impulsado por la Fundación ONCE y que aglutina a las principales entidades que trabajan en este ámbito. Como paliativo a este problema, están surgiendo empresas en redes que prometen ayudarte a hacer amigos a cambio de una suscripción. Un fenómeno que algunos sociólogos han bautizado como “la economía de la amistad”.
A Cabrero, el precio de la suscripción le parece justo. La joven puertorriqueña lleva poco más de un año viviendo en la capital española y asegura que encontrar personas con gustos en común ha sido difícil. Pagar por una coincidencia no le parece extraordinario: “Solo estás usando un servicio. Es como cuando vas a una convención de algo que te gusta o de trabajo, pagas por hacer networking, (por las conexiones). Es una nueva forma de aventurarse para conocer personas”.
Además de esta aplicación, con presencia en más de 55 ciudades de todo el mundo —entre ellas Madrid, Barcelona y Málaga—, en los últimos años han proliferado páginas y perfiles en redes sociales que ofrecen conexión con personas que también buscan amigos. We are Mussa es uno de ellos. La plataforma ofrece una membresía mensual de 30 euros para participar en clubes de lectura o de corredores, entre otros. Daniela Roiz, de 34 años, es una de sus creadoras y afirma que en “un mundo que se mueve tan rápido, las conexiones son un lujo y la gente está dispuesta a pagar por ellas”.

Roiz explica que el coste de la membresía responde a la “posibilidad de tener acceso exclusivo a personas y eventos”. Con pagos adicionales —que oscilan entre los 5 y los 50 euros—, el servicio permite acceder a actividades como clases de cocina, cerámica o baile. Aun así, advierte que el dinero gastado “no garantiza un amigo”. La empresaria defiende que las amistades que surgen en los encuentros dependen sobre todo de la disposición de las mujeres —el público al que está dirigida la plataforma— para conectar con otras personas con necesidades similares.
El psicólogo social Antonio Rial sostiene que, en una sociedad cada vez más carente de vínculos, se ha normalizado que las relaciones humanas pasen por una lógica de transacción económica. El catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela apunta que en España se percibe cada vez más la falta de contextos sociales para generar relaciones de manera natural: “Ya no existe esta lógica de salir al barrio a jugar con los vecinos, ni siquiera visitar a tus abuelos o a tus primos durante los fines de semana. Los niños y adolescentes no tienen estos recursos que solían ser naturales y están todo el tiempo online, lo que hace que se sientan incómodos interactuando fuera de la red”. Para Rial, el mercado vende lo que la sociedad demanda: contacto social.
La amistad y las redes sociales
La amistad tiene un peso importante en el bienestar social de los jóvenes. Un estudio publicado por el Observatorio Soledades en 2024 señala que, entre quienes se sienten solos, más de la mitad (55,4%) está insatisfecho con la cantidad de amigos que tiene, frente al 13,9% de quienes no experimentan soledad. Según el informe, quienes se relacionan con sus amistades principalmente de forma online tienen el doble de riesgo de sufrir soledad.
Eso lo sabe bien el programador Jesús Sánchez, fundador de la web y aplicación AlquiFriend, una plataforma que convierte la compañía social en un servicio que puede contratarse por horas. Las tarifas las ponen los usuarios al momento de configurar su perfil como “amigo de alquiler” con costos por hora que van desde los 5 hasta los 90 euros. También existe la posibilidad de ofrecer una tarifa gratuita.
AlquiFriend nació en 2018, después de que Sánchez se mudara a Málaga por trabajo. “No tenía amigos ni familia, y a mí me gusta salir a correr acompañado. Empecé a buscar alguna opción para conocer personas con esta afición y en aquel momento no había nada parecido. Entonces desarrollé una web para buscar personas afines y solo ha ido creciendo”. Actualmente, AlquiFriend cuenta con más de 100.000 personas de 17 países de habla hispana inscritas en la aplicación, según su fundador.

Además de esta web, en España existen otras opciones para alquilar amigos. Entre ellas están Rent a Friend, con una dinámica similar a la de AlquiFriend; Rent a Local Friend, enfocada a viajeros que buscan compañía en los lugares que visitan; y Rent a Cyber Friend, destinada a comunidades de jugadores online que intentan conectar con otras personas para disputar partidas.
Otras aplicaciones, al estilo de TimeLeft, son Amigos Social y Group Vibe, que ofrecen la posibilidad de unirse a planes mediante el pago de una membresía. También existen cuentas en redes sociales que organizan encuentros a cambio de pago por evento o mediante suscripciones para acceder a comunidades exclusivas, entre ellas Jomo Madrid, Guiris de Mierda, Chika Moments y One Thousand Club. Su público principal son extranjeros que se acaban de mudar y aún no tienen redes de apoyo ni amistades en la ciudad. El rango de edad suele variar, pero engloba desde los 18 hasta los 65 años, dependiendo de la web. Algunas de las que tienen presencia en redes sociales están enfocadas a personas entre los 18 y los 40 años, y sus eventos varían conforme a los rangos de edad.
Hay personas que quieren aparentar que no están solas y nosotros les ayudamos a que se vean populares
Jesús Sánchez, fundador de AlquiFriend
En países como Australia, China e India, medios locales comenzaron a reportar un auge de estos servicios a partir de la pandemia de la Covid-19. En Japón, el alquiler de amigos es un poco más común. Existe al menos desde 2009. La empresa Family Romance, una de las pioneras en ofrecer estos servicios, inspiró una película homónima en 2019.
Su fundador, Yuichi Ishii, contó a The Atlantic que algunos de los casos más insólitos en los que ha participado como actor contratado para rol de acompañante en la vida real incluyen bodas, donde ha sido el novio hasta en tres ocasiones, además de ejercer como “padre” de una menor desde los ocho años. Según cuenta, la joven alcanzó la mayoría de edad pensando que Ishii es su padre verdadero, aunque ausente la mayor parte del tiempo. Por un fin de semana al mes que pasan juntos, le cobra a la madre casi 200 euros.
En el caso español, Jesús Sánchez asegura que desde AlquiFriend no se miente ni se fomentan ese tipo de intercambios. Aun así, reconoce que han recibido solicitudes peculiares: usuarios que piden alquilar grandes grupos de personas para llenar mesas en un matrimonio, conseguir apoyo en partidos deportivos o posar en fotos para redes sociales. “Hay personas que quieren aparentar que no están solas y nosotros les ayudamos a que se vean populares”, expone.
Para el psicólogo social Antonio Rial, esta necesidad de fingir que se tiene “una vida feliz y llena de amigos” responde a la saturación de contenidos en redes sociales que muestran vidas exitosas ligadas a objetivos poco realistas. “Las generaciones anteriores tenían una hoja de ruta muy marcada para vivir una vida plena y lo disfrutaban, pero ahora lo que la gente quiere es ser feliz. Da igual cómo, porque las personas no saben lo que les gusta, saben lo que les debería de gustar, y en ese ‘debería’ se condenan a ser infelices y convivir con la frustración”, sostiene.
Patricia Cabrero insiste en que no busca hacer amigos “porque sí”. Niega que para ella se trate de una cuestión de apariencia o popularidad. Estar fuera de Puerto Rico durante tanto tiempo “sin una red de apoyo que se sienta como un hogar” la ha llevado a buscar personas con las que vincularse, no solo para pasar el tiempo, sino también para compartir intimidad. “Claro que tengo otros amigos, pero me gustaría compartir más con gente que entienda lo que me pasa”, asegura. “No solo es salir a cenar”.
