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Los titulares suelen abusar de expresiones como “un antes y un después”, “histórico” o “pionero”. Pero esta semana sí hemos vivido algo así: dos tribunales han sentenciado contra Meta, sobre todo, y contra Youtube por su falta de protección a menores. Primero, en Nuevo México condenaron a Meta a pagar 375 millones de dólares por no evitar que menores vieran contenido explícito y les acosaran adultos. Este mismo martes, en España, la Policía anunció la detención de un groomer que había usado Instagram para acechar a docenas de menores.
Pero la sentencia más gorda es la segunda. En California, un jurado popular ha sentenciado que Meta y Google deben pagar 6 millones de dólares a una joven de 20 años por haber diseñado sus plataformas para mantenerla enganchada cuando era niña sin tener en cuenta su bienestar. La sentencia es histórica por dos motivos: hay miles de jóvenes esperando con un argumento similar en todo el país: “Las redes empeoraron mi salud mental”; y, además, culmina el runrún de años sobre las redes y los adolescentes.
Es la ‘era Marlboro’ de Silicon Valley
Antes de entrar en detalles, hay algo simple que sirve para entender la situación: la era del tabaco es la tercera gran etapa de las redes sociales. La primera fue la era democrática, con el estandarte de la primavera árabe. En 2016, con la irrupción de Donald Trump y el Brexit, llegó la era de la desinformación. Justo diez años después, llegamos a la “era tabaco”.
Los cigarrillos no se defenestraron en un día. Está por ver que las redes calquen su proceso. Para eso, debería acabar en un acuerdo global para todos los demandantes, como ocurrió con el tabaco, y no está nada claro. Meta tiene aún recursos a mano. Sea como sea, el debate ya no es, ni será, qué buenas son las redes. Su diseño para engancharnos es cada vez más evidente: podrán defenderse a muerte o crear un sucedáneo como los vapeadores, pero ya no pueden ignorar sentencias en sus mansiones.
¿Pero en serio un mensaje de redes es como fumar?
La sentencia no es ciencia. Hace años que la comunidad científica y académica debate si las redes causan problemas de salud mental. El verbo “causar” ahí es muy importante: ¿son la causa de depresión igual que un cigarrillo lo es del cáncer de pulmón o no? No hay evidencia científica.
El caso de California no juzgaba, sin embargo, ese detalle, sino si las redes habían sido “un factor sustancial” en los problemas de la joven estadounidense.
La demandante empezó a usar Youtube a los 6 años e Instagram a los 9. No son edades para eso, dicen los críticos con la sentencia. La periodista e influencer Taylor Lorenz, contraria a la decisión, escribió este mensaje viral en redes: “Su madre le pegaba, la maltrataba, la pesaba todos los días y la llamaba gorda; su hermana intentó quitarse la vida y su padre la abandonó. Pero nada de eso, por lo visto, le provocó la ansiedad, la depresión ni la dismorfia corporal a esta pobre chica. Fueron los vídeos de reseñas de pintalabios en YouTube”.
Her mother beat her, abused her, weighed her daily, called her fat, her sister tried to take her own life and her father abandoned her. Yet none of that apparently led to this poor girl’s anxiety, depression and body dysmorphia, it was lip gloss review videos on youtube https://t.co/g8mBUwUym2
— Taylor Lorenz (@TaylorLorenz) March 25, 2026
El argumento de Lorenz es que Instagram es más McDonald’s que Marlboro: es un riesgo a veces y para algunos, pero no por eso hay que limitarlo para menores (que es una decisión que tendría consecuencias para adultos también, como la verificación de edad o el control del contenido que se puede publicar).
Igual no es tan peligroso, pero sigue siendo un mensaje
Quizá sí es peligroso para muchos adolescentes, pero globalmente beneficioso para la mayoría. Aunque es muy difícil que Silicon Valley pueda ignorar la queja social.
Una miembro del jurado habló con los medios tras salir la sentencia. Dijo dos cosas interesantes: una, que el testimonio de Mark Zuckerberg había sido determinante porque “iba cambiando la declaración todo el rato”. No le creyeron. Y dos, que el jurado quería que las redes entendieran que sus prácticas no eran aceptables: “Queríamos que lo sintieran”, dijo.
Esta es la consecuencia más importante de todo esto por ahora. Silicon Valley lleva años mirando por encima del hombro a la sociedad: perdonan la vida de todos. Han sobrevolado sus problemas con excusas como “no es para tanto”, “protejan la libertad de expresión” o “no hay evidencia”. La sociedad, con estas sentencias, le ha respondido que espabilen o paguen.
La culpa es de los padres, no de internet
Los críticos con la sentencia creen que esto puede suponer un problema de censura. Las redes siempre han dicho que la ley les ampara porque no son responsables de los mensajes que publican sus usuarios. ¿Pero el algoritmo y el scroll infinito también están amparados? Las redes dicen que sí, que es como un director de un medio decidiendo el orden de los contenidos. Pero no está claro que la automatización, la personalización y el alcance sean igual que un humano decidiendo qué abre un informativo o una web.
Así lo ve Fire, una organización que defiende la libertad de expresión por encima de todo: “Que esas funciones estén diseñadas para enganchar la atención de los usuarios no es ningún gran descubrimiento. Es el objetivo de todos los medios. Imponer responsabilidad porque el contenido resulta demasiado atractivo sería una intromisión brutal en la libertad de expresión”.
Para quienes se oponen a la decisión del jurado de California, la responsabilidad es de los padres, no de las redes. Cada familia debe decidir y controlar qué ven sus hijos, dice Fire: “Padres de todo el país —incluidos los de Fire- están preocupados porque sus hijos pasen demasiado tiempo enganchados al scroll. Pero delegar la responsabilidad parental en abogados, empresas o el Gobierno es lo último que deberían hacer”.
Las acciones de Meta no bajaron mucho de momento: los menores igual no entran a Instagram con 13 años, pero sí lo harán con 16. Es un mal controlable. Pero esto puede acabar con más gente pidiendo algoritmos distintos de recomendación, que sea menos adictivo y, por tanto, viendo menos anuncios. Es decir, en más gente fumando menos.
