Desde hace algo más de dos años separo siempre los restos de comida del resto de la basura: en la localidad donde vivo existe un programa municipal de procesamiento de residuos orgánicos para crear compost, que se reparte entre todas las personas que colaboran en su elaboración.
Hace unas semanas, sin embargo, tuve la oportunidad de probar un dispositivo que me permite dar un paso más y realizar parte de ese proceso en casa. Se trata del Dreame SF25, un triturador de basura que, en cuestión de horas, la convierte en polvo: solo tengo que echar todos los restos dentro —pieles de frutas, huesos, sobras, caldo…— y pulsar un botón. El aparato se encarga de triturarlo y, después, de secarlo y deshidratarlo mediante calor. El resultado es un polvo seco y sin olor listo para mezclar con materia vegetal como hojas secas. Y, además, sin verter absolutamente nada por el desagüe. El proceso total dura un máximo de seis horas, en función de la cantidad de restos introducidos. En todo momento sé cuánto tiempo queda, porque la máquina lo calcula automáticamente a partir del peso.
¿Qué hago después con ello? Lo he ido acumulando hasta llenar un recipiente de unos cinco litros y lo he mezclado en una compostadora doméstica con hojas secas. En mi caso, utilizo un modelo giratorio de la marca Outsunny que permite airear la mezcla sin tener que removerla a mano. En unas semanas espero tener lista una buena cantidad de compost para abonar mis plantas. Mientras tanto, sigo pulverizando los restos orgánicos y depositándolos en el contenedor del programa público: ahora ya no necesito bajarlos a diario, porque ocupan mucho menos y no generan olores.
Todo este proceso me ha llevado a plantearme otras formas en las que la tecnología puede ayudarnos a gestionar mejor los residuos domésticos y a contaminar menos. Y lo cierto es que hay más opciones de las que parece. Estas son algunas de las principales.
Reducir residuos antes de que existan
Una de las medidas más efectivas que podemos aplicar desde casa es reducir los residuos antes incluso de generarlos, planificando mejor las compras. En este ámbito existen aplicaciones que analizan lo que tienes en casa, detectan productos con exceso de envase y sugieren alternativas con menos plástico.
Apps como Yuka, Buycott o My Little Plastic Footprint permiten escanear productos, evaluar su impacto ambiental o recibir recomendaciones para optar por opciones más sostenibles, como productos a granel o con envases reciclables.
Disminuir el desperdicio alimentario
Saber qué hay en la nevera y en la despensa, controlar las fechas de caducidad y consumir los alimentos antes de que se estropeen es clave para reducir el desperdicio alimentario.
Ya existen neveras inteligentes, como las de la gama Samsung Family Hub o LG InstaView, que permiten llevar un inventario visual de los alimentos y sugieren recetas con aquellos que están a punto de caducar. A esto se suman robots de cocina, como Thermomix o Monsieur Cuisine, que proponen recetas en función de ingredientes concretos, y aplicaciones móviles como NoWaste, KitchenPal o Fridgely, que permiten registrar la compra y envían alertas cuando un alimento está a punto de estropearse. Por ejemplo, pueden avisarte de que una docena de huevos caduca en dos días o de que conviene consumir los tomates antes de que se pudran.
Reciclar bien
Si surgen dudas sobre dónde depositar cada residuo, también hay tecnología pensada para facilitar una correcta separación. Existen cubos de basura inteligentes —como los de marcas como Townew o Bruno Smartcan— equipados con sensores que identifican el tipo de residuo (orgánico, envases o papel) mediante el peso, la forma o incluso cámaras, y que avisan si se comete un error. Además, aplicaciones como Ecoembes Recicla, ReciclApp o Recycle Coach permiten escanear el código de barras de un producto o introducir su nombre para saber si se recicla, en qué contenedor debe depositarse y cómo separar correctamente sus distintos componentes.
¿Y si cambiamos los hábitos?
Más allá de ayudarnos a separar, triturar o reciclar mejor, la tecnología también puede mostrarnos cuántos residuos generamos realmente y empujarnos a cambiar rutinas. Hay aplicaciones como Waste Log o JouleBug que permiten registrar cuántas bolsas de basura se sacan a la semana, qué porcentaje corresponde a residuos orgánicos, envases o resto, y cómo evoluciona esa cifra con el tiempo. Algunas incluso traducen esos datos en emisiones de CO₂ o permiten compararse con hogares de características similares.
La tecnología como aliada
Ninguna de estas herramientas, por sí sola, va a resolver el problema de los residuos. Sin embargo, sí pueden reducir barreras, simplificar decisiones y, sobre todo, hacer visible algo que normalmente desaparece en cuanto cerramos la bolsa de basura. En mi caso, empezar a pulverizar los restos orgánicos en casa ha sido el detonante para replantearme todo lo demás. No como una solución definitiva, sino como un primer paso para hacer la basura —y nuestras decisiones cotidianas— un poco menos invisibles.
