04 de abril de 2026 – 21:05
El obispo de Caacupé, Ricardo Valenzuela, llamó a los fieles a rebelarse ante la miseria y la humillación como una expresión concreta de la fe en Cristo resucitado. Fue durante la misa de la Vigilia Pascual.
“Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños que solo han conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimiento queden olvidados para siempre”, expresó durante su homilía.

La Vigilia Pascual, considerada la celebración más importante del calendario cristiano, fue presentada como la noche que da sentido a la vida de fe, al conmemorar la resurrección de Cristo. En ese marco, el obispo destacó que el anuncio de que “el Señor ha resucitado” no es solo una proclamación, sino un llamado a vivir el compromiso cristiano en la vida cotidiana.
Valenzuela subrayó que la fe no puede limitarse a una afirmación doctrinal, sino que debe traducirse en una actitud concreta frente a la realidad.
En ese sentido, instó a resistirse a la idea de que la vida humana carece de sentido y a confiar en que Dios conduce a la humanidad hacia su plenitud, donde se harán realidad la justicia, la paz y una vida digna para todos.
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No ser indiferentes
Asimismo, remarcó que creer en Cristo resucitado implica no permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los más vulnerables.
Recordó especialmente a quienes viven en la pobreza, la exclusión y el dolor, señalando que la fe cristiana invita a no aceptar que estas situaciones sean normalizadas o ignoradas.
El obispo también destacó la importancia de acompañar con esperanza a los enfermos, a las personas con discapacidad y a quienes atraviesan momentos difíciles, subrayando que en esos gestos concretos de cercanía se hace visible el verdadero sentido del mensaje cristiano. En ese contexto, recordó que la fe no puede quedarse en palabras, sino que debe traducirse en acciones solidarias, capaces de aliviar el dolor y sostener a quienes más lo necesitan.
Asimismo, reafirmó que la promesa cristiana es una vida plena, en la que ya no habrá dolor ni tristeza, e invitó a los fieles a mantener viva esa esperanza incluso en medio de las adversidades cotidianas. Señaló que, pese a las dificultades, Dios sigue obrando en la vida de las personas y se manifiesta especialmente en los pequeños actos de amor y entrega.
Finalmente, alentó a la comunidad a confiar en que los esfuerzos por construir un mundo más humano, justo y fraterno no son en vano. Remarcó que todo lo realizado con amor, por más sencillo que parezca, tiene un valor inmenso y alcanza su plenitud en Dios, convirtiéndose en semilla de transformación para la sociedad.
La celebración concluyó en un clima de profunda emoción, con un mensaje cargado de esperanza y renovación espiritual, reafirmando que Cristo vive, camina junto a su pueblo y sostiene a la humanidad en cada paso de su historia.
