En un momento en el que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece abierto a la posibilidad de retomar las conversaciones con el régimen iraní en Pakistán, después de que prorrogara el alto al fuego de forma indefinida, Mohammad Reza Pahleví, hijo del último shah de Irán, ha comparecido este jueves en Berlín en conferencia de prensa. En ese foro ha pedido que se escuche también a los iraníes que protestan en contra del Gobierno de la República Islámica y se recuerde a los “40.000 civiles masacrados por el régimen”. La cifra oficial de víctimas en las protestas a las que se refería Pahleví, el pasado mes de enero, es de 3.117 muertos. Organizaciones iraníes en el exilio, como HRANA, con sede en Estados Unidos, calculan que pueden superar las 7.000.

El príncipe de la derrocada dinastía homónima, la de su padre, el último shah de Irán, Mohamed Reza Pahleví —cuyo derrocamiento dio paso a la proclamación de la República Islámica en febrero de 1979— se mostró escéptico ante un posible acuerdo y a la duración del alto al fuego. “No confío mucho en que esto dé lugar a una situación estable, aunque se produjera”, declaró ante la prensa en la capital alemana. “Aunque hubiera algún acuerdo, no creo que durara mucho tiempo y no creo que contribuya a estabilizar la situación”.

En su opinión, “pensar que el régimen tiene la capacidad de comprometerse realmente con una paz duradera es una fantasía un poco exagerada” y apuntó que este tiempo serviría al régimen, “como siempre”, para reorganizarse y recuperar impulso.

“La solución definitiva llegará cuando tengamos la oportunidad de acabar con este régimen de una vez por todas. Esta es una oportunidad de oro que no hay que dejar pasar. Sería una lástima que no viéramos el fin de este régimen ahora que es tan frágil y está a punto de desmoronarse”, afirmó. Luego recordó que “ha masacrado a miles de ciudadanos inocentes” en una “guerra que lleva 47 años y en la que no hay alto el fuego”. Además, advirtió de posibles represalias: “El régimen es una bestia herida”.

Dirigiéndose a los gobiernos europeos, Pahleví exigió que dejaran de apaciguar a los dirigentes de Teherán o de negociar con ellos. “No se debe legitimar nada que mantenga en el poder al aparato estatal”, dijo. “Europa lleva casi 50 años intentando cambiar el régimen y ha fracasado. Mientras este permanezca en el poder, Europa seguirá viviendo en peligro”. Y señaló que “el pueblo iraní quiere “una ruptura total”.

“Lo ha pagado con sangre. No cambiará su libertad por la incómoda fantasía de que los monstruos con las manos manchadas de sangre se hayan convertido de alguna manera en los diplomáticos que traerán la paz”. Para Pahleví, al final “la cuestión no es si llegará el cambio”. “El cambio está en marcha. La verdadera cuestión es cuántos iraníes perderán la vida mientras la comunidad de democracias occidentales se limita a mirar”, apuntó.

Pahleví fue recibido en el edificio de la prensa, en el centro de Berlín, en medio de numerosos manifestantes que pedían el derrocamiento del Gobierno de la República Islámica. También se congregaron ante el edificio del Parlamento alemán y muchos manifestantes ondeaban banderas con el emblema de la monarquía derrocada por los islamistas en 1979: el león y el sol. Según la policía, unos 9.500 de sus seguidores se reunieron por la tarde frente al edificio del Reichstag.

Sin embargo, su visita también ha suscitado muchas críticas. Los grupos monárquicos de la diáspora iraní lo consideran el líder político de la oposición iraní. Pero no está claro cuánto apoyo tiene realmente en Irán. Trump nunca lo ha recibido y los gobiernos occidentales también mantienen las distancias con él.

Ningún miembro del Gobierno alemán se va a reunir con Pahlavi, que vive exiliado en Estados Unidos. Sí lo hará el experto en asuntos exteriores de los conservadores, Armin Laschet, para “un intercambio de ideas”. Esto se llevará a cabo junto con otros diputados de diferentes grupos parlamentarios, según informó el diputado de la CDU. Laschet es también presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag.

Pahleví criticó al Gobierno alemán por su actitud hacia él y calificó de “vergüenza” que no quieran hablar con él. “Los gobiernos democráticos deberían hablar con las personas que son la voz de los que no tienen voz”, señaló y recordó que el régimen iraní cortó totalmente el acceso a internet en el país para ocultar la represión de las protestas y que se pueda acceder a otra información más allá “de la propaganda del régimen”. “Hablen con la gente. No impulsen la narrativa del régimen”, apeló también a los periodistas. El portavoz del Gobierno, Stephan Kornelius, se ha defendido de las críticas diciendo que “es un ciudadano particular que, naturalmente, representa a un movimiento”. Pero que el Gobierno ”no ve ahora motivo alguno para entablar un diálogo con él”.

También hay protestas previstas en contra de Pahleví como la convocada frente a la Puerta de Brandeburgo bajo el lema Pahleví not Welcome (Pahleví no es bienvenido). Un manifestante le lanzó algo parecido a salsa de tomate a su salida de la rueda de prensa, manchando su traje y su cuello.

Pahleví se ha pronunciado a favor de una democracia laica en Irán y se ha ofrecido a dirigir el país en caso de que se derrocara al actual Gobierno. Parte de la oposición iraní le apoya. Sin embargo, este hombre de 65 años ha sido criticado, entre otras cosas, por su cercanía a Israel. No obstante, al ser preguntado este jueves sobre esa acusación de que actúa por encargo de Israel, respondió que es “un amigo de Israel”, pero “no un agente de Israel”, y se refirió al “vínculo bíblico” entre ambos pueblos y al hecho de que su país también había acogido en su día a refugiados judíos perseguidos por Hitler.

Con el inicio de las protestas masivas en Irán en enero, Pahleví exigió un cambio de poder y llamó a la policía y al ejército iraníes a dar un golpe de Estado para derrocar a la República Islámica. Pero fue objeto de críticas en algunos sectores de la sociedad iraní por su apoyo a la guerra, que también ha afectado a la población civil.

Además, su padre gobernó el país con mano dura: se reprimió a la oposición, los críticos acabaron en prisión y un notorio servicio de inteligencia actuó brutalmente contra los opositores. De hecho, Amnistía Internacional consideró en 1975 que la monarquía iraní había sido uno de los regímenes que más había violado los derechos humanos, de la mano de la Savak, su temida policía política. Al mismo tiempo, otros iraníes también guardan recuerdos positivos, ya que el shah desarrolló el país con grandes proyectos de reforma y un estrecho vínculo con Occidente.

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