Desde las calles de Mburicao, donde empezó lustrabotas y vendedor de caramelos, hasta fundar una de las editoriales más importantes del país, la historia de Pablo León Burián es una prueba de que la pasión, la fe y la visión pueden transformar realidades. Su vida está ligada por completo a los libros, un camino que no nació en bibliotecas ni en entornos académicos, sino de la necesidad, la observación y el recuerdo eterno de su madre, Ofelia Burián. Ella fue su guía espiritual; tras su partida prematura, Pablo sintió siempre su impulso en cada una de sus ideas, y fue esa herencia de valores y fe lo que le hizo ver en el libro mucho más que un objeto: un vehículo de superación y cambio.

Todo comenzó en 1971, en un pequeño puesto en las esquinas de Antequera y 25 de Mayo, frente a la histórica Plaza Uruguaya. Al principio vendía diarios y revistas, pero al notar que la mala distribución dejaba sin acceso a materiales a mucha gente, tomó una decisión audaz: contactar directamente a editoriales y, poco después, sumar libros a su oferta. Fue así como nació el primer “Bibliokiosco” del país, una apuesta revolucionaria para la época. Su lema —“De cero al infinito”— resume su trayectoria: creció paso a paso, guiado por una intuición que nunca le falló. En 1976 hizo historia al exponer libros a la luz del sol, a la vista de todos, para acercarlos a los transeúntes; el primer ejemplar que vendió fue El Triángulo de las Bermudas, de Charles Berlitz.

El salto de vendedor a editor llegó en 1982, cuando fundó Editorial El Lector. Su objetivo era claro: sacar a los autores paraguayos de los “cajones oscuros” y darles voz y espacio. Los dos primeros títulos que publicó se convirtieron en hitos de nuestra literatura: La Babosa, de Gabriel Casaccia, y El Doctor Francia, recopilación de textos de Rengger, Carlyle y Demersay. Más tarde, logró algo único: obtener la exclusividad de derechos de obras de Augusto Roa Bastos, uno de los escritores más grandes de nuestra historia. Para él, editar no era solo un negocio, sino construir identidad y crear una tradición cultural en espacios públicos, al alcance de todos.

Su camino no fue fácil. Durante la dictadura de Stroessner, El Lector fue considerado un foco de “luz de inteligencia”, algo que incomodaba al régimen. Sufrió acoso policial, y en 1984 su local fue allanado y se le confiscaron libros etiquetados como “subversivos”. Sin embargo, Burián encontró la forma de romper el aislamiento cultural: viajó a ferias internacionales —Frankfurt, Buenos Aires— para traer novedades que tardaban años en llegar al país. “Aprendí a saltar sobre las dificultades”, dice, y esa capacidad fue lo que le permitió mantenerse en pie incluso en los momentos más duros, cuando estuvo a punto de cerrar su empresa en dos ocasiones.

Ante la frase tan repetida de que “en Paraguay no se lee”, él siempre respondió con hechos: para él, esa dificultad era solo aparente. Su estrategia fue sencilla y poderosa: acercar el libro a la gente, tal como dijo la escritora Josefina Plá: “el libro desnudándose ante la vista del lector”. Demostró que si hay acceso, variedad y calidad, el público responde. “Se trata de poner a disposición de quien quiera leer, todos los medios para hacerlo”, explica.

Al mirar todo lo construido, su mayor orgullo no está en las cifras ni en los ejemplares vendidos, sino en el impacto que generó. “He creado un espacio humilde pero vigoroso, donde la cultura paraguaya tiene su casa”, asegura. Augusto Roa Bastos mismo reconoció en él esa grandeza: “empezó tan abajo y logró articular la inteligencia nacional”.

Si pudiera hablar con el joven Pablo de 1971, le diría solo esto: “Confía en tu intuición, en tu fe y en lo que te enseñó tu madre. Ten paciencia, porque las dificultades son solo escalones”. En los momentos más oscuros, su refugio siempre fue la oración y la confianza en Dios, su mayor fortaleza.

Y aunque ha cumplido sueños que parecían imposibles —como traer al país a figuras internacionales como Mario Benedetti—, todavía tiene metas por delante. Su gran proyecto actual es “Paraguay Lee” y el programa Lectorcitos, dirigido a niños de 4 a 12 años, una etapa clave para formar el hábito de lectura. La iniciativa busca transformar el acto de leer en un momento de conexión familiar, unir a padres e hijos a través de las historias.

Su meta definitiva sigue intacta, igual que hace décadas: “Hacer de Paraguay un país de lectores”. Porque Pablo León Burián está convencido de algo que ha demostrado con su vida entera: la lectura empodera, transforma la sociedad y, al final, somos lo que leemos.

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