Desde los escenarios hasta el mundo del emprendimiento creativo, una joven paraguaya construye un camino donde el arte, la disciplina y la sensibilidad se entrelazan para dar forma a una visión de vida basada en la pasión, el aprendizaje y la gratitud. Bailarina profesional, profesora de danza, estudiante de marketing y creadora de una florería con identidad propia, su historia es también un mensaje para una generación que busca crecer sin limitarse a una sola vocación.
Para ella, definirse implica hablar de amplitud, sensibilidad y creatividad. Se reconoce como una persona profundamente conectada con el arte en todas sus formas: los colores, las transformaciones, lo que nace cuando algo es hecho con amor. Pero si hay una disciplina que la atraviesa y define su esencia, esa es la danza.

Una vida marcada por la danza desde la infancia
Su vínculo con el baile comenzó a los cuatro años, cuando una profesora en el jardín de infantes descubrió su sensibilidad artística y alentó a su madre a inscribirla en una academia. Aquel primer impulso se convirtió en un camino de formación y compromiso que no se ha detenido.
“Lo que me impulsó siempre fue el amor al arte”, sostiene. Una convicción que la acompañó a lo largo de una carrera exigente, donde la disciplina física convive con desafíos emocionales, familiares y económicos.
En 2021 culminó una primera gran etapa al obtener el título de bailarina profesional, tras ocho años de formación. Más recientemente, en 2024, sumó un nuevo logro: el título de profesora elemental en danzas, luego de defender sus tesinas en julio.

Para ella, cada título representa mucho más que una certificación académica.
“Es todo un camino logrado, hermoso, pero también lleno de desafíos. Implica aprender a optimizar el tiempo, defender ideas, dejar volar la creatividad en cada coreografía y crecer en cada proceso”.
Formación multidisciplinaria y creatividad aplicada
Su interés por explorar distintas áreas la llevó también al diseño y la publicidad durante su etapa escolar. Esa elección, cuenta, surgió por la posibilidad de desarrollar ideas, experimentar y adquirir herramientas útiles para múltiples ámbitos de la vida.
Ese recorrido despertó luego su interés por estudiar marketing, una carrera que considera tan amplia como versátil, y cuyos aprendizajes hoy aplica de forma concreta en su faceta emprendedora.
Lejos de ver sus intereses como caminos separados, encuentra conexiones entre todos ellos: arte, comunicación, negocios y sensibilidad.

Lumière: una florería nacida desde la emoción
De esa mezcla de creatividad e intuición nació Lumière, su emprendimiento floral.
La idea surgió, curiosamente, en una competencia de danza. Allí observó los puestos de flores que suelen acompañar estos eventos y recordó la emoción única que siente un artista al recibir flores después de una presentación.

Decidió empezar con lo que tenía, paso a paso.
Hoy sueña con ver a Lumière consolidada físicamente en Asunción, convertida en una marca posicionada.
Pero para ella el valor del proyecto va mucho más allá del producto.
“No vendo solo flores o arreglos; busco crear experiencias llenas de amor y emoción genuina. Cada arreglo está pensado para contar una historia, combinando romanticismo, elegancia y modernidad”.
Ese enfoque emocional es precisamente lo que le da identidad a la marca.

Aprender de todo, crecer en todo
Aunque muchos podrían ver desafiante combinar tantas facetas —artista, docente, estudiante, emprendedora— ella lo asume como una fortaleza.
Disfruta aprender de todo y de todos. Considera que cada persona deja enseñanzas valiosas, y cree que la juventud es una etapa para aprovechar al máximo la energía y explorar posibilidades.
Reconoce que no siempre es fácil “ser todo a la vez”, pero encuentra equilibrio en la organización.
Su método incluye agenda física y digital, planificación consciente del tiempo y un esfuerzo constante por armonizar responsabilidades, salud y disfrute.
Para ella, el aprendizaje permanente es una herramienta esencial, no solo para crecer profesionalmente, sino para vivir mejor.

Soñar en grande para generar oportunidades
Entre sus proyectos futuros, uno ocupa un lugar central: hacer crecer Lumière no solo como negocio, sino como espacio que genere oportunidades para otros jóvenes.
Sueña con formar un equipo, acompañar procesos de crecimiento personal y profesional, y abrir puertas a personas que, como ella, muchas veces enfrentan dificultades por la falta de experiencia laboral.
Su visión del emprendimiento tiene una dimensión colectiva: crecer haciendo crecer.
El arte como una forma de vivir y transformar
Más allá de sus propios proyectos, defiende con convicción el valor del arte como dimensión esencial de la vida.
Lo define como “la forma humana más mágica de transmitir amor”.
Desde la danza hasta la pintura, el canto o cualquier expresión creativa, considera que el arte tiene un papel transformador y cree que Paraguay posee una riqueza artística que merece mayor visibilidad y valoración.
“Nos hace sentir vivos, nos recuerda que somos humanos y que disfrutar de lo simple es vivir más feliz”, afirma.
También destaca los beneficios del arte desde una mirada más amplia: estimula procesos mentales, fortalece la atención, despierta creatividad, favorece la memoria y conecta pensamiento con emoción.
Para ella, el arte no es accesorio: es una necesidad humana.
Una filosofía basada en el amor y la gratitud
Si tuviera que resumir su mensaje de vida, lo haría en una idea simple pero profunda: disfrutar de lo simple es vivir más feliz.
Cree que aquello que se hace con amor trasciende, transforma y multiplica bienestar.

Se define orgullosa de mirar la vida como un espacio lleno de oportunidades y agradece la simpleza cotidiana como un regalo.
Valorar el esfuerzo propio, celebrar los logros ajenos y compartirlos genuinamente son, para ella, principios fundamentales.
Un mensaje para los jóvenes: no tener miedo
A otros jóvenes que buscan su camino, les deja un consejo directo: no tener miedo.
Entiende el miedo no como obstáculo, sino como impulso hacia aquello que se desea ser.
“La única persona que puede decidir quién quiere ser, es uno mismo”, sostiene.
Invita a expandirse en creatividad, descubrir talentos, confiar en el propio proceso y cultivar siempre la gratitud.
Incluso por aquello que no salió como se esperaba.
Porque, según cree, cada camino termina llevando a la puerta correcta.
Más que una historia personal
Su recorrido es el retrato de una generación que ya no entiende la vocación como una sola ruta, sino como una red de pasiones que pueden convivir.
Danza, docencia, marketing, emprendimiento y arte se integran en una misma narrativa: la de una joven que convirtió sensibilidad en propósito.
Y que, mientras construye su futuro, deja una idea poderosa: cuando se crea con amor, lo que nace puede trascender mucho más allá de uno mismo.
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