Palestina ha celebrado este sábado unas elecciones locales cuya importancia política trasciende su ámbito geográfico. Ha sido, por un lado, la primera votación en Gaza en 20 años, aunque de forma simbólica: solo pudieron participar unos 70.000 censados en Deir El Balah (de los más de dos millones de gazatíes), al ser la localidad menos devastada y estar fuera del 52% de la Franja que ocupa el ejército de Israel. Tuvieron que construir con madera las urnas e imprimir las papeletas, ante la negativa de Israel a permitir que llegasen desde Cisjordania. Decenas de miles de desplazados en la zona se quedaron sin votar porque están registrados en sus localidades de origen, muchas de ellas convertidas hoy en escombros.

Las urnas, de hecho, cerraron en Deir El Balah a las 18.00, hora local (17.00 en la España peninsular), una hora antes que en Cisjordania, porque Gaza carece de electricidad por la brutal invasión israelí y se necesitaba luz solar para contar los votos, ha explicado el portavoz de la Comisión Electoral, Farid Taamala, en la sede en Al Bireh, junto a la ciudad de Ramala. La participación, con la mayoría de puntos de votación en carpas, ha sido muy baja (21,2%), pese al aplazamiento, una hora, del cierre de las urnas.

En Cisjordania, han sido los quintos comicios locales. Casi un millón de personas estaban llamadas a depositar su papeleta en 183 consejos locales, pero no hubo urnas en casi 200: los representantes han sido elegidos “por aclamación” porque solo había una lista. No se votó en 48 de las 90 ciudades, incluidas algunas tan importantes como Ramala —donde se ubican las instituciones— o Nablus.

Ha sido una fiesta de la democracia a la que no todos estaban invitados. Un decreto de Mahmud Abbas, el cada vez más autoritario y desprestigiado presidente palestino, exige a los candidatos adherirse a los principios de la Organización para la Liberación de Palestina, lo que implica apoyar la solución de dos Estados y el reconocimiento de Israel.

EE UU y la UE vienen presionando a Abbas para que haga reformas democráticas. Y unos y otros quieren aislar a Hamás, el partido islamista que ganó las últimas elecciones legislativas, en 2006, y se plantea reconocer a Israel solo en el marco de la creación de un Estado palestino, nunca antes. Así, a causa del polémico decreto presidencial, la relevante Hamás (que había boicoteado anteriores comicios y sufrido arrestos de sus alcaldes por el ejército israelí) ha quedado excluida del proceso de este sábado y otras cinco facciones lo han boicoteado en protesta. Es el caso de los Frentes Popular y Democrático para la Liberación de Palestina o la Iniciativa Nacional Palestina.

Clanes familiares

Cerca del 90% de los candidatos son independientes, pero más en teoría que en realidad, algunos bendecidos por los clanes familiares leales a Al Fatah, el partido del presidente. El resto pertenece a Al Fatah. “Aquí está todo decidido de antemano”, lamenta una candidata que pide guardar el anonimato “para no acabar en prisión”. Los analistas aseguran que muchos votos dependen de la familia extendida a la que pertenecen los propios ciudadanos y los candidatos, así como de acuerdos no escritos. “El apellido importa mucho más que el programa”, resume la candidata. En la Gaza bajo control de Hamás, todos eran independientes sobre el papel, pero una lista era —a ojos de todos— la de Al Fatah.

En Cisjordania, en el colegio de primaria Mughtaribi de Al Bireh, convertido hoy en centro de votación, el flujo de votantes es discreto. Cada tanto entran familias o personas sueltas, pero no se forman colas. Se ven además pocos jóvenes, pese a la baja media de edad entre los palestinos, con solo un 9% de la población por encima de los 55 años, según el Buró Nacional de Estadísticas.

Zaid, de 48 años, cuenta que acaba de depositar su papeleta pensando más en el currículum de los candidatos que en las ideas que defienden. Ha elegido “cien por cien dejando la política al lado”, favorecido porque las listas son abiertas en los municipios. “Los ayuntamientos tienen poder, son importantes. He votado a alguien con muchas conexiones en el extranjero, con países europeos, que pueda atraer inversiones. Ya sabes cómo está la economía aquí…“, explica. Los funcionarios de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) vienen cobrando un 50% de su sueldo, por la asfixia económica israelí, y este mes solo había fondos para pagarles 2.000 shekels (572 euros o 670 dólares), independientemente de cuál fuese su salario original.

Moataz, de 44, da en cambio un valor mucho más ideológico a su voto. “Estas elecciones son sobre todo un mensaje a la ocupación [israelí] de que somos un pueblo democrático y de que esta es nuestra tierra y nos vamos a quedar. Que no nos van a desarraigar por mucho que lo intenten», dice en el patio del colegio electoral.

A las 17.00 horas (16.00 en la España peninsular), la Comisión Electoral Central cifraba la participación en el 40%, con diferencias sustanciales entre la más baja (Deir El Balah, 21,2%) y la más alta, el gobernorado de Kalkilia, con un 52,8%. Las autoridades esperan llegar al 50%, tres puntos porcentuales más que la media de los anteriores comicios municipales.

En una rueda de prensa en la sede de la Comisión Electoral en Al Bireh, su presidente, Rami Hamdala, ha destacado la “importancia política” de celebrar las elecciones “en toda Palestina”, tras dos años y medio de brutal invasión israelí de Gaza, con más de 73.000 muertos, 19 solo desde el jueves, pese al alto el fuego vigente, según las autoridades sanitarias.

Por eso, quisieron incluir Deir El Balah en el proceso, como “ejemplo” y “proyecto piloto”, a la espera (en una fecha sin definir) de poder extenderla al resto de la Franja, y con la intención de aprovechar el “impulso” para celebrar también presidenciales y legislativas, por vez primera desde 2005 y 2006, respectivamente. El portavoz de la Comisión ha precisado más tarde que la organización de elecciones suponía un reto organizativo “en cualquier lugar” en la devastada Gaza, pero Deir El Balah era de los escasísimos donde la población censada no ha sido desplazada varias veces, por orden del ejército israelí, a otras zonas de la Franja.

Una votación excepcional

La excepcionalidad de la votación en Gaza se entiende con la historia de los últimos 20 años. En 2005, los palestinos celebraron sus primeras elecciones presidenciales, tras la muerte del líder histórico Yasir Arafat. Las ganó Abbas, el candidato de Al Fatah, el partido de Arafat. Hamás no participó, pero sí un año más tarde en las legislativas y ganó. La comunidad internacional impuso entonces al partido islamista condiciones como reconocer a Israel y renunciar a las armas —que rechazó— mientras las fuerzas islamistas comenzaban a enfrentarse puntualmente en las calles con las leales a Abbas.

La situación explotó en 2007, con choques abiertos. Los hombres de Hamás ganaron y tomaron el poder en Gaza, que monopolizan desde entonces. Fue el germen de dos Gobiernos palestinos paralelos de facto: uno, en Gaza, de Hamás; y otro en Cisjordania, articulado por Al Fatah. Ambos sin someterse a las urnas ni permitir manifestaciones abiertas de disidencia.

Palestina lleva así desde 2006 sin elecciones nacionales, pese a la multitud de acuerdos, reuniones y declaraciones grandilocuentes en pro de una reunificación que nunca ha llegado. En parte por la dificultad de conciliarla con las presiones de EE UU e Israel, contrarios a que Hamás tenga el más mínimo papel en las instituciones o en la elección de los gobernantes.

Los anteriores comicios locales, de 2021 y 2022 (los de este sábado son los primeros que se celebran en el mismo día), ya estuvieron marcados por el cisma palestino. Abbas había convocado por fin elecciones legislativas, pero las anuló poco antes con excusas que pocos creyeron. Irritado, Hamás prohibió las locales en Gaza si no iban acompañadas de generales, por lo que solo hubo urnas en Cisjordania, igual que en 2012 y 2017.

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