El Palacio Saadabad de Teherán es una residencia real construida en el siglo XIX y ampliada durante la derrocada dinastía Pahlevi. El abuelo del expríncipe Reza Pahlevi lo reformó e hizo de las lujosas estancias su residencia. El pasado jueves, las agencias oficiales iraníes difundieron fotografías del edificio con graves daños por un bombardeo estadounidense o israelí: las puertas de madera arrancadas, una bella escalera monumental cubierta de escombros, los techos interiores del edificio parcialmente destrozados. La estructura del palacio ha quedado afectada por la onda expansiva de explosiones en sus cercanías, según el Ministerio de Patrimonio Cultural, Turismo y Artesanía de Irán.
Irán no solo es un país de paisajes majestuosos. También se considera una de las naciones del mundo con una identidad estatal más antigua, que historiadores iraníes y extranjeros remontan al imperio aqueménida, 2.500 años atrás. Su rico patrimonio cultural y arquitectónico es la huella de esa historia de más de dos milenios, o incluso más, según otras fuentes.
Ese patrimonio está ahora en riesgo por los bombardeos israelíes y estadounidenses, que ya han dañado varias de sus joyas, inscritas en la memoria afectiva de los iraníes, un pueblo nacionalista muy apegado a su historia y, en algunos casos, también en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
El Palacio Saadabad, que forma parte de un complejo de edificios monumentales y jardines en Teherán, es solo el último de los sitios arquitectónicos del país afectados por la guerra. En las dos primeras semanas de los bombardeos contra Irán que empezaron el 28 de febrero, también el palacio Ali Qapu y el jardín Chehel Sotoun, en Isfahán, que datan de la dinastía safávida del siglo XVII, sufrieron graves daños por ataques cercanos, según muestran vídeos difundidos en redes sociales verificados por medios como el diario estadounidense The New York Times.
Otro bombardeo desprendió algunos de los característicos azulejos turquesa de la bellísima Mezquita Aljama o Gran Mezquita de Isfahán, una de las ciudades monumentales de Irán, en el centro del país. Ese templo, cuyo origen se remonta al año 711 durante el califato abasí, está inscrito como patrimonio de la humanidad desde 2012.
En días anteriores, también el Palacio de Golestán de Teherán quedó deteriorado cuando varios misiles impactaron contra una comisaría cercana en el centro de la capital, según las autoridades iraníes. También patrimonio de la humanidad, a este palacio se le conoce como “el Versalles persa”. Con una diferencia: el palacio iraní es más antiguo que el francés, que empezó a construirse en el siglo XVII, mientras que el persa data del siglo XIV. Su famoso Salón de los Espejos aparece en fotos difundidas por las autoridades con el pavimento cubierto de cristales rotos.
El 14 de marzo, el Ministerio de Patrimonio Cultural y Turismo de Irán calculó en 56 los museos y sitios históricos en todo el país afectados por los bombardeos. La mayoría están en Teherán, la ciudad más castigada, ya que alberga las principales sedes de las instituciones gubernamentales y estatales. La víspera, la Unesco había expresado en un comunicado su alarma por el riesgo que corre este patrimonio de valor incalculable, ahora bajo un alud de bombas, misiles y drones.
“Cuando están en juego vidas humanas, preocuparse por la cultura y los sitios artísticos puede parecer trivial. Ya escuchamos algo similar durante los ataques del ISIS [Estado Islámico, en sus siglas en inglés] a los sitios del norte de Irak”, explica por mensajes de WhatsApp desde Estados Unidos el historiador iraní Arash Azizi.
Sin embargo, aclara: “Esta no es la forma correcta de abordar el tema. Los seres humanos no son abstracciones. Se sustentan en su cultura y su contexto, y la destrucción [de este patrimonio] tendrá un efecto nefasto sobre los iraníes”.
“Estos monumentos históricos nos permiten sentirnos iraníes, parte de una civilización rica y antigua. Nos ayudan a posicionarnos como una nación dotada de una larga historia y nos permiten ser interlocutores de otras culturas y naciones. Por esta razón, crean vínculos no solo entre nosotros, los iraníes, sino también con las demás naciones. En este sentido, contribuyen en gran medida a la construcción de los vínculos identitarios”, añade desde París el periodista e investigador iraní Mojtaba Najafi.
Banderas azules
Vídeos difundidos en redes sociales han mostrado en los últimos días cómo operarios instalaban banderas azules en los tejados de los monumentos en Irán para indicar a los aviones israelíes y estadounidenses que se trata de lugares protegidos que no deben ser atacados, según el derecho internacional humanitario. El comunicado de la Unesco del pasado 13 de marzo recordaba también esa prohibición.
Esas banderas azules que deberían haber evitado los daños no parecen estar disuadiendo a Estados Unidos e Israel de atacar en las cercanías de lugares como la plaza Naqsh-e Jahan, donde se encuentra la mezquita Abasí, en Isfahán. Esta plaza, de casi 90.000 metros cuadrados, fue construida en 1598, y está rodeada de esa mezquita, pero también de imponentes palacios. Su jardín interior es uno de los lugares más visitados y fotografiados de Irán.
Más antiguo aún es el castillo de Shapur Khast, también conocido como castillo de Falakolaflak, una impresionante fortaleza histórica situada en Jorramabad, el corazón de la provincia iraní de Lorestán, en el oeste, también afectado por los bombardeos. Este castillo de ladrillo y piedra que data del siglo III ha sufrido graves daños en un ataque aéreo, según el Ministerio de Cultura y Turismo del país.
Como para muchos iraníes que expresan en redes sociales su dolor al ver los destrozos en estos monumentos, para el historiador Azizi “el ataque al patrimonio cultural de Irán está siendo una de las experiencias más dolorosas de la guerra”. “Los iraníes, a pesar de las muchas diferencias, nos unimos por el orgullo que sentimos por la historia y la civilización de nuestro país”, asegura.
La destrucción de ese patrimonio es, a ojos de Azizi, “un símbolo de lo brutal que está siendo la guerra y de la poca consideración con la que se ha llevado a cabo, con un número significativo de víctimas civiles y sin ningún camino hacia los objetivos políticos inicialmente reivindicados por Trump y Netanyahu”. Al menos 1.444 civiles han perecido en unos bombardeos que han herido también a más de 18.000 personas, según datos de la Media Luna Roja iraní.
El riesgo de esta guerra, añade Najafi, no solo es que le cueste la vida “a más ciudadanos inocentes”, sino incluso que “refuerce la dictadura” en Irán, al tiempo que “destruye una parte de la civilización iraní”, asegura este investigador. Frente a quienes apoyan los bombardeos y quienes, en el otro extremo, mantienen su respaldo al régimen, Najafi, que se describe como “una víctima más de la República Islámica”, se sitúa entre los iraníes que se oponen “a la vez a la dictadura y a la guerra”.
آیا «بربریت» را بازتعریف کنیم؟!
در قرن بیستویکم، با پیشرفتهترین سلاحها، کهنترین نمادهای تمدن را نشانه میگیرند.
سیوسهپل و نقشجهان نه یک اثر که سند همزیستی ادیان و اقواماند.
این گلولهها به قلب حافظه جمعی بشر اصابت کرد.
جهان در برابر این جنایات سکوت نکن!#جهان_بیدار_شو pic.twitter.com/t9EuCvfwuG— مهدی جمالی نژاد (@mjamalinejad) March 8, 2026
El pasado 8 de marzo, apenas una semana después del inicio de los bombardeos, el gobernador de Isfahán, Mehdi Jamalinejad, calificó los ataques contra la ciudad de “bárbaros”, en un mensaje en X en el que acusaba a Estados Unidos e Israel de estar atentando contra “los símbolos más antiguos de la civilización”. Las bombas, afirmó Jamalinejad, “han impactado en el corazón de la memoria colectiva de la humanidad”. Luego llamó al mundo a “no permanecer en silencio ante esos crímenes”.
La República Islámica “no tiene futuro”, añade Najafi, que considera que “la prioridad fundamental” debería ser “la preservación de Irán en su conjunto”. Este experto alude a cómo su “experiencia política” y su “trabajo de investigación” le llevan a pensar que “más que a la liberación”, la guerra podría llevar a su país “a una destrucción aún más vasta”.
“Irán es la principal víctima potencial de esta guerra: sus ciudadanos, sus monumentos históricos, sus infraestructuras estratégicas y, en un escenario aún más grave, su integridad territorial”, deplora el investigador iraní.
