Este domingo, en Panamá, comenzará a escribirse un nuevo capítulo de esa historia colectiva. La cuarta edición de los Juegos pondrá en movimiento a más de 2.000 atletas de entre 14 y 17 años provenientes de todo el continente, en una cita que se extenderá hasta el 25 de abril y que transformará a la capital panameña en el epicentro del deporte juvenil sudamericano.
Durante casi dos semanas, la ciudad vibrará al ritmo de competencias simultáneas, delegaciones que van y vienen, idiomas que se mezclan y banderas que se cruzan en cada rincón de la villa.
Pero, sobre todo, será el escenario donde una generación entera comenzará a medirse, a compararse y, en muchos casos, a descubrir hasta dónde puede llegar.
En ese mapa de ilusiones, Paraguay ocupa un lugar importante. El Team Paraguay aterriza en estos Juegos con una delegación numerosa, diversa y cargada de expectativas: 217 integrantes en total, de los cuales 148 son atletas y 69 oficiales. Un grupo que no solo representa números, sino un proceso que viene creciendo de manera sostenida en los últimos años.
La presencia nacional abarcará 20 disciplinas, un dato que habla de amplitud y de inversión en el desarrollo deportivo. Desde deportes acuáticos y atletismo hasta ajedrez, pasando por fútbol en ambas ramas, futsal, tenis, judo, karate, levantamiento de pesas y tiro con arco.
Cada disciplina, con su propia lógica, su propio ritmo y sus propias esperanzas. Pero antes de que empiecen a rodar las pelotas, a caer las marcas o a definirse los combates, habrá un instante cargado de simbolismo: la ceremonia inaugural.

Ese momento en el que cada delegación desfila con la frente en alto, consciente de que, más allá de los resultados, ya ha recorrido un camino importante para estar allí.
Para Paraguay, ese desfile tendrá dos protagonistas especiales. Catalina Delmás, desde el tenis, y Jhosías Núñez, desde el fútbol, serán los encargados de portar la bandera nacional. Dos jóvenes que sintetizan lo que estos
Juegos representan: talento en formación, compromiso y una ilusión compartida que se proyecta hacia adelante.
La acción, sin embargo, no tardará en llegar. Apenas iniciado el calendario competitivo, Paraguay tendrá su primer gran desafío: la selección femenina Sub 17 de fútbol abrirá la participación enfrentando a Venezuela en la jornada inaugural. Un partido que tendrá ese condimento especial de los comienzos, donde los nervios y la energía suelen ir de la mano.
El fútbol, por su visibilidad, marcará el pulso inicial, pero no será el único foco de atención. En paralelo, comenzarán a entrar en escena atletas de disciplinas individuales, muchos de ellos protagonistas de historias silenciosas, construidas lejos de las cámaras y del ruido mediático.
Judocas que entrenan desde niños en dojos de barrio, luchadores que han recorrido torneos nacionales casi anónimos, tenimesistas que perfeccionan su técnica en largas jornadas de práctica. Para todos ellos, Panamá representa mucho más que una competencia: es una vidriera, una oportunidad y, en cierto modo, una validación.
El traslado de la delegación paraguaya ha sido escalonado, casi como una coreografía logística pensada al detalle. Entre el 9 y 10 de abril partieron los primeros grupos, con las selecciones de fútbol y futsal a la cabeza, seguidas por atletas de disciplinas que tendrán participación temprana. Cada viaje, cada arribo, suma una pieza más a este rompecabezas que terminará de completarse en la ceremonia inaugural.
Antecedentes de Paraguay en los Juegos
Y si de objetivos se trata, Paraguay no llega solo a participar. El antecedente de Rosario 2022 funciona como un faro cercano y alentador. En aquella edición, la delegación nacional consiguió 14 medallas (cinco de oro, cuatro de plata y cinco de bronce), una cosecha que dejó en claro que el semillero deportivo está dando resultados concretos.
Repetir o incluso mejorar ese rendimiento es, naturalmente, una meta ambiciosa. Pero también realista. Porque detrás de cada atleta hay un proceso, un entrenador, una familia y una estructura que ha ido consolidándose con el tiempo.
Sin embargo, reducir estos Juegos a una cuestión de medallas sería simplificar una experiencia mucho más compleja. Aquí también se juega la convivencia, la adaptación, la gestión de la presión y la capacidad de competir lejos del entorno habitual. Son aprendizajes que no siempre se ven en una tabla de posiciones, pero que resultan fundamentales en la formación de un deportista.
Panamá, la sede de los sueños
Panamá, por su parte, vivirá una experiencia transformadora. Ser sede de un evento de estas características implica mucho más que disponer de infraestructura. Es abrirse al continente, mostrar capacidad organizativa y, al mismo tiempo, sembrar una semilla en su propio desarrollo deportivo.
Cada edición de los Juegos Suramericanos de la Juventud deja una huella. No solo en quienes compiten, sino también en quienes observan, organizan y acompañan. Es un espacio donde el deporte funciona como lenguaje común, capaz de unir realidades distintas bajo una misma lógica de esfuerzo y superación.
Mientras tanto, en cada rincón de la villa, se repetirán escenas que ya son parte de la esencia de estos eventos: intercambios de camisetas, fotos improvisadas, amistades que nacen en cuestión de días y promesas que se hacen mirando hacia el futuro.
Porque si algo tienen estos Juegos es precisamente eso: futuro. Muchos de los nombres que hoy pasan casi desapercibidos serán, con el tiempo, protagonistas de competencias mayores, representantes en Juegos Olímpicos o referentes de sus disciplinas.
Próximo desafío para el Team Paraguay
Para Paraguay, el camino no terminará en Panamá. Apenas unos meses después, en septiembre, llegará otro desafío importante con los Juegos Suramericanos de mayores en Santa Fe, Argentina. Una cita que servirá como continuidad y también como prueba de evolución para varios de estos jóvenes talentos. Pero ese es otro capítulo.
Por ahora, todo empieza este domingo. Y mientras las delegaciones se acomodan, los entrenadores repasan estrategias y los atletas intentan dormir pese a la ansiedad, el continente entero se prepara para mirar hacia un mismo punto.
Allí donde el deporte todavía se mezcla con la inocencia. Allí donde competir es, también, descubrirse. Allí donde el futuro empieza a tomar forma.
