El alto el fuego de 10 días entre Israel y Líbano que ha anunciado el presidente de Estados Unidos este jueves ha entrado en vigor esta medianoche (23 h en la España peninsular). El presidente libanés, Joseph Aoun, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acordaron el cese de las hostilidades, según Trump, que no aportó detalles. Los dio Netanyahu poco después: subrayó que mantendrá las tropas en una zona de hasta 10 kilómetros dentro del sur de Líbano y dio a entender que su aviación seguirá bombardeando, al señalar que rechazó la exigencia de Hezbolá de “calma a cambio de calma”. La milicia chií defiende su “derecho a la resistencia” mientras dure la ocupación.
La jornada ha estado marcada desde primera hora por el diálogo hacia una tregua en Líbano, donde las tropas israelíes han seguido avanzando durante la jornada. Irán la exigía para llevar a buen puerto el diálogo con EE UU y el país mediador, Pakistán, incluyó Líbano en el alto el fuego global de 15 días que concluye el próximo miércoles. Pero Israel hizo caso omiso —con la luz verde de Trump— y el asunto ha embarrado tanto las negociaciones con Teherán que el republicano se ha visto obligado a cambiar el paso e imponérsela, aunque sea de manera temporal, a su gran aliado en Oriente Próximo.
Tras anunciar el alto el fuego, Trump ha añadido que invitará a la Casa Blanca a Netanyahu y a Aoun para mantener “conversaciones de calado” y calculó que tendrá lugar “en una o dos semanas”.
Son los “líderes” de Israel y Líbano que Trump auguró que hablarían este jueves, haciendo historia. También lo dijo una ministra de Netanyahu, Gila Gamliel, antes del anuncio de alto el fuego. Pero no sucedió. Con Israel matando diariamente decenas de libaneses, entre ellos paramédicos, y Hezbolá acusando al Gobierno de traición por negociar directamente con el enemigo histórico sin obtener nada, Aoun rechazó la conversación, precipitadamente anunciada.

En su lugar habló con el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, e insistió en que Israel debe cesar las hostilidades en Líbano si quiere negociaciones directas, iniciadas el martes con el primer contacto directo en décadas entre sus respectivos embajadores en Washington. Lo ha logrado, aunque sea de momento para 10 días.
El presidente de Líbano describió el alto el fuego como “el punto de partida natural para las negociaciones directas entre ambos países” y señaló su “compromiso” con “detener la escalada israelí”. Las bombas israelíes han causado otros 29 muertos en el país en 24 horas, según han informado este jueves las autoridades sanitarias.
Tras su anuncio, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha celebrado el cumplimiento de una demanda por la que Beirut “ha luchado desde el primer día” y fue su “principal objetivo durante la reunión del martes en Washington”, en referencia al, a ojos de muchos libaneses, incómodo encuentro del martes.
El ejército libanés y Hezbolá han emitido sendas recomendaciones para que los desplazados a la fuerza del sur del país se abstengan de regresar hasta que esté clara la aplicación de la tregua. “Entendemos la profundidad de vuestro anhelo por regresar a vuestros pueblos”, ha pedido el partido-milicia chíi en un comunicado, ”pero os instamos, por vuestra seguridad y vuestras valiosas vidas, a que sigáis siendo pacientes y resistáis”.
Como suele suceder antes de un alto el fuego, las últimas horas han sido intensas, más aún ante un horizonte de, por ahora, solo de 10 días de pausa. Dos horas antes de la entrada en vigor de la tregua, Hezbolá ha lanzado una andanada de 25 cohetes contra la Galilea, según datos del ejército israelí. Los servicios de emergencia han dado cuenta de al menos un herido grave.
Ya desde primera hora crecían las señales de la inminencia de un alto el fuego en Líbano, con el ejército israelí destruyendo el último puente sobre el río Litani, moviéndose hacia el Golán sirio y apretando para tomar Bint Jbeil, una localidad simbólica para Hezbolá.
Netanyahu no desea esta tregua. Hace apenas seis días aseguró: “No pararemos de golpear a Hezbolá hasta restaurar la seguridad en el norte” del país. La situación no ha cambiado desde entonces. Tampoco mencionó su posibilidad en su discurso de este miércoles, cuando ya era vox populi.
Este jueves, en medio de la indignación de la oposición y los alcaldes del norte de Israel (principal diana de los proyectiles de Hezbolá), la ha justificado en la “oportunidad histórica de alcanzar un acuerdo de paz con Líbano”, que se arroga por “haber cambiado completamente el equilibrio de fuerzas con Hezbolá” desde la guerra que mantuvieron en 2024 y en la que presentarán dos “exigencias fundamentales”: el desarme de Hezbolá y un “acuerdo de paz sostenible”, con “una paz basada en la fortaleza”.
Aunque solo dure diez días, la tregua es una decisión impopular en año electoral, más aún tras haber prometido una y otra vez la nunca lograda victoria definitiva sobre Hezbolá.
Es, de todos modos, un alto el fuego sin repliegue de las tropas israelíes en el sur de Líbano, hasta la zona fronteriza con Siria que también ocupan. A tenor de las palabras de Netanyahu, Israel pretende actuar como en el que siguió a la guerra de 2024, con bombardeos aéreos casi diarios en distintas partes del país. Causaron más de 400 muertos, sin que la milicia chií lanzase un solo cohete. El Gobierno de Netanyahu acusaba a Hezbolá de incumplir la tregua reforzándose en secreto.
Este jueves, el primer ministro ha asegurado haber rechazado dos condiciones de Hezbolá para este inminente alto el fuego: la retirada de las tropas de todo el territorio libanés y que estuviese “basado en el modelo de ‘calma a cambio de calma’. No acepté ninguna y, de hecho, no se están cumpliendo”, ha recalcado.
El fuego cruzado comenzó el 2 de marzo, cuando la milicia chií lanzó sus primeros proyectiles contra Israel desde 2024, reprochándole los meses de vulneraciones previas y haber matado a Ali Jameneí, líder supremo de su apoyo armamentístico y referente ideológico, Irán. Netanyahu reaccionó ordenando potentes bombardeos en distintas partes del país e invadir el sur, donde las tropas han ido expulsando a la población y explotando casas, fábricas y puentes, como en Gaza. El símil lo usó el propio ministro de Defensa, Israel Katz.
Mérito
El runrún sobre un posible cese de las hostilidades ha abierto en Líbano una disputa por el mérito entre el Gobierno y Hezbolá. El Ejecutivo lo vincula con su valiente —por lo impopular que resulta entre muchos nacionales— decisión de iniciar el primer contacto de alto nivel con Israel, el martes. Irán y su aliado Hezbolá, en cambio, lo ven fruto de la presión a Estados Unidos en las negociaciones por una tregua regional, del bloqueo de Teherán del estrecho de Ormuz y de la acción armada de Hezbolá para frenar la invasión israelí, matando a 13 soldados. Lo ha expresado a la agencia Reuters Ibrahim Moussawi, diputado del bloque parlamentario de Hezbolá. También Nabih Berri, presidente del Parlamento libanés y dirigente de la formación chií Amal, aliada de Hezbolá, y Mohamad Bagher Ghalibaf, líder iraní al mando de las negociaciones con Washington.
Las autoridades israelíes anunciaron hace semanas su voluntad de controlar una franja fronteriza que se adentre al menos una decena de kilómetros en territorio libanés, y aseguran que permanecerán en la zona de manera indefinida e independiente a la tregua.
Con el alto el fuego en el horizonte, los mandos militares israelíes hicieron tres peticiones al ámbito político, según informaba este jueves el diario Yediot Aharonot. La primera era establecer una “zona de amortiguación” en el sur de Líbano hasta el río Litani, que llega incluso a 30 kilómetros de la divisoria.

Las otras dos son el inicio de un proceso a largo plazo para desarmar a Hezbolá bajo un mecanismo de supervisión estadounidense, y manos libres al ejército para “eliminar amenazas, incluso al norte del río Litani”, como el que ha sugerido Netanyahu y tenía desde 2024, pese al alto el fuego.
Israel obtuvo entonces de la Casa Blanca libertad de acción para atacar lo que considere amenazas y quiere retenerla. Esa carta blanca llevó a los residentes del sur de Líbano a sentir que la guerra nunca había terminado. Y permitió a Israel mantener vacía una franja fronteriza que ahora ocupa de nuevo y donde un grupo de expertos de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU denunció el miércoles indicios de una limpieza étnica contra la población musulmana chií, en la que Hezbolá tiene su principal apoyo.
El ejército israelí ya había multiplicado su actividad en el sur en las últimas horas. Las tropas han bombardeado el puente de Qasmiye, el único operativo sobre el Litani, desconectando el sur del resto del país. Es la tercera vez que lo hace desde primeros de marzo, cuando empezó a derruir los pasos. Israel lo presenta como una operación militar para impedir el movimiento de las fuerzas de Hezbolá hacia la región fronteriza, pero los grupos humanitarios vaticinan una catástrofe para la población en la zona meridional, donde Naciones Unidas estima que permanecen más de 100.000 civiles.
También se han multiplicado los vídeos de explosiones controladas de infraestructura civil, lo que puede constituir un crimen de guerra, según el derecho internacional humanitario. Algunos, difundidos por los propios soldados.
Las tropas israelíes luchaban además este jueves con milicianos de Hezbolá por hacerse con el control de Dibbine, un municipio en el camino que les señaló Netanyahu el martes. El primer ministro israelí ordenó expandir la ocupación hacia las faldas del monte Hermón, en dirección a los territorios sirios que Israel ocupó, primero en la Guerra de los Seis Días de 1967, y luego en 2024, aprovechando la confusión tras la caída del Gobierno de Bachar El Asad.
