Igual que, hace 14 días, cuando anunció el alto el fuego con Irán, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha esperado este martes al momento de máxima tensión para comunicar su prórroga. Cerca de las 22.00 hora española, pocas horas antes de que el alto el fuego expirase y con en el país mediador, Pakistán, esperando aún la llegada de las delegaciones negociadoras de EE UU y de Irán, Trump justifica la decisión en las divergencias internas en Irán y extiende el alto el fuego hasta que haga llegar a EE UU “una propuesta unificada” y “concluya su negociación, de una u otra manera”. Deja claro, no obstante, que mantendrá mientras tanto su bloqueo naval sobre el estrecho de Ormuz.
El anuncio ha llegado en medio de la preocupación y, sobre todo, la confusión sobre la posibilidad de un pacto o prórroga in extremis que evitase una escalada que venía cobrando cuerpo, tras el doble plantón a Pakistán de los negociadores y tras el abordaje por las fuerzas estadounidenses de un enorme petrolero iraní en alta mar. Trump se había manifestado este martes “preparado” para retomar la guerra si el plazo concluía sin acuerdo y Teherán lo acusaba de “piratería”.
La tregua tenía previsto concluir inicialmente en la madrugada peninsular española. Aún a última hora del martes, el portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, aseguraba a la televisión estatal que aún no habían decidido si acudir o no a las conversaciones en Islamabad. Y el vicepresidente de EE UU, JD Vance, quien iba a haber volado al frente de la delegación de su país, pospuso sine die su viaje.
Con el centro de Islamabad bajo estricta vigilancia y un hotel de lujo desalojado para albergar unas conversaciones a las que nadie acudía, el ministro de Información, Attaullah Tarar, esperaba todavía “una respuesta formal” sobre la “crucial” participación de la parte iraní”. El subdirector de comunicaciones de la oficina presidencial de Irán echaba más leña al fuego al acusar a los enemigos de la nación iraní de exigir “inacción y rendición”.
Incertidumbre
En Washington, la jornada estuvo marcada por la incertidumbre. La capital estadounidense amaneció dando por hecho que Vance estaba a punto de salir o ya viajando hacia Islamabad. Después, se le vio llegando a la Casa Blanca para unas “reuniones de trabajo”, mientras trascendía que los planes de los otros dos negociadores estadounidenses, Jared Kushner y Steve Witkoff, yerno y amigo de Trump, habían cambiado. Ya no volarían de Miami a Europa para después dar el salto a Pakistán, sino que se dirigían a Washington, con idea, se dio por hecho, de verse con el presidente de Estados Unidos.
Un par de horas después, la Casa Blanca dejó el viaje de Vance en “suspenso” en vista de que Irán, según fuentes del Ejecutivo, no estaba atendiendo a las exigencias de Washington. Y Teherán ha avisado de que sus negociadores no despegarían hasta no estar seguros de que se encontrarían con él en Pakistán.

El presidente de EE UU concedió a primera hora una entrevista a la cadena televisiva CNBC en la que jugaba de nuevo a la confusión a la que se dedica con denuedo en los últimos días. Por un lado, veía más cerca que nunca “un gran acuerdo”, pero también señalaba que, de no llegar a buen puerto las conversaciones, Estados Unidos estaba listo para volver a hablar el lenguaje de las armas. Consideraba que Washington se encuentra en una posición de negociación fuerte y rechazaba extender el alto el fuego con Irán de dos semanas, que fijó el mismo el pasado 7 de abril y ha acabado prorrogando. “No quiero hacer eso. No tenemos tanto tiempo”, afirmaba Trump, preguntado sobre la posibilidad de ampliar la tregua.
Ni siquiera esa parte estaba demasiado clara. El presidente de Estados Unidos comunicó el ultimátum a las 18:32 (hora de Washington, seis más en la España peninsular), pero este martes se ha hecho evidente que ese no es el plazo que regirá. La televisión estatal iraní habló de la medianoche, hora de Londres (una más en España). Por si fuera poca la confusión, el ministro de información de Pakistán dio una nueva opción: las “4:50 PST”, empleando las siglas de la hora de la Costa Oeste de Estados Unidos, aunque estaba hablando de la de Pakistán (1:50 del miércoles en la España peninsular).
Escalada regional
La tensa espera ha tenido en vilo a Oriente Próximo. Abdelmalik al Huthi, el líder de los hutíes —el grupo rebelde yemení que se sumó al conflicto el 28 de marzo en apoyo de Irán, lanzando misiles puntuales contra Israel— dio por hecho este martes en un discurso televisado que habrá nuevos enfrentamientos. Al Huthi veía “posiblemente alta” la escalada en la región según se acercaba el fin del “frágil” alto el fuego, que definió como una pausa “dentro de un conflicto continuo con el enemigo”. “Nuestra dirección es la escalada si el enemigo escalada y regresa a la agresión”, advertía. Aunque no lo hizo en esta ocasión antes del alto el fuego, los hutíes tienen capacidad de intentar bloquear de nuevo las rutas marítimas del Mar Rojo, como durante la sangrienta invasión israelí de Gaza, iniciada en 2023.
Israel inició el presente conflicto, junto con EE UU, pero no participa directamente en las conversaciones y está acatando el alto el fuego. Ahora también en Líbano, forzado por Estados Unidos, después de que su exclusión inicial de la tregua dificultase aún más el avance de las conversaciones, ya tocadas por la guerra de bloqueos en el estrecho de Ormuz.
Este martes, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu (que se opone a la tregua y quiere retomar los ataques para dirigirlos masivamente contra infraestructuras civiles, como centrales eléctricas) ha empleado un discurso en Jerusalén con motivo del Día de los Soldados Caídos para reiterar su —criticada y sin base— comparación entre el Holocausto y las intenciones de Irán. Inició la guerra contra el régimen de Teherán el 28 de febrero, mano a mano con Washington, porque “planeaba otro Holocausto”, como el que los nazis y sus aliados cometieron —exterminando a cerca de seis millones de judíos hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Irán carece del armamento nuclear que Israel sí tiene (es el único país de Oriente Próximo y sin la cobertura del Tratado de No Proliferación), ni siquiera estaba enriqueciendo uranio en los meses previos y no venía amenazando con atacar Israel. Netanyahu ha asegurado, sin embargo, que estaba “conspirando” para destruir el país “con bombas nucleares y miles de misiles balísticos”.
“Si no hubiéramos actuado contra la amenaza existencial, si no hubiéramos actuado con determinación y valentía, los nombres de los lugares de muerte Natanz, Fordow e Isfahán podrían haberse sumado a los nombres de los campos de exterminio del Holocausto: Auschwitz, Majdanek y Treblinka”. Tanto el propio Netanyahu como el presidente de EE UU, Donald Trump, aseguraron tras la anterior guerra contra Irán, en junio de 2025, haber destruido o dañado esas centrales nucleares.
