El vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, ha llegado este martes a Budapest, la capital de Hungría, para apoyar a su aliado más fiel en Europa. El primer ministro ultraconservador húngaro, Viktor Orbán, se enfrenta el próximo domingo a sus elecciones más inciertas, con las encuestas en contra por primera vez en 16 años de mandato. La visita de Vance —la primera de un alto mandatario estadounidense en 35 años— se produce el mismo día en el que la agencia de noticias Bloomberg ha publicado la transcripción de una conversación poco favorecedora entre Orbán y Vladímir Putin el pasado octubre en la que el dirigente húngaro se ponía “al servicio” del presidente ruso.

El emisario de Donald Trump afirmó, antes de embarcar rumbo a Hungría para ver a su “buen amigo Viktor”, que hablarán de distintos asuntos relacionados con la relación entre Estados Unidos y Hungría. En Budapest le esperaban avenidas vestidas con las banderas húngara y estadounidense.

En una comparecencia conjunta tras un encuentro bilateral en el Monasterio Carmelina de Budapest, donde está la oficina de Orbán, Vance ha afirmado: “Quiero ayudar a Orbán todo lo que pueda mientras se enfrenta a estas elecciones”. Eso después de acusar a Bruselas de “la peor injerencia extranjera en unas elecciones” que dice haber visto. La Comisión Europea mantiene sin embargo un perfil bajo precisamente para que no le acusen de intentar influir en los comicios.

Vance, cuyo discurso contra la UE en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2025 todavía resuena, afirmó también que “los burócratas de Bruselas han intentado destruir la economía de Hungría”. “Han intentado reducir la independencia energética de Hungría. Han intentado encarecer los costes para los consumidores húngaros. Y lo han hecho todo porque odian a este tipo”, dijo.

La candidatura del nacionalpopulista húngaro para las elecciones del domingo cuenta con el apoyo simultáneo de Washington y Moscú, aunque el Kremlin, un aliado más tóxico, opera en la sombra. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, viajó a Budapest el pasado febrero y habló de una “edad de oro” de las relaciones entre Estados Unidos y Hungría. Orbán ha empleado este martes la misma expresión.

La agenda de ambos dirigentes incluye un mitin electoral en las instalaciones deportivas MTK de Budapest, bajo la forma de un “día de amistad húngara-estadounidense” entre ambos gobiernos. En Hungría no ha separación entre el partido en el poder, Fidesz, y el Estado, como queda en evidencia en este gran acto a cinco días de los comicios. Miles de personas, muchas trajeadas, hicieron cola para entrar y escuchar a los mandatarios.

En marzo, Hungría acogió de nuevo el foro ultraconservador republicano CPAC, que lleva varias sesiones celebradas en Budapest, y una reunión de Patriotas por Europa, uno de los grupos de extrema derecha del Parlamento Europeo. Líderes de la internacional ultra, como el israelí Benjamín Netanyahu, el argentino Javier Milei, la francesa Marine Le Pen o el español Santiago Abascal, han arropado a Orbán en persona o en vídeo.

El primer ministro húngaro tiene por primera vez un rival capaz de desalojarle del Gobierno en las elecciones. Péter Magyar, un disidente de su partido, Fidesz, le adelanta en los sondeos con una ventaja de entre seis y diez puntos de media. Los analistas dudan de que el viaje de Vance tenga algún impacto en las encuestas a estas alturas.

Magyar ha escrito en redes sociales, a propósito de la visita: “Ningún país extranjero puede interferir en las elecciones húngaras. Este es nuestro país. La historia de Hungría no se escribe en Washington, Moscú ni Bruselas, sino en las calles y plazas de Hungría”.

Trump y Orbán comparten admiración mutua e intercambian elogios en público. El presidente estadounidense ha enviado varios mensajes de apoyo por vídeo. Con Vance en visita oficial, se refuerza el objetivo que la Casa Blanca delineó en su Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre. Ante el declive civilizatorio de Europa, decía el documento, para la Administración republicana era prioritario apoyar movimientos y fuerzas nacionalistas en el Viejo Continente y así “cultivar la resistencia” dentro de la UE.

“Estoy a tu servicio”

Nadie tiene más acreditada esa posición que Orbán, el dirigente más veterano y problemático de los Veintisiete, que ha convertido el derecho de veto en una herramienta de presión y negociación, a menudo a favor del Kremlin y en contra de Kiev. En la conversación, del pasado octubre, que ha publicado este martes Bloomberg, en la que Orbán y Putin hablaban sobre la posible organización en Budapest de una cumbre entre Estados Unidos y Rusia para tratar sobre la guerra en Ucrania, Orbán se ofrecía a ayudar a Putin en estos términos: “En cualquier tema en el que pueda ayudarte, estoy a tu servicio”.

Que Vance haya adelantado que Ucrania formará parte de las conversaciones con Orbán no es buena noticia para el presidente ucranio, Volodímir Zelenski. Vance no es un gran fan de Zelenski, como se pudo ver en la ya célebre reunión en la Casa Blanca en febrero de 2025. Con la economía estancada y los servicios públicos en mal estado, el equipo de Orbán ha centrado la campaña en la política exterior, y, en concreto, en la amenaza que, según él, representa Ucrania, a quien le atribuye intenciones espurias como interferir en la campaña, querer “colonizar” el país y financiar a la oposición.

La tensión entre Hungría y Ucrania está en niveles inéditos. Zelenski no ha reabierto el oleoducto Druzhba, dañado por un ataque ruso en enero y que resulta vital para el suministro de petróleo a Hungría y Eslovaquia. En represalia, Orbán ha bloqueado el crédito de la UE de 90.000 millones de euros para Ucrania y le ha cortado el flujo de gas.

Pero, además, el equipo de Orbán agita el discurso de que Kiev puede intentar atacar la infraestructura energética húngara y ha desplegado al ejército para proteger instalaciones críticas. Este pasado fin de semana las autoridades serbias informaron de que habían encontrado explosivos en un gasoducto cercano a la frontera con Hungría. El Gobierno nacionalpopulista de Budapest señaló inmediatamente a Ucrania, una hipótesis que el ejército serbio descartó. Con todo, el episodio sirvió a Orbán para alimentar un día más su campaña electoral con imágenes de soldados, infraestructuras energéticas y él en primera línea.

Hungría afirma que se encuentra en estado de emergencia energética. Urge a levantar las sanciones al petróleo y gas ruso, por las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo. Pero elude pronunciarse acerca del conflicto iniciado contra Irán por sus dos “amigos”, Trump y Netanyahu.

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