Amenazas contundentes, por un lado; relatos alentadores de avances en las negociaciones, por otro. Estados Unidos e Irán mantienen el ambiguo libreto que ha guiado sus contactos desde la entrada en vigor del alto el fuego actual el 8 de abril. Este martes era el turno del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní de advertir de posibles represalias, después de los ataques del ejército estadounidense contra objetivos militares en el sur de Irán el lunes por la noche. Washington, por su parte, insistía en que el cierre de un preacuerdo es cuestión de días. Ambos tienen buen cuidado, en sus actos y declaraciones, de no llegar a un punto en el que se rompan las conversaciones de paz, que la Casa Blanca considera que ya se encuentran en la recta final.

Para estudiar los próximos pasos, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha convocado una reunión de su Gabinete para mañana miércoles. Todos los titulares de carteras deberán acudir, incluida la directora nacional de inteligencia, Tulsi Gabbard, ya de salida tras presentar su dimisión la semana pasada. La sesión finalmente se celebrará, ante el pronóstico de fuertes lluvias, en la Casa Blanca y no en Camp David, la residencia de vacaciones presidencial en las montañas de Maryland, el lugar elegido inicialmente.

Este martes, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní ha afirmado que se reserva el derecho “legítimo e inequívoco” de lanzar acciones punitivas contra Estados Unidos, después de que el ejército de ese país atacara el lunes objetivos militares en el sur de Irán. Casi inmediatamente después, fuentes de la Administración de Donald Trump anunciaron a la cadena conservadora Fox que esos ataques no representan el final del alto el fuego y que obedecen a razones de “legítima defensa”.

Sin dar tampoco la tregua por rota, en un comunicado divulgado por los medios estatales, la Guardia Revolucionaria iraní ha acusado a Washington de violarla. Un mensaje del líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, ha secundado horas después el tono retador de esa fuerza militar al advertir a Estados Unidos de que sus bases militares en Oriente Próximo ya no le servirán de “escudo” en una región que ya no será “su refugio”.

Mientras tanto, el secretario de Estado, Marco Rubio, aseguraba que las negociaciones continúan. Llevará, eso sí, “unos días” resolver las discrepancias del borrador inicial, según declaraba a bordo del avión que le trasladaba a Armenia tras participar en una reunión en Nueva Delhi de ministros de Exteriores del Quad, la asociación para asuntos de seguridad entre Australia, Japón, EE UU e India.

El ataque estadounidense y la respuesta iraní dejan claro lo frágil de la situación y el riesgo de descarrilamiento de unas negociaciones de las que se espera que establezcan un marco general de resolución de la guerra, incluso si la discusión sobre alguna de las cuestiones más espinosas del conflicto, como el programa nuclear iraní, se pospone a una negociación posterior que puede durar hasta 60 días. Así ha trascendido, al menos, del borrador que Irán y Estados Unidos están negociando.

El anuncio de ese entendimiento se ha ido retrasando después de que el propio Trump lo anunciara el fin de semana pasado como algo casi inminente.

El ataque estadounidense del lunes contra objetivos iraníes podría ahora retrasar la firma del memorando, dado que confirma la desconfianza que muestra el aparato de seguridad y militar iraní acerca de las intenciones reales de Washington de acabar con la guerra que la Casa Blanca lanzó el 28 de febrero mano a mano con Israel.

Así lo sugiere el comunicado de este martes de la Guardia Revolucionaria, el principal actor del aparato iraní de seguridad. Con el tono desafiante que caracteriza sus comunicaciones públicas, el texto del ejército paralelo iraní asegura que su fuerza aérea derribó un dron MQ-9 estadounidense y disparó el lunes por la noche contra un avión de combate de ese país.

Washington, por su parte, dice haber hundido dos lanchas de la Guardia Revolucionaria que intentaban colocar minas y golpeado sitios de lanzamiento de misiles cerca de la ciudad sureña de Bandar Abbas, en cuyas cercanías se encuentra la principal base naval de la Marina iraní.

Esas diferencias no son menores. Los flecos de ese pacto que se han conocido son las condiciones concretas para la reapertura del estrecho de Ormuz —Irán quiere obtener beneficios del tránsito marítimo, de una forma u otra, algo a lo que Washington se niega—, qué sanciones se levantarán, si es que se levantan, para que Teherán acceda a retirar su bloqueo de esa arteria marítima y cuál será el monto de los activos iraníes congelados en el extranjero que Irán podría recuperar, una cuestión que se considera en este momento el principal escollo para un acuerdo.

La agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní, ha asegurado que Teherán condiciona la firma del borrador a que se le permita acceder a 24.000 millones de dólares (más de 20.000 millones de euros) del total de entre 100.000 y 120.000 millones de dólares de fondos iraníes retenidos en el extranjero a causa de las sanciones.

Mensaje del líder

Al mismo tiempo que el ataque estadounidense y la amenaza de responder de la Guardia Revolucionaria elevan la tensión que rodea a un posible acuerdo, Irán ha divulgado este martes un nuevo mensaje de Jameneí. Como lleva sucediendo desde su nombramiento, el pasado 9 de marzo, tampoco en esta ocasión los iraníes han podido ver la imagen ni oír la voz de su líder supremo, si bien esta vez la lectura del mensaje ha corrido a cargo de un clérigo de su oficina y no de locutores de la televisión estatal.

Jameneí, en paradero desconocido desde el bombardeo que mató a su padre el primer día de la guerra, ha ofrecido ese discurso con motivo de un acontecimiento mayor para los musulmanes: el Eid al Adha o Fiesta del Sacrificio, la principal festividad religiosa del islam, que marca también el final del Hajj, la peregrinación a La Meca.

Con sus palabras en un momento tan trascedente para los fieles del islam, el líder supremo iraní ha dibujado lo que a sus ojos será un nuevo orden regional e incluso mundial, en el que la República Islámica asume un liderazgo. Con el tono triunfante de un país que se ve vencedor de una contienda que inició en inferioridad de condiciones, ha asegurado que sus vecinos del golfo Pérsico ya no servirán de “escudo” para Estados Unidos a través de las bases militares de Washington en la región. Su enemigo estadounidense tampoco tendrá de ahora en adelante “un refugio seguro” en Oriente Próximo, ha dicho.

Ese trasfondo es el mismo del comunicado de la Guardia Revolucionaria tras el ataque del lunes: roto ya durante la guerra el tabú de atacar a sus vecinos por albergar instalaciones militares de Estados Unidos, Irán se reserva el derecho a responder ante cualquier arremetida militar.

Aunque este tipo de discursos se dirige fundamentalmente a la población iraní, especialmente a la base de apoyo que la República Islámica conserva, el mensaje para el exterior es claro. Jameneí ha mencionado de forma implícita varias de las condiciones establecidas por su país para firmar el memorando de entendimiento con Washington, bajo la mediación de Pakistán, pero también de Qatar, sobre el que tiene la última palabra.

El líder supremo ha aludido, por ejemplo, a la victoria del “eje de la resistencia”, la red de milicias aliadas de Irán en la región, incluido en el Líbano. El borrador que se espera que Estados Unidos e Irán rubriquen establece un alto el fuego en toda la región —incluido en ese país árabe invadido por Israel donde opera la milicia chií Hezbolá—. Jameneí ha asegurado después que Irán y sus “fuerzas aliadas” han dado una lección a los estadounidenses y a la “entidad sionista” (Israel) y que Estados Unidos ha sufrido también “un duro golpe”.

El líder ha llamado a la unidad de la comunidad islámica (la Ummah) en el mundo “y a otros países” para que compartan “intereses comunes” que den forma a un nuevo orden mundial. De ahora en adelante, ha dicho, las frases “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel” —que se corean en todos los actos del régimen en Irán— serán lemas comunes “de la Ummah islámica y los pueblos oprimidos del mundo, especialmente la juventud”. Israel es, ha proseguido Jameneí, “un tumor canceroso peligroso y mortal para esta región”. “Sin duda debe ser erradicado y así será”.

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