El mapa geopolítico latinoamericano, en especial en el sur, se encuentra en un punto de inflexión. La penetración de una nueva derecha conservadora que tiene su norte en la política del presidente de los Estados Unidos Donald Trump colisiona frente a los intereses de la arquitectura comercial que Brasil tiene consolidada con China, con Xi Jinping a la cabeza.
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-¿Estamos presenciando una consolidación ideológica de la derecha o simplemente un voto castigo pendular impulsado por la crisis de seguridad y la inflación?
-Hay una combinación de ambos factores. Por un lado, el electorado está insatisfecho con las condiciones concretas en las que vive y expresa ese malestar mediante el voto castigo, optando por el cambio casi sin considerar el signo político.
Por otro lado, dentro de este movimiento pendular, ese cambio está siendo capitalizado por un nuevo tipo de “giro a la derecha”. Esta vez lo lidera una nueva derecha que, en ocasiones, desplaza a la derecha tradicional y se ubica en posiciones más extremas, con un discurso polarizante, agresivo y descalificador cuyos rasgos se repiten en distintos escenarios nacionales.

-¿Cómo afecta a la calidad democrática regional la importación de modelos de seguridad militarizados que suelen acompañar a esta nueva ola conservadora?
-El tema de la seguridad tiene varias aristas. A medida que los cánones del derecho y el orden internacional se debilitan, los Estados nacionales recurren al fortalecimiento de la fuerza militar para enfrentar las amenazas a la seguridad nacional que surgen a raíz de esta nueva “anarquía” internacional.
El aumento del gasto militar tiene, evidentemente, un costo en cuanto a la calidad democrática, pues en vez de asignar los recursos para asegurar derechos se benefician los sectores ligados a la industria militar. Por otro lado, tenemos el tema de la seguridad ciudadana.
La nueva derecha ha, efectivamente, capitalizado el tema de la inseguridad, causada tanto por la delincuencia común, como por el crimen organizado.
En el caso del crimen organizado, la propuesta de la nueva derecha es la militarización y la declaración de los grupos criminales como “terroristas”, habilitando así a los gobiernos a establecer nuevos tipos de cooperación con las fuerzas de seguridad de los Estados Unidos. Hay aspectos de esa cooperación que no son negativas, pero con ello aparecen serias amenazas a la soberanía de los países de la región.
Un factor que incide en la calidad democrática es que el hegemón norteamericano está demostrando estar dispuesto a favorecer actores políticos nacionales que concuerdan con ese constructo de la seguridad “antiterrorista”, e intentan descalificar a los que tienen una posición más “soberanista”. Debilitando así ciertas opciones políticas frente a otras, e influyendo así en las elecciones.
-Si la mayoría de la región busca una alianza estrecha con Washington y Brasil profundiza su relación con el eje BRICS/Beijing, ¿queda sepultada la integración regional (como el Mercosur) o se convertirá en un foro de permanente fricción?”
–No creo que la tirantez entre Washington y Brasil, y la existencia del BRICS tengan que “necesariamente” sepultar la integración regional, y, más específicamente, el Mercosur; este ha adquirido cierta resiliencia y se ha establecido una interdependencia que es difícil de desarmar.
Puede que pasen períodos en los que no haya avances, pero tampoco habría retrocesos. A pesar de todo, el Mercosur ha adquirido mayor relevancia con los nuevos acuerdos, como es el caso de la Unión Europea. La misma incertidumbre que reina actualmente en el comercio internacional hace que surjan nuevas oportunidades para el mercado sudamericano.

-¿Hasta qué punto EE.UU. puede ofrecer a América Latina una alternativa real de financiamiento e infraestructura que compita con la ruta china?
-Bueno, Estados Unidos, es un aportante mayoritario en los bancos de desarrollo, sea el BID o el Banco Mundial. Al mismo tiempo, tiene un peso determinante en el Fondo Monetario Internacional. Aparte, el mercado de capitales privado americano representa un potencial crediticio cuantioso.
Sin embargo, todo ello depende de la capacidad de endeudamiento de los países latinoamericanos y del interés que puedan tener inversores privados. Los chinos también han entrado a la región con servicios crediticios, y tienen sus propias condiciones. Si se empieza a politizar el financiamiento del desarrollo entramos en un terreno complicado, que les quita opciones a los países.
Si el BID se niega a financiar el metro de una ciudad porque se contrataría empresas chinas, o se les pide a los países que elijan un servicio portuario americano en detrimento de uno chino, se deterioran las chances de los gobiernos de escoger caminos de mayor costo-efectividad.

-¿Cómo gestionarán los gobiernos de derecha, como el paraguayo, la contradicción entre su discurso alineado con Washington y la dependencia estructural de sus exportaciones primarias (aunque trianguladas) hacia el mercado chino?
–Al Paraguay le favorecen las escalas. Las cantidades que son trianguladas no suscitan mucho interés, ni afectan intereses importantes. El mejor camino en este caso es el del bajo perfil. Ello, combinado con las expresiones de lealtad a Trump que ha hecho el presidente (Santiago) Peña, bastan para seguir con el mismo proceso.
Sí puede ser un problema un discurso demasiado anti-China. Últimamente, China ha puesto el énfasis en que el Paraguay se ponga del lado correcto de la historia.
Un mecanismo de presión podría ser cuestionar el origen de los productos que son exportados a China por los países que triangulan los bienes provenientes de Paraguay. Eso podría tener repercusiones negativas.
-En caso de fricciones comerciales globales (como guerras de aranceles), ¿Brasil queda protegido por su alianza con China o aislado en una región mayoritariamente pro-Washington?
-Vamos a ver qué pasa con las elecciones en Brasil ahora en octubre. Brasil no es el único país sudamericano que tiene una relación comercial con China. Nreo que el comercio con China en Sudamérica sea reversible. Ya ha rebasado el punto en que los gobiernos podían hacer o deshacer de acuerdo con sus postulados ideológicos.
Bolsonaro echó marcha atrás al darse cuenta del peso que tenía esa relación. Milei rechaza BRICS, pero no ha hecho nada muy dramático en términos de echar para atrás la relación con China. Lo mismo vale para Chile y Perú. Sí pueden verse afectados nuevos proyectos (nuevas tecnologías e insumos). El tema del litio, tierras y minerales raros es un punto clave. Hay que considerar también que China tiene una posición muy difícil en la región.
Ellos se mueven de manera muy cautelosa y saben medir la correlación de fuerzas a cada paso. En ese sentido, el hemisferio occidental es una zona en la que Estados Unidos tiene una influencia muy importante. China no tiene nada comparable al Comando Sur y sus capacidades operativas. Tiene que actuar de otro modo.
