Un cohete Falcon 9 despegará este jueves desde California con el primer satélite del proyecto Suncatcher, una iniciativa a largo plazo de la tecnológica Google para explorar cómo enviar al espacio centros de datos con una capacidad similar a los terrestres. Si todo va bien, el lanzamiento de producirá pasadas las ocho de la tarde, hora peninsular española.
Las grandes compañías tecnológicas aspiran a que el espacio sea un lugar privilegiado donde desplegar grandes servidores, en parte para escapar de los impactos sociales y ambientales que estas grandes infraestructuras generan en tierra.
Elon Musk, de SpaceX, Sam Altman, de OpenAI, Jeff Bezos, de Amazon, y Jensen Huang, de Nvidia, están de acuerdo en que el futuro está en llevar los servidores a la órbita terrestre, aunque hoy por hoy se trata de un objetivo aún lejano; y en ningún caso se replicará en el espacio lo que ya existe en la superficie terrestre.
Con el lanzamiento de este jueves, Google se convierte en la primera gran tecnológica en empezar un proyecto de este tipo. No es, sin embargo, la primera empresa que lleva al espacio servidores en miniatura para explorar la viabilidad del proyecto. Por ejemplo, la compañía Starcloud lanzó en noviembre de 2025 su primer satélite con una unidad de procesamiento gráfico (GPU) del gigante de los chips Nvidia, y tiene previsto un segundo en octubre.
La gran diferencia es que Google manda al espacio una tecnología propia compuesta por cuatro chips denominados unidades de procesamiento de tensor (TPU), el ladrillo básico en el que se sustenta toda su inteligencia artificial (IA). Este primer prototipo es equiparable en potencia a solo una de las miles de unidades de procesamiento que en la actualidad componen los grandes centros de datos.
El gran objetivo del lanzamiento de este jueves es entender si los chips de la compañía resisten las condiciones del espacio exterior sin fallar, especialmente si les azota una tormenta solar. Si todo va bien, la empresa planea lanzar otros dos artefactos similares al espacio en 2027 para comenzar a probar su sistema de comunicación.
La idea que persiguen las tecnológicas no es replicar estos enormes centros de datos en el espacio, lo que sería prácticamente inviable con la tecnología actual y además muy caro. En su lugar, se planea crear redes de cientos de satélites comunicados por láser, de forma que puedan hacer grandes tareas de computación, archivar datos de máximo secreto o ser una red de seguridad si se caen los servidores terrestres. En el mejor de los casos, esta capa de servidores espaciales sería un complemento a la de los terrestres, pero no un sustituto.
El proyecto plantea aún muchos retos tecnológicos difíciles de resolver, como los fallos en los chips causados por la radiación espacial, la rápida obsolescencia de los procesadores y, sobre todo, el coste de enviar una gran flotilla de satélites de IA al espacio.
Google considera que su proyecto de investigación puede llevar unos 15 años, que es lo que han tardado en desarrollar coches sin conductor, desde los inicios en 2009, al medio millón de pasajeros a la semana que tiene en la actualidad su filial Waymo.
Competidores espaciales
Uno de los grandes limitadores de este futuro es el coste de llevar cualquier cosa al espacio. En la actualidad, gracias a los cohetes reutilizables, dominados por SpaceX, es de unos 3.000 dólares por kilo. Para que los centros de datos espaciales sean rentables, habría que reducir ese corte hasta una décima parte. Es algo que Google no espera que ocurra hasta mediados de la próxima década.
El gran favorito para conseguir esa caída de precios radical es Elon Musk con el cohete más potente de la historia, el Starship. Si algún día consigue ir y volver al espacio sin fallos, y ser completamente reutilizable, podría bajar los precios hasta apenas 100 euros por kilo, según el magnate. Su principal empresa, SpaceX, sería la mayor beneficiaria, y también la mejor situada para desplegar servidores de IA, para la que aprovecharía parte de la tecnología ya existente de su red de satélites Starlink, cuyos dispositivos ya se comunican usando haces de luz láser.
El conglomerado empresarial de Musk ha pedido ya permiso para lanzar un millón de satélites para un “centro de datos en órbita” para el que no maneja fechas. La empresa Blue Origin de Jeff Bezos ha pedido licencia para una constelación de 51.600 satélites para su propio centro de datos espacial. Pero aún no han lanzado prototipos al espacio.
Este primer satélite de Google, creado en colaboración con la empresa espacial Planet Labs, tendrá una vida útil de un año. Seguirá una órbita en la que sus paneles mirarán siempre al Sol, clave para aproximar al máximo la energía disponible. Aún así, este primer artefacto solo generará una energía equivalente a la que usa un microondas. Los chips a bordo podrán realizar operaciones sencillas y comunicarse con la IA terrena de Google, Gemini, durante unos 15 minutos cada vez.
Una gran baza de los servidores espaciales es que no necesitarían las ingentes cantidades de agua que emplean en Tierra para refrigerarse, porque la temperatura media es de menos de 100 grados bajo cero. Pero el vacío hace que el calor generado por la computación no se disipe, lo que implica dotar a los satélites con sistemas adicionales para radiar el calor, y limita por ahora la capacidad de computación en órbita.
