La revuelta estudiantil que comenzó discretamente hace una semana con bloqueos en algunos institutos de la región de París se ha intensificado estos días y no sólo se ha extendido por todo el país, sino que ha derivado en episodios de violencia y enfrentamientos entre policías y manifestantes en las principales ciudades francesas, con más de un millar de detenidos en los últimos días. El Gobierno acusa al partido La Francia Insumisa (LFI), fundado por Jean‑Luc Mélenchon, de estar detrás de este movimiento, que se inició para denunciar la falta de medios en la educación y “ha derivado en violencias urbanas”.

Los servicios de inteligencia franceses “consideran que el movimiento de bloqueo de institutos es una maniobra organizada por LFI y sus satélites de ultraizquierda”, señaló el equipo del primer ministro francés, Sébastien Lecornu, que había convocado una célula de crisis este jueves ante el tono que está tomando la protesta. Lecornu pidió a los ministros que anulen sus desplazamientos para que las prefecturas (delegaciones de Gobierno) puedan concentrar sus medios en tratar de sofocar la situación.

Los bloqueos se iniciaron para denunciar la falta de medios y de personal, el recorte de las becas o la discriminación en algunos centros escolares en las zonas más apartadas. A estas reivindicaciones en las pancartas les han robado el protagonismo en las últimas horas las imágenes de incendios, quema de contenedores y mobiliario urbano y violentos enfrentamientos entre manifestantes y agentes en ciudades como Marsella, Nantes, Estrasburgo, Lille, Lyon o París, donde las protestas se iniciaron en los institutos de Seine Saint-Denis en la periferia de la capital. Algunos dirigentes de LFI, como Jean-Luc Mélenchon o el alcalde de Saint Denis, Bally Bagayoko, han animado a los estudiantes estos días a seguir con los bloqueos.

En Nantes se incendió la entrada de un instituto, que quedó totalmente calcinado, y en Marsella, la segunda ciudad de Francia, se prendió fuego a un camión de bomberos y se atacaron varios autobuses. La prefectura decidió interrumpir el transporte público para evitar más actos vandálicos y en Estrasburgo se restringió también para “limitar los movimientos de los manifestantes”. En la región de París hubo incidentes en más de 200 centros y decenas de facultades se unieron a los bloqueos. La escalada de violencia ha hecho “prácticamente imposible la continuidad del servicio público en algunos institutos, exponiendo al personal docente y a los alumnos a situaciones de peligro”, señaló el entorno del primer ministro.

Las protestas han pillado por sorpresa al Gobierno, a pesar de que se han ido extendiendo desde el pasado lunes, cuando ya hubo 164 detenidos. El martes fueron 440 y otros 625 el miércoles, según el Ministerio del Interior. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, convocó de urgencia a los prefectos en videoconferencia para adoptar medidas y pedir una “respuesta firme” a los alborotadores.

El ministro de Educación, Édouard Geffray, denunció actos de “violencia de una extrema gravedad. Ninguna reivindicación puede justificar este tipo de actos” y anunció que en los centros donde no pueda acoger a los alumnos de manera segura se seguirán las clases a distancia. El ministro recordó que “cada uno debe medir la responsabilidad de sus palabras y sus llamadas a la movilización”, en referencia a los líderes LFI.

Jean-Luc Mélenchon instó el miércoles a “la no violencia en los métodos de lucha” tras haber denunciado el día antes la violenta represión policial de las manifestaciones. El alcalde de Saint-Denis, el insumiso, Bally Bagayoko, acudió el lunes a uno de los centros bloqueados para apoyar a los estudiantes en sus “reivindicaciones legítimas”.

Además del Gobierno, el resto de los partidos han denunciado la instrumentalización del movimiento por parte de los insumisos. La candidata presidencial de Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen, acusó a Mélenchon de “tener una pesada responsabilidad en la situación que vive el país” al haber llamado a la insurrección. El presidente del partido, Jordan Bardella, quiere que La Francia Insumisa pague la cuenta de los desperfectos. Sólo en la región de París el coste de las degradaciones se eleva a un millón de euros, según la presidenta de la región, Valérie Pécresse.

La protesta estudiantil se produce en medio de un creciente malestar social, agravado en los últimos meses por el aumento de los precios de la energía y los recortes, a solo unos meses de las elecciones presidenciales en las que el partido de Marine Le Pen parte como favorito. El próximo 17 de octubre hay convocada una protesta contra los recortes y la subida de los precios. Este jueves por la mañana, mientras los manifestantes bloqueaban institutos y universidades, el Gobierno presentaba unos presupuestos para el año próximo que contemplan históricos recortes de 54.000 millones de euros.

source

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *