De la noche a la mañana, ha cambiado el clima en el Vaticano y el futuro se ha hecho más incierto. La noticia del tumor cancerígeno de León XIV ha causado desolación, solo 17 meses después de ser elegido, en mayo de 2025, y cuando se pensaba que con sus 71 años y su buena forma física había pontífice para largo. “Creíamos que teníamos Papa para 20 años y ahora ya no está claro, esto cambia todo en la Curia, todas las dinámicas”, confiesa un prelado.
Nadie se imaginaba que se iba a entrar ya en la fase de un pontífice enfermo o débil, como los últimos años de Juan Pablo II, casi todo el pontificado de Benedicto XVI o el final de Francisco. A la espera de que se conozca el alcance exacto de su enfermedad, y el tratamiento que requerirá, León XIV ya es una figura más frágil. “Ya está todo el mundo en modo provisional y de pronto los distintos grupos de poder ven que tiene que volver a organizarse, todo empieza a moverse”, señala la misma fuente.
Por ahora, la agenda del Papa está suspendida hasta el próximo martes, día 20, y ya está en el aire el ambicioso viaje a Uruguay, Argentina y Perú, previsto del 6 al 17 de noviembre. León XIV dio a entender el domingo, cuando anunció que iba a ser operado, que ese viaje seguía en pie, pero tras confirmarse que el tumor es maligno todo empieza a estar en discusión.
Ya se había calculado la intervención para dejar pasar al menos tres semanas, el tiempo aconsejado para poder coger un avión con seguridad tras una operación de pulmón. Pero ahora entran en juego otros factores, porque los resultados de los análisis del tumor no se conocerán hasta dentro de 10 o 14 días, y pueden indicar que Robert Prevost requiera quimioterapia o radioterapia.
Primeras dudas en Uruguay y Perú sobre el viaje
Ese será el momento decisivo, entre el 23 y el 27 de octubre, para comprender el escenario que se abre ahora y cómo puede cambiar el pontificado, pues un Papa sometido a tratamientos exigentes obligará a dosificar su trabajo y su visibilidad. Incluso en un caso extremo de falta de fuerzas puede volver a plantearse la cuestión de la dimisión, tras el precedente de Benedicto XVI, que renunció en febrero de 2013. En todo caso, dará más poder a su círculo de confianza, porque tendrá que delegar más en él.
De entrada, lo cierto es que el viaje a Latinoamérica, la cita más inminente, es un viaje muy intenso desde el punto de vista físico. Están programados un total de 14 vuelos, más de 40 discursos y entre las visitas previstas está la de Cuzco, en Perú, a más de 3.300 metros de altura y donde se pueden tener dificultades de respiración. Este miércoles Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, ha admitido por primera vez que “es posible que los médicos no le dejen venir ahora porque tenga que someterse a algún tratamiento, pero que pueda viajar más adelante”, según ha dicho a la cadena Telemundo. Horas más tarde, la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, reconoció que las fechas de la visita del Papa pueden cambiar y su recuperación “durará más de lo previsto”.
Desde luego, aunque la visita a Latinoamérica se acabe realizando, los viajes largos de momento se han terminado. Para el próximo año no había ninguno previsto, solo a Corea del Sur con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud, y con la situación actual quedará suspendido cualquier otro proyecto.

En realidad, cambia toda la concepción temporal del pontificado. En el Papa, que medita las cosas a muy largo plazo, y en quienes le rodean. León XIV es un pontífice que hasta ahora iba despacio, reflexionaba mucho antes de cada decisión porque tenía mucho tiempo por delante. Ahora, además, en función del próximo diagnóstico y el tratamiento a seguir, puede que tenga menos fuerzas y deba elegir sus batallas. Otras, simplemente las dejará para el siguiente.
Cada Papa ha contado históricamente con el cálculo de sus fuerzas para hacer lo que cree que tiene que hacer, con más o menos prisa: Juan XXIII fue elegido en 1958 con 76 años, ya mayor y de salud discreta, y se sabía que sería un pontificado corto, pero en poco más de cuatro años convocó el Concilio Vaticano II y transformó la Iglesia. Lo anunció a los tres meses de su mandato. Será interesante comprobar si la enfermedad cambia algo en la gestión de León XIV y experimenta una aceleración.
Es inevitable, también, que el Papa empiece a pensar en la sucesión, con nombramientos calculados y cambios en el organigrama, que hasta ahora procedían con parsimonia. Por ejemplo, ahora se ve bajo una nueva luz el movimiento que hizo el viernes: un poco por sorpresa, designó al cardenal filipino Luis Antonio Tagle, papable en el último cónclave, como nuevo decano del colegio de cardenales, una figura esencial en los días de la sede vacante. También nombró el sábado al vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, otra figura que no cesa tras la muerte de un Papa. Es el arzobispo franciscano italiano Vittorio Francesco Viola. Son dos decisiones que tomó antes de anunciar el domingo su inminente operación y que se comprenden mejor ahora.
La nueva situación también revelará cuál va a ser ahora la transparencia y la política de comunicación del Vaticano a la hora de informar sobre el estado de salud del Papa. Ha ido cambiando en los últimos años, porque hasta Juan Pablo II, el primero en ir a un hospital, el Policlínico Gemelli, era un tabú. Se quería preservar el aura casi sagrada de la figura del pontífice. Sin apenas información, de pronto los papas se morían. Capítulo aparte merece la repentina y controvertida muerte de Juan Pablo I en 1978 después de solo 33 días, tras la que se decidió no hacer autopsia y en la que hubo cambios de versión oficial. En 2025, en las últimas semanas de Francisco en el hospital ya se sucedieron partes diarios, si bien muy escuetos.
Esta vez, fue el propio Papa quien anunció su operación desde la ventana de San Pedro en el Ángelus, un gesto de franqueza y transparencia con escasos precedentes (Juan Pablo II hizo lo mismo en 1992 con uno de sus muchos ingresos en el Gemelli). Por otro lado, ha quedado en evidencia que en el Palacio Apostólico ya se sabía que el tumor era maligno antes de la intervención, tras unas pruebas previas, pero solo se anunció la noche del martes una vez concluida la operación. Entonces se soltó la bomba que ha cambiado todo. La decisión sobre el viaje a Latinoamérica será el próximo indicador de cuál es la situación.
